llamadas a la unidad en vistalegre II

Las bases de Podemos censuran a la cúpula y la participación no alcanza las expectativas

Las posibilidades de cerrar acuerdos entre ambos dirigentes, a partir del lunes, se disipan ante la evidencia de que ni han logrado pactar cómo anunciar los resultados este domingo

Foto: El secretario general, Pablo Iglesias (d), junto a los dirigentes del partido, Pablo Echenique (2d), Irene Montero (c), Rafael Mayoral (2i), e Íñigo Errejón (i). (EFE)
El secretario general, Pablo Iglesias (d), junto a los dirigentes del partido, Pablo Echenique (2d), Irene Montero (c), Rafael Mayoral (2i), e Íñigo Errejón (i). (EFE)

La participación en las votaciones de la asamblea de Podemos no ha cumplido las expectativas. De los 456.878 inscritos (268.000 considerados activos) han votado en este proceso de vital importancia para determinar el futuro de la formación 155.275 (sin análisis antifraude). Una cifra que no tiene parangón en la historia democrática española, pero que apenas supone un aumento de 5.000 votos con respecto a la consulta sobre la investidura de Pedro Sánchez en abril del pasado año, con 149.444 sufragios. En dicha consulta participó el 38% del censo total, frente al 34% que lo ha hecho en Vistalegre II.

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Los ocho días durante los que se han tenido abiertas las urnas telemáticas, el registro de 20.000 nuevos inscritos la semana previa al cierre del censo para la votación y, sobre todo, la centralidad que la dirección ha dado a Vistalegre II, convirtiéndolo en la cita más relevante en la breve pero intensa historia de Podemos, enmarcado en un duelo entre Iglesias y Errejón del que solo puede salir uno, no se corresponden con las cifras de participación. Varios dirigentes han reconocido que contaban, al menos, con superar los 200.000 votos, tras vaticinar durante los últimos días que se iban a "pulverizar todos los récords". Este análisis es vital para muchos miembros de la formación, pues podría dar pistas para presagiar hacia qué lado puede inclinarse la balanza finalmente.

Las bases de Podemos censuran a la cúpula y la participación no alcanza las expectativas

La dificultad para conocer el perfil del inscrito, ya que cualquiera que se registre con sus datos personales en la web del partido puede participar, impide vaticinar un resultado aproximado. Sin embargo, existen dos factores por los que el optimismo era anoche más palpable entre los pablistas que entre los errejonistas. El primero de estos factores es que una participación moderada, que no "pulverice récords", se vincula a una mayoría de votantes con perfil más de militante que de simpatizante o electorado. Este hecho beneficiaría a Pablo Iglesias, al dirigir su campaña precisamente a la militancia activista, próxima a un discurso radicalizado y un programa rupturista, mientras que Íñigo Errejón lo ha hecho al electorado de Podemos, con un perfil más moderado, al igual que su proyecto político.

El ambiente en el Palacio de Vistalegre, y esto sí lo remarcan abiertamente los pablistas, ratifica según un miembros del equipo del secretario general tanto su estrategia como su discurso y apuesta política. Cada sector tiene su relato respecto a quién fue el causante de la ruptura, pero la "unidad, unidad" que se convirtió en el grito de guerra del graderío durante toda la jornada de este sábado ha sido mejor incorporada por Iglesias a sus intervenciones durante el congreso que por su número dos. El público, con un perfil de militante clásico de izquierdas, "circulero" y activista, ha hecho notar más su apoyo con aplausos o vítores a las intervenciones en clave rupturista y mitinera, en línea con la recuperación de la esencia de Podemos, más radicalizada.

Pablo Iglesias ha dirigido su campaña, radicalizada, a la militancia más activa, mientras que Íñigo Errejón ha orientado su proyecto al electorado

Los cerca de 10.000 asistentes al congreso han demostrado su capacidad de "empoderamiento", un concepto fetiche en el surgimiento del partido de los círculos, censurando la incapacidad de sus líderes para llegar a un acuerdo previo que evitase la guerra fratricida. Miguel Urbán, el candidato anticapitalista, fue el primero que logró levantar al público de sus asientos al reivindicar esta máxima y afirmar que el enemigo no estaba dentro de la organización, sino fuera: las élites y el PP.

Tanto Iglesias como Errejón trataron de hacer suyas las repetidas llamadas a la unidad, aunque el segundo más tímidamente que el primero, al modificar menos el guion de su discurso para adaptarlo al ambiente de la plaza. Desde ambos sectores se anticipó también que la organización saldría reforzada y unida de este congreso. Unos discursos que, más allá del forzado abrazo entre Iglesias y Errejón delante de las cámaras de televisión, al inicio del congreso, contrastan con la actitud mantenida por ambos durante toda la jornada.

Las posibilidades de cerrar acuerdos entre ambos dirigentes, a partir del lunes, se disipan ante la evidencia de que no han logrado ni pactar cómo anunciar los resultados este domingo. El único acuerdo es quién ofrecerá los datos, que serán Pablo Echenique como representante del sector oficialista y Clara Serra por el errejonista. Más allá de este acuerdo, se han mantenido conversaciones durante todo el día sobre cómo será la foto que ponga el broche al congreso, sin lograr consensuar nada al respecto.

Pablo Iglesias intenta contener a un espontáneo que trató de subir al escenario  durante el discurso de Rita Maestre. (EFE)
Pablo Iglesias intenta contener a un espontáneo que trató de subir al escenario durante el discurso de Rita Maestre. (EFE)

En el aire está quién sale al escenario, si el equipo que reivindique el triunfo, todos los elegidos o solo una representación de cada sector. Se trata de una cuestión más mediática que política, pero sobre la que se lleva varios días discutiendo. Otro síntoma más del alejamiento entre sectores que dibuja una difícil convivencia interna de cara al futuro inmediato.

Se han mantenido conversaciones durante todo el día sobre cómo será la foto que ponga el broche al congreso, sin lograr consensuar nada al respecto

La escalada de las tensiones durante las últimas semanas han estado presentes en el ambiente. La propia forma de gestionar la interrupción de un espontáneo en el escenario, mientras intervenía Rita Maestre, ha sido motivo de reproches cruzados. Iglesias y Errejón no se han sentado juntos, no han conversado, ni siquiera intercambiado miradas, a pesar de estar sentados en la primera fila.

Tampoco han tratado de escenificar que las relaciones políticas y personales no estén rotas, puesto que han llegado y se han ido por separado, no han compartido camerino ni han comido juntos. Cada uno de los líderes ha estado rodeado de sus equipos, sin coincidir en ningún momento, ni delante ni detrás de las cámaras, a excepción del mencionado abrazo inicial.

Hoy comenzará a despejarse la incógnita sobre quién toma el control del partido tras la guerra civil de las últimas semanas. Tranquilidad entre el sector pablista, muchos nervios entre el errejonista y cabeza alta entre los anticapitalistas, quienes mejor lograron conectar con el público y que, de producirse un resultado ajustado entre las dos corrientes mayoritarias, podrían convertirse en la llave para la toma de decisiones del próximo consejo ciudadano estatal. La suerte está echada y ya solo puede quedar uno.

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