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México: ¿cómo son los violentos 'secuestros exprés'?

La sobrina de Villar fue asesinada la semana pasada, aunque su familia pagó el rescate a los delincuentes que la tenían cautiva

Foto: Soldados mexicanos hacen guardia en Michoacán. (Reuters)
Soldados mexicanos hacen guardia en Michoacán. (Reuters)

El cadáver de María Villar Galaz, sobrina de Ángel María Villar, fue hallado el jueves pasado —dos días después de su secuestro— "en un canal de aguas residuales, esposada en las manos, encadenada de los pies y con una bolsa en la cabeza", explicó a EFE el subprocurador de México, Germán García. Aunque la familia pagó su rescate, la asesinos la asfixiaron y abandonaron su cuerpo en la comunidad aislada de Mirasol, en el municipio de Santiago Tianquistenco. María, de 39 años, fue víctima de un 'secuestro exprés', un delito habitual en este país latinoamericano.

[El asesinato de la sobrina de Villar]

Lo último que se sabe de ella es que cogió un taxi cerca del centro comercial Patio Santa Fe con destino al barrio de Polanco, donde vivía con su marido y al que llamó para avisarle de que ya iba a casa. Sin embargo, una vez dentro del vehículo no se la volvió a ver. Según parece, el conductor la llevó a varios cajeros automáticos para que sacara todo el dinero posible con sus tarjetas de crédito y, posteriormente, se puso en contacto con su familia para que pagara un rescate. De nada sirvió acceder a sus demandas.

[Las últimas 48 horas de María Villar: cogió un taxi, llamó a su marido y fue secuestrada​]

Rápido y poco preparado

María Villar Galaz
María Villar Galaz

Mientras que el secuestro 'tradicional' está bien planificado, el 'exprés' no conlleva tanta preparación y en ocasiones los delincuentes ni siquiera saben quién es la víctima; basta con aparentar opulencia para convertirse en su objetivo. Este tipo de secuestro se originó en Colombia y México, aunque se ha extendido a otros países latinoamericanos como Brasil y Argentina. De hecho, en los últimos años ha llegado incluso a España, donde el pasado diciembre un constructor, César Zarceño, fue asaltado en el garaje de su casa de Oviedo junto a su mujer y no le liberaron hasta que reveló la clave de su caja fuerte.

[Perfil de María Villar Galaz]

Aunque resulta difícil definir qué es un 'secuestro exprés' dadas las diferencias que existen entre unos casos y otros, dos características tienden a repetirse en todos ellos: las cantidades de dinero que exigen los delincuentes son menores que en uno 'tradicional' y, además, se diferencian de los mismos por durar menos tiempo. De hecho, los secuestradores no siempre piden un rescate, ya que en ocasiones se conforman con que la víctima les entregue lo que tenga en su vivienda o con que saque dinero de un cajero, como ocurrió en un principio con María.

La violencia como estrategia

La menor duración de los mismos no implica que sean menos violentos. María "no tenía golpes en el cuerpo" y "no tenemos dato de que haya habido un ataque sexual", explicó Germán Garcia, pero otras víctimas de 'secuestros exprés' sí han sufrido torturas durante su cautiverio. Para hacerse con el botín en un tiempo récord, los delincuentes no muestran piedad y usan cualquier medio disponible para atemorizar a sus víctimas, incluida la violencia. Prueba de ella es el caso español anteriormente comentado, ya que el hombre sufrió una brutal paliza antes de ser liberado.

De todos modos, la peor violencia que se puede dar en un 'secuestro exprés' tiene lugar al final del mismo, cuando los delincuentes deciden si matan o no a la víctima. Los secuestradores aseguran en un principio que basta con pagar el rescate para liberar a la persona, pero no siempre cumplen su palabra. Por desgracia, el caso de María lo demuestra. "Lo más triste es que creíamos que se iba a solucionar fácilmente y no ha sido así", reconoció este martes el ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo.

Los secuestros en cifras

El número de secuestros en México es un dato difícil de obtener. Según fuentes oficiales, en 2015 se dieron 1.500 casos, pero un estudio realizado por el Instituo Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi) en 2014 asegura que se dan en torno a 100.000 al año. La diferencia se da en parte a la falta de confianza de los mexicanos en las instituciones, por lo que es habitual que no denuncien, tal y como explica un artículo de la BBC.

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