la organización cifró en 8.000 los asistentes

Crónica del frío Vistalegre: el susto de Rita, sin Carmena ni Coca Colas, y la futura purga

Jornada lluviosa en Vistalegre, donde las bases reclamaron unidad y mostraron su temor ante posibles ajustes de cuentas tras el resultado de la asamblea. Cañamero y Monedero, aclamados

Foto: La entrada principal al Palacio de Vistalegre. (EFE)
La entrada principal al Palacio de Vistalegre. (EFE)

El día era frío, húmedo, lluvioso, y el ambiente que se respiraba en el vagón del suburbano madrileño camino de la estación de Vistalegre era extraño, un poco gélido, acorde con la jornada. Demasiado silencio, demasiada preocupación. "Si es que nos hemos tirado demasiado los trastos a la cabeza. Una pena", señalaba Julio, prejubilado, del círculo de Lucero (distrito La Latina). Otro hacía el amago de caldear el ambiente: "¡Sí se puede, sí se puede!". Pocas voces le secundaron. No, Vistalegre II no iba a ser como Vistalegre I. Las disputas públicas, las amenazas veladas, las salidas de tono, los artículos acusadores en los medios de comunicación, las entrevistas polémicas, las purgas internas, incluso las absurdas críticas al vestuario...

El clima de preguerra civil caló entre los simpatizantes, los inscritos, no se hablaba de otra cosa que del 'vistalegricidio'. En corros, pequeños grupos, amigos y conocidos, era el tema del día. "¿Cómo hemos llegado a esto? Van camino de romper Podemos. No nos lo merecemos", decía Cristina, enfermera. El tiempo no acompañaba, la lluvia y el frío incomodaron la espera para acceder a la plaza de toros, una espera tediosa que sirvió para que el debate se avivara. "A ver qué nos espera dentro. Hay que superar las diferencias. El proyecto es el mismo. Debemos estar unidos", bramaba Rafael, en el paro.

Las bases de Podemos querían unidad. Lo dejaron claro ya dentro, una y otra vez. Gritándolo. Repitiéndolo. Incluso en las camisetas que llevaban. "Las bases no se merecen el espectáculo de la cúpula. Unidad". La preocupación se dejó fuera y el ambiente se fue caldeando ya dentro. Y eso que Vistalegre es en febrero un palacio de hielo. Bufanda, guantes, abrigo y gorro no sobran. Lo de las gradas es para valientes, asientos que dejan el trasero como una tabla. Pero la gente es animosa, y "llena de esperanza", asegura Candela, de Podemos Canarias, los más animosos, con sus gorros tricolores con la bandera del archipiélago.

La organización habla de 9.000 asistentes, aunque se veían algunos huecos, importantes, en la platea junto al escenario, el lugar reservado para los cargos públicos de Podemos (aunque algunos optaron por estar en las gradas), donde las estrellas fueron el "jornalero" Diego Cañamero (como lo presentó Pablo Iglesias), el diputado que está siendo investigado por el Tribunal Supremo, y Andrés Bódalo, el concejal condenado por agredir a un edil socialista. La comidilla de la grada era intentar aclarar si la tan cacareada unidad se daba en la pista. "Se ven claramente los grupos diferenciados. Los 'errejoners' juntos y los pablistas por su lado. Se nota que el ambiente abajo no es el mismo que en Vistalegre I", deducía Diana, profesora de instituto. Sin olvidar a Juan Carlos Monedero, el irredento profesor, el más solicitado para las fotos. "Siempre está igual. Si es que no envejece", señalaba una seguidora-fan. "El truco está en comer poco", le contestaba una amiga.

Este simpatizante reclama unidad en su camiseta antes de entrar a Vistalegre
Este simpatizante reclama unidad en su camiseta antes de entrar a Vistalegre

También se comentaban las ausencias. La alcaldesa Manuela Carmena no acudió, pero no se la esperaba aunque estaba invitada. Tampoco se dejó ver el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo (otro de los invitados). A Alberto Garzón, no se le esperaba, aunque había dirigentes de IU. La más comentada fue la de Luis Alegre, uno de los fundadores de Podemos, que esta semana escribió un duro artículo en Eldiario.es acusando a la guardia pretoriana de Pablo Iglesias de querer destruir el partido. "¿Y Tania Sánchez? ¿Ha venido?", se preguntaban en la grada. Se la vio poco pero estuvo.

El comportamiento de los asistentes fue exquisito. Ningún incidente. El 'merchandising' funcionó a buen ritmo: bolsos, morados como tienen que ser, a ocho euros. Las chapas y los bolígrafos solo costaban un euro. Los pañuelos y los imanes, tres. Las camisetas, entre seis y ocho euros, y los gorros a cuatro. Había hasta agendas, por nueve euros. Y en las barras habilitadas para saciar el hambre y la sed boicot a Coca Cola, como tenía que ser. Solo había Pepsi. Iglesias ya recordó en su intervención al presentar su candidatura que entre sus compañeros de viaje estaba "una espartana" de Coca Cola, una de las trabajadoras afectadas por el ERE.

La verdad es que las asambleas ciudadanas de Podemos son difíciles de digerir. Aparte de los esperados discursos de los principales protagonistas, el de Íñigo Errejón menos aplaudido que el de Iglesias, y el vibrante alegato del líder anticapitalista Miguel Urbán (el más ovacionado), el resto de intervenciones presentando documentos y proyectos son bastante tediosas. A alguien de la organización se le ocurrió poner a un pianista en el escenario que empezaba a tocar melodías para avisar a los intervinientes que su tiempo acababa. El susto se lo llevó Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid y miembro destacado de la candidatura de Errejón. Su discurso fue interrumpido por Antonio, militante de base, que se subió al escenario dispuesto a hablar.

Pablo Iglesias intentando calmar a Antonio, el militante que se subió al escenario. (EFE)
Pablo Iglesias intentando calmar a Antonio, el militante que se subió al escenario. (EFE)

La seguridad lo bajó e Iglesias se lo llevó detrás del escenario. A los cinco minutos regresaron juntos y el líder lo sentó a su lado. Todo bajo control. La jornada acabó pasadas las siete de la tarde. Más de uno se había quedado petrificado en el gélido asiento. Sobre todo los más mayores. Y es que llamó la atención la cantidad de gente de mediana y avanzada edad presente en Vistalegre. "Los jóvenes que llenaban las gradas en Vistalegre I han sido sustituidos por sus padres, incluso por sus abuelos. Hay desencanto entre la gente joven. Hace falta unidad, y unidad, y menos peleas. Iglesias y Errejón se tienen que dar cuenta", afirma un cargo público de Podemos que reclama anonimato.

Este domingo se conocerán los resultados de las votaciones. Pablo será elegido secretario general. La duda es saber qué proyecto político ganará, el de Pablo o el de Íñigo. Las bases piden unidad y se marchaban a casa (muchos eran de fuera de Madrid) esperando que el mensaje hubiera calado y que los equipos se integren cuando pase todo, que no haya 'vendettas' y rencillas. La conversación en el viaje de regreso estaba servida. Hay miedo a las purgas. Como la que acaba de hacer Ramón Espinar (pablista) en la Asamblea de Madrid contra el equipo de José Manuel López (errejonista). Las bases no lo entenderían. "Nada de ajustes de cuentas, por favor", señala Julio, el prejubilado, que regresa a casa helado, cansado pero lleno de esperanza. "Sí se puede".

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