orgullosa de dirigir el departamento

Chacón, la ministra que palió el pacifismo de Zapatero: del límite de los 3.000 a Afganistán

En el Congreso hizo amistades de todas las tendencias. Con la cartera de Defensa, logró ocuparse de la guerra de Afganistán, que no debía nombrarse para no perjudicar el pacifismo oficial del Gobierno

Foto: Carme Chacón, en su etapa como ministra de Defensa. (EFE)
Carme Chacón, en su etapa como ministra de Defensa. (EFE)

A las órdenes de su amigo José Luis Rodríguez Zapatero, siempre pendiente de los golpes de imagen, Carme Chacón aterrizó en el Ministerio de Defensa embarazada y con el mismo afán de llevarse bien con todo el mundo que había practicado en el Congreso. "A mí me daba igual, todos parecían muy preparados, pero me explicaron que había que hacer cambios porque tenían muchos por detrás pendientes de que corriera el escalafón", comentaba sobre su primera experiencia al afrontar los nombramientos de los jefes de Estado Mayor.

Chacón procedía de la vida parlamentaria, donde hizo amistades de todas las tendencias, pasó por ser cuasi nacionalista del PSC y acabó por ser la dirigente de su partido que más veces había gritado "Viva España", como le gustaba destacar sin ningún complejo y orgullosa de dirigir la política de Defensa del Gobierno de España.

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También en el arranque de su carrera como ministra al frente de la Fuerzas Armadas, la diputada por Barcelona, por entonces destacado vivero electoral de los socialistas, comunicaba a los periodistas catalanes menos avezados sus hallazgos: "No os imagináis lo que valen y lo preparados que están". Se refería a los militares.

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Zapatero dio su golpe de efecto al nombrar a una mujer embarazada ministra de Defensa y Chacón cumplió con todos sus papeles a un tiempo: el de subordinada fiel, el de titular de un departamento de Estado y el de madre. Pasó revista a las tropas en las misiones internacionales sin importarle la doble carga que llevaba, también la de la cardiopatía que disimulaba como podía en cada viaje, antes y después del parto.

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Además, criaba a su hijo recién nacido en el departamento asignado en la última planta del edificio del ministerio y hacía viajes a Afganistán o El Líbano que duraban entre 24 y 36 horas sin pasar la noche en hotel o base alguna. Dormía en el avión del grupo 45 asignado en cada caso para pasar el menor tiempo posible fuera de España, pero sin faltar a ninguna de sus obligaciones con las tropas. Incluso se empeñó e instauró la costumbre de que el ministro vaya personalmente a supervisar la repatriación de los muertos en las misiones.

Carme Chacón pasa revista durante el acto celebrado en el Cuartel General del Ejército en Madrid. (EFE)
Carme Chacón pasa revista durante el acto celebrado en el Cuartel General del Ejército en Madrid. (EFE)

Cuestiones de imagen aparte, Zapatero encomendó a Chacón la delicada misión de ocuparse de una guerra, la de Afganistán, de la que no se debía ni hablar por su nombre para no perjudicar el pacifismo oficial del Gobierno. Y la ministra tuvo que lidiar con el sinsentido como pudo. Primero enmendó la peculiar medida instaurada en tiempos de José Bono, según la cual no podría haber fuera de España más de 3.000 militares en las misiones en el exterior. El límite se había convertido en un problema para la seguridad de los contingentes, sobre todo del destacado en Afganistán.

Pasó revista a tropas en misiones internacionales sin importarle la doble carga que llevaba, también la de la cardiopatía que disimulaba como podía

A principios de 2009, Chacón logró que el límite al esfuerzo militar en el exterior se ampliara hasta los 7.700 soldados, de forma que, a partir de entonces, los refuerzos en el conflicto del país asiático pudieran multiplicarse para garantizar el éxito de las tropas españolas en la provincia asignada para su control.

Otro éxito de la ministra que redundó en la seguridad de las tropas fue su empeño en el relevo de los viejos BMR, los blindados medios de ruedas que eran un blanco fácil para los artefactos explosivos de los talibanes. Chacón consiguió que el Ejecutivo de Zapatero no escatimara medios para dotar a las Fuerzas Armadas de los nuevos vehículos específicos con protección antiminas, los Lince y los RG-31, que hicieron y hacen mucho más fáciles los desplazamientos de los convoyes y las patrullas en Afganistán o en la frontera entre El Líbano e Israel.

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El último presidente del Gobierno socialista logró que su ministra de Defensa eludiera la palabra 'guerra' cada vez que se sucedían los combates, las escaramuzas, las emboscadas, los ataques con granadas a las bases o los tiroteos en el país asiático. Incluso cuando había bajas mortales. Pero Chacón se ocupaba de la "misión humanitaria" y de "la operación para imponer la paz [terminología oficial del zapaterismo]" como si fuera una guerra y su obsesión por proteger a los militares más allá de los intereses de su jefe.

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