CUENTA ATRÁS PARA LA VOTACIÓN

Díaz apela al "orgullo" del PSOE para ganar, Sánchez se erige como la voz de la militancia

El cierre de campaña de los candidatos se ajusta como un guante al guion desplegado en las últimas semanas: no ha habido sorpresas ni ases en la manga. Todos esperan el desenlace de las urnas

Foto: Susana Díaz, paseando por Trujillo, en Cáceres, con varios simpatizantes socialistas, este 20 de mayo. (EFE)
Susana Díaz, paseando por Trujillo, en Cáceres, con varios simpatizantes socialistas, este 20 de mayo. (EFE)

Cierre y se acabó. Concluye una campaña interminable de primarias. Menos de 15 días de disputa oficial y meses y meses de sangría interna real, apasionada y desgarradora. Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López ponen punto final a una contienda insufrible que no concluye con las cartas marcadas, como en otras ocasiones. Aquí hay partido, hay incertidumbre, mucha, y una legión de dirigentes y militantes de a pie conteniendo el aliento por lo que pueda pasar en apenas 24 horas, cuando se conozca el resultado de las urnas, el sentido mayoritario del voto de los 187.949 afiliados llamados a elegir al nuevo secretario general del PSOE.

Todo está en un pañuelo. Pero quizá por eso los tres aspirantes prefirieron no arriesgar en la recta final y decidieron aquilatar sus mensajes, galvanizarlos en la mente de sus electores. Porque esta es una disputa interna, marcada por fuertes liderazgos y las formas de concebir el PSOE y la lucha electoral. Díaz, la reivindicación perenne del "orgullo" socialista para "levantar el PSOE y levantar España". Sánchez, la autoproclamación como el "candidato de la militancia" frente a los "notables" a los que hay que "dejar atrás". López, como el socialista templado, el único capaz de garantizar la cohesión de las filas y que no quiere pasar factura, solo "salvar" al PSOE del "suicidio colectivo".

El cierre de campaña de los tres púgiles sintetizaba, en buena medida, el estilo que ha marcado estas semanas de competición. La presidenta andaluza huía de los grandes escenarios —este viernes ya tuvo su baño de masas en su cuna, en Sevilla, y a menos de dos kilómetros de su principal rival— y se marchó a Extremadura, una tierra refugio, con su amigo Guillermo Fernández Vara. El presidente autonómico que antes habló sin tapujos de la abstención, el que más ha sacado la cara por ella a pesar de no encontrarse en su círculo de confianza, el barón con una personalidad más marcada, el que no atiende a pautas ni a previsiones, pero que considera que solo si ella gana el PSOE puede estar salvado. El guión oficial señala otra razón: Díaz eligió Extremadura para protagonizar "un acto simbólico muy importante", pues extremeños y andaluces comparten "el esfuerzo, el trabajo y la historia", según dijo ella misma.

La presidenta echa el telón en Extremadura, con su amigo Fernández Vara; Sánchez cierra en Madrid y López completa el círculo: regresa a Euskadi

Vara es uno de tantos dirigentes que aun no siendo susanista de pura cepa ha confluido en su candidatura. Por eso para Díaz era importante fijar esa imagen. Como la del viernes con Alfonso Guerra. Como la del 26 de marzo en Madrid, rodeada de todos los que han sido alguien en el PSOE, empezando por los dos expresidentes del Gobierno, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Si pierde, no solo pierde ella: pierde ese PSOE. Ese ha sido uno de los motores de su candidatura, el que explica su lema de campaña, '100% PSOE', el que justifica que muchos de sus partidarios, y ella misma, propalen el mensaje de que en estas primarias se juega el mismo "ser del partido".

"Echar raza"

"Os pido que nos levantemos y saquemos orgullo para que a partir del lunes levantemos el PSOE para levantar España", reiteró la baronesa andaluza ante el centenar de militantes que llenaban la sede de la agrupación local del PSOE de Trujillo, en Cáceres. "Tenemos que echar raza, orgullo y autoestima para unir al PSOE. Vamos a unirlo porque somos una familia que libremente hemos elegido para compartir la lucha por la igualdad y contra las injusticias", arengó. Díaz ha apelado constantemente a esa imagen de "PSOE ganador", a "recuperar la moral de la victoria", porque "a Mariano Rajoy le queda lo que tarde el PSOE en levantarse", porque "la derecha ya está en el descuento" y los socialistas han de celebrar que se reconvertirán en el partido "de las grandes mayorías".

La presidenta ha apelado constantemente a la imagen de un PSOE "ganador", por contraposición a las derrotas electorales y al balance de Sánchez

La presidenta de la Junta reverdece el recuerdo del PSOE de los tiempos pasados en los que encadenaba triunfos electorales en un momento en el que el pluripartidismo sigue fuerte y las encuestas distan de pintar un PSOE siquiera haciéndole sombra al PP o recuperando los porcentajes de apoyo de antaño. "Hay que mirar a los ojos a millones de ciudadanos para decirles que el PSOE sigue aquí", subrayó. La candidata no quiere que las bases olviden la serie de retrocesos electorales, la división propiciada por el madrileño, los "bandazos" y "vaivenes" que, rubrica, fueron castigados por los ciudadanos y que no han cesado.

Díaz apela al "orgullo" del PSOE para ganar, Sánchez se erige como la voz de la militancia

Sánchez cerró su viaje en Madrid. Su federación, la que ha pisado muy poco, paradójicamente, en estos meses, y en la que, si se sigue la pauta de los avales, puede perder. Pero aquello era más un fin de fiesta. Una alegría y una emoción desbordantes que no se veían ni siquiera cuando mitineaba como candidato para las generales. No tenía a grandes figuras a su lado: eran los de siempre, sus coordinadores de campaña (José Luis Ábalos y Adriana Lastra), sus diputados fieles, las exministras Cristina Narbona y Beatriz Corredor y, esta vez sí, Pepe Borrell, el hombre que venció al aparato en 1998. El exlíder ha sabido cabalgar a lomos de la ira de las bases con un discurso sencillo y un relato bien armado. Con fisuras y amoldado a las exigencias del guión, pero eficiente. Y su parroquia, buena parte de ella venida de otras partes de España —lo indicaban las banderas autonómicas y él mismo lo reconoció en el arranque de su discurso— lo celebra con furor, con entusiasmo. Gritos, aplausos, palmas, abucheos a Díaz y al PP para dar y tomar. La vehemencia y la pasión que contagian al orador, un Pedro Sánchez que empezó su caminata algo envarado y robótico y que, pese al tropezón del debate —eso dicen los expertos—, se ha tornado en una mayor desenvoltura, a medida que se afianzaban sus posibilidades de éxito, contra todo pronóstico.

El madrileño ha insistido en el dolor de la abstención, el "derrocamiento", la necesidad de "renovación" del PSOE frente a los "notables"

El exlíder sacó a pasear el dolor por la abstención a Rajoy, el "derrocamiento" del 1 de octubre, la vuelta a las esencias de la izquierda, las ansias de "renovación" del partido. Y por encima de todo, su mensaje de que él es el candidato "de la militancia" —como si los 60.231 que avalaron a Díaz no fueran afiliados de a pie en su inmensa mayoría, recuerdan los susanistas—, el que perseverará en hacer oír su voz. Arriba-abajo, élites frente a bases. Sobre esa dialéctica ha cimentado Sánchez su relato. Barones y popes, los "notables", frente a la infantería socialista.

Díaz apela al "orgullo" del PSOE para ganar, Sánchez se erige como la voz de la militancia

¿Involución democrática?

Por eso además la presentación del proyecto de la presidenta andaluza, rematado a toda prisa y presentado cuatro días antes de la votación, ha servido al madrileño de munición, para oponerlo a su proyecto "participado" —aunque rectificado en cuestión de tres meses— y para alertar de una teórica "involución democrática" en el PSOE, al acusarla de querer hurtar derechos consolidados de la militancia, como las primarias y las consultas, y persistir en su propósito de compaginar la Junta con las riendas de Ferraz. Nada era nuevo, pero su feligresía, unas 1.200 personas en el parque de Berlín de la capital (2.500 según la organización), le aclamó igual, como si fuera el mesías.

López grita que el PP no teme ni a Sánchez ni a Díaz, sino a un PSOE "unido" y con un proyecto "claro de izquierdas" y pide el "voto útil"

López completó su círculo. Arrancó su campaña hace cuatro meses en su localidad natal, Portugalete, y concluyó su recorrido este sábado en su tierra, primero en Bilbao y luego en Orio (Gipuzkoa). Su discurso es prácticamente el mismo, sin altibajos, sin estridencias. Apuntala sus expectativas en el hartazgo que puede provocar en las bases el choque total, y no para de alertar de que no está escrito que el PSOE no pueda "desaparecer" si la pelea interna persiste y las heridas no se cosen.

El exlendakari quiso comparecer de nuevo como el hombre de la paz, convencido de que solo un PSOE en orden y cohesionado puede comenzar a soñar con la remontada. "La derecha no teme" ni a Sánchez ni a Díaz, dijo, sino a un Partido Socialista "unido" y con un "proyecto claro de izquierdas", dijo ante el monumento La Puerta de los Honorables de Bilbao, dedicado al histórico socialista Ramón Rubial. "Mientras sigamos divididos y sin proyecto se irán a dormir muy tranquilos porque no habrá nadie que les plante cara", clamó. A Díaz la acusó de "voluntarismo vacío" al reiterar su consigna de un PSOE "ganador", y a Sánchez le fustigó por cambiar de criterio cada poco tiempo, "un ejercicio de contentar a no se sabe quién, pero sin ningún fundamento detrás". La solución no radica ni en la "izquierda edulcorada" que agacha la cabeza frente al PP, ni en una "izquierda artificial e impostada". Así que pidió "el voto útil para salvar al PSOE". El voto de los "militantes resistentes", dijo en Orio, que saben que se enfrentan a la "nueva misión" de rescatar a su partido de la ruina.

Díaz apela al "orgullo" del PSOE para ganar, Sánchez se erige como la voz de la militancia

López no es el que está llamado a ganar estas primarias. Es tercero y sabe que su objetivo es ampliar su espacio, funcionar a la perfección como un "ejército de interposición" entre dos bloques, como dicen los suyos. La pelea es a dos. Pedro Sánchez y Susana Díaz. Solo puede quedar uno. Las urnas dirán este 21 de mayo a quién salvan y a quién condenan.

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