entran en campaña el lunes inaugurando las 'primarias' populares

Los 'delfines' de Herrera esperaron juntos su renuncia para pugnar por el poder de PPCyL

Silván y Mañueco se reunieron ayer tarde en Valladolid, esperaron a que Herrera anunciase su retiro de la baronía popular y dieron el paso para hacerse con la presidencia del PPCyL

Foto: De izquierda a derecha, Antonio Silván, Alfonso Fernández Mañueco y Juan Vicente Herrera, en una foto de archivo. (EFE)
De izquierda a derecha, Antonio Silván, Alfonso Fernández Mañueco y Juan Vicente Herrera, en una foto de archivo. (EFE)
La renuncia de Juan Vicente Herrera (Burgos, 1956) a presentarse a la reelección como presidente del Partido Popular de Castilla y León ha caído como una bomba en la región. Quien ha ocupado el poder en el partido, sin rivales, desde el año 2002 ha abierto con su decisión el camino para la renovación de los 'populares' que se disputarán, al menos, Antonio Silván (León, 1962) y Alfonso Fernández Mañueco (Salamanca, 1965). Paralelamente, Herrera ha prendido la mecha de una pugna por una baronía clave para Génova, dado que representa uno de los graneros de votos más sólidos con los que cuenta Mariano Rajoy y donde hoy el PP sigue manteniendo las riendas del Ejecutivo.

Silván (alcalde de León) y Mañueco (su homólogo en la ciudad de Salamanca) esperaban este momento desde hace años: de hecho, Herrera lleva amagando con marcharse desde, al menos, 2012, aunque la gota que derramó su vaso cayó la noche en la que perdió la mayoría absoluta en las Cortes de Valladolid por un solo escaño en las últimos comicios autonómicos. Era el principio del fin para Herrera.

Castilla y León va a sentar un precedente electoral interno. El 'choque' Silván-Mañueco inaugurará los procesos de 'primarias' en la formación de la gaviota y será, además, el primer duelo en las urnas con el nuevo procedimiento de doble vuelta instaurado por Génova.

Mañueco, Maillo, Casado y Herrera. (EFE)
Mañueco, Maillo, Casado y Herrera. (EFE)


En Castilla y León todos daban por descontado que si Silván daba el paso para presentar su candidatura al 'trono herreriano' también lo haría Mañueco; o viceversa. Las dos decisiones estaban más que maduradas pero se encontraban 'aparcadas' ante la incertidumbre acunada históricamente por 'Juanvi'.

A partir del lunes, ambos arrancarán sus respectivas campañas, que terminarán el próximo viernes y que culminarán con las votaciones del 17 de marzo, cuando los militantes están llamados a votar por uno u otro precandidato en una urna y, en otra, por los compromisarios que acudirán al Congreso de abril, donde se elevará a los altares al candidato definitivo.

Según la nueva reglamentación del PP, si uno de los precandidatos obtiene el 50% de los votos totales, saca al otro 15 puntos de diferencia y gana en cinco de las nueve provincias, será automáticamente candidato único, dejando en la cuneta al contrincante. Si no se dan estas circunstancias, habrá segunda vuelta, en la que los compromisarios escogerán con su sufragio al que será su máximo representante.

"Esperaron a que Herrera renunciase"

Fuentes 'populares' cuentan a El Confidencial que en la tarde de ayer ambos alcaldes "se trasladaron desde sus respectivas ciudades a Valladolid y hablaron con absoluta normalidad y de forma cordial. Aguardaron a que Herrera hiciese pública su decisión y luego dieron ellos el paso. El respeto hacia el aún presidente del partido ha sido escrupuloso".

Mañueco, -exconsejero de Presidencia y de Justicia e Interior y secretario general del PPCyL durante no pocos años y por tanto "estrecho colaborador" de Herrera- estaría bajo el paraguas de algunos despachos de Génova, donde dicen que cuenta con el apoyo del coordinador general Fernando Martínez-Maillo, expresidente de la diputación de Zamora, presidente del PP de esa provincia y hombre fuerte del inquilino de La Moncloa.

Herrera, Juan José Lucas y Silván. (EFE)
Herrera, Juan José Lucas y Silván. (EFE)

El alcalde salmantino y procurador en Cortes, siempre en círculos privados, ha manifestado desde hace tiempo su ansiedad por el hecho de que Herrera no levantase sus cartas antes. En estos últimos días, algunos pesos pesados del PP de CyL le animaban a dar el paso. Pero primaron la prudencia y el orden.

A su vez, Silván ha vivido una situación semejante. Aceptó ser candidato a la alcaldía de León para salvar la plaza de la quema en las últimas locales pero se mantuvo como diputado regional, imprescindible para poder dar el salto a la primera fila de la política local: quién no está en el ruedo de Valladolid, no existe.

En el último congreso nacional del PP Silván fue nombrado vocal, ocupando el puesto de la dimitida Rosa Valdeón, auténtica 'delfina' de Herrera descabalgada de la sucesión tras un incidente de tráfico. A nadie se le escapa que tras la designación en 'el gran PP' de Silván estaba el deseo personal y directo de Herrera, que ponía así al leonés en igualdad de oportunidades con Mañueco, que ocupa la presidencia del Comité de Garantías del partido.

El aparato, con Mañueco

Silván y Mañueco no van a tener problema alguno en conseguir los avales para redondear sus candidaturas, aunque según fuentes consultadas por este periódico "no van a hacer demostraciones de fuerza presentando uno más avales que el otro. No lo van a hacer así. El tiempo del que disponen es corto y no quieren, además, escenificar pulsos más allá del que ambos son precandidatos".

Con todo, Mañueco gozará del espaldarazo del aparato del partido en la comunidad autónoma y de resortes en Madrid, además de las estructuras de la formación en Salamanca y, posiblemente, también en Zamora.

La Junta y el herrerismo, con Silván

Silván, muy probablemente, será avalado por miembros del Ejecutivo de Herrera así como por piezas clave de la Junta. Además tendrá empuje clave desde León, una plaza que alberga uno de los paquetes de afiliados más importantes de toda la región (unos 12.000).

Este periódico ha podido saber que en los días previos a la presentación de las precandidaturas habría habido contacto entre ambos para tratar de evitar una división/fractura en el PP CyL presentando una única candidatura. Pero ni el de León ni el de Salamanca se habrían mostrado dispuestos a hacerse a un lado. Lógico: muchos años esperando para a la hora de la verdad, ceder el paso.

Mañueco y Silván. (EFE)
Mañueco y Silván. (EFE)


Los dos han sido leales a Herrera, por respeto o quién sabe si por miedo. El jueves militantes íntimos de uno y otro candidato reconocían no haber recibido mensaje alguno solicitando su aval. Ni Silván ni Mañueco estaban dispuestos a moverse sin saber a ciencia cierta que Herrera no se presentaría, porque fuentes del partido aseguran que "los habría barrido de calle".

Todo estaba atado y bien atado. Primero, Herrera daría a conocer en un comunicado que arrojaba la toalla que heredó del histórico Juan José Lucas; después, el propio PP haría públicas las precandidaturas de ambos alcaldes, que ya estaban cocinadas a falta de los 90 avales mínimos necesarios para ser válidas.

Silván y Mañueco van a escenificar estos días un clima de normalidad y 'paz política' que oculta sin embargo una guerra entre ambos que se ha ido larvando a lo largo de años de espera.

Por el camino se ha descolgado la hipotética candidatura de Pablo Casado, que ha movido sus piezas para tantear tierra en Castilla y León pero que parece nominado para ser el relevo de Esperanza Aguirre en el ayuntamiento de Madrid y con Cristina Cifuentes de tándem en la Comunidad Autónoma.

Feijóo, Herrera y Rajoy. (EFE)
Feijóo, Herrera y Rajoy. (EFE)

Herrera y su espejo

Herrera -capaz de pactar con el PSOE, Izquierda Unida, sindicatos y empresarios sin despeinarse- tendrá ahora que buscar una salida para cuando acabe su mandato como presidente regional, que ocupará, seguro, hasta el último día, aunque ya ha anunciado que no repetirá en 2019.

En el poder de Castilla y León desde 2001 vivirá ahora un impasse político. El de Burgos siempre ha sido un Pepito Grillo al que ha costado trabajo frenar desde Madrid. Plantó cara con los problemas de la minería, protestó por el cierre de Garoña, se enrocó en su idea de municipalismo protector que chocaba con Génova y con los planteamientos de Fernández-Maillo cuando éste último ocupaba la vicepresidencia de la Federación Española de Municipios y Provincias.

Estas fueron solo algunas de las piedras que Herrera sembró en el camino. El verdadero choque con Rajoy, dicen, fue otro. El gallego parecía no perdonarle el 'episodio del espejo', cuando en 2015 el burgalés le sugirió al presidente nacional que pensase si era el candidato más indicado para presentarse a las elecciones generales. Rajoy fue finalmente el candidato y Herrera quedó tocado.

La decisión de Herrera ha dado escalofríos en el PP y una proporcionado una bombona de oxígeno a la oposición, que entiende que cualquier rival que no sea el actual presidente siempre será más fácil de derrotar en las urnas.
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