desde el primer año de carrera y durante cinco cursos

Alféreces de la Escuela Naval procesados por acoso a un compañero

El Tribunal Militar Territorial 41 acusa a cinco alumnos de último curso de insultar y amedrentar a otro alférez con el fin de aislarle y de que abandonara la escuela

Foto: Cadetes de la Armada en el buque 'Juan Sebastián Elcano'. (EFE)
Cadetes de la Armada en el buque 'Juan Sebastián Elcano'. (EFE)

Honor, valor, disciplina y lealtad. Son los principios que inspiran la Escuela Naval Militar y de los que presumen los que tienen el privilegio de haberse formado allí. Sin embargo, no todos los que ingresan en la instalación parecen tener claro cómo poner patas a estos. Es el caso de cinco alumnos de último curso de Infantería de Marina, alféreces, que no se han comportado precisamente como caballeros con alguno de sus compañeros.

Los cinco acaban de ser procesados por el Juzgado Togado Militar Territorial número 41. Están acusados de amenazar y acosar a un compañero. Según el instructor de la causa, los alumnos —todos ellos en quinto curso— llevan cinco años maltratando a otro estudiante. "Desde el primer curso de la carrera, han proferido un trato de desprecio y crítica hacia su compañero alférez D. F. M. H.", reza el auto de procesamiento, que detalla específicamente los insultos que han lanzado "de forma constante" a lo largo del tiempo contra el acosado.

'Monstruo', 'ígor' o 'perno' son algunos de los calificativos que, según el escrito judicial, articulaban los cinco 'oficiales' contra la víctima. El grupo de procesados había puesto a este alumno en la diana y continuamente atacaba su capacidad profesional con comentarios que trataban de despreciarle y arrinconarle, con el fin de que ningún otro compañero se pusiera de lado del afectado. La conducta, explica el Juzgado Togado Militar, era de "desconsideración y aislamiento" hacia el alférez alumno.

Alumnos de la Escuela Naval Militar de Marín durante una entrega de despachos. (EFE)
Alumnos de la Escuela Naval Militar de Marín durante una entrega de despachos. (EFE)

Tras pasar un primer año sufriendo los improperios de sus acosadores, comenzar el segundo curso en la Escuela Naval y comprobar que los cinco alumnos continúan agraviándole, el chico decide acudir al Gabinete de Psicología de la institución sin dar cuenta de ello a sus superiores. La razón de llevar su procesión por dentro y evitar hablar con sus mandos es que, como describe el Juzgado, el chico "en un principio no veía esos actos como un acoso por parte de sus compañeros, sino que pensaba que eran problemas que él tenía por ser torpe".

Ese era el argumento que utilizaba para justificar ante sí mismo lo que estaba pasando en esa primera etapa. Posteriormente, el chaval pensó que "tenía que aguantarse", que le habían colgado el sambenito y que no había nada que hacer más que resignarse. Así lo explica el Juzgado Militar en un auto que describe detalladamente el tipo de insultos que durante cinco largos años fue recibiendo el mismo alumno, quien aceptaba tristemente su condición de maltratado.

El objetivo de los comentarios despectivos, de las burlas y de las risas que proferían los procesados contra el chico era que este abandonara la Escuela Naval. Según el escrito judicial, las ofensas "no se centraban principalmente en aspectos físicos o personales" de la víctima, sino "en su aptitud para permanecer" en la Armada, "su capacidad para ser oficial del Cuerpo de Infantería de Marina, su equilibrio mental, su profesionalidad, etc.".

Buque de la Armada española 'Juan Sebastián Elcano'. (EFE)
Buque de la Armada española 'Juan Sebastián Elcano'. (EFE)

El aguante del alumno fue máximo, ya que estuvo cinco años soportando los insultos, según el mencionado auto. Llegó al límite de sus fuerzas en el último curso, cuando tuvo lugar un episodio que colmó el vaso de la paciencia de la víctima. En concreto, el pasado mayo, durante unas prácticas que los alumnos llevaron a cabo en el campo de maniobras de Chinchilla de Montearagón, el chico y sus presuntos acosadores tuvieron un enfrentamiento.

Los procesados amenazaron al chaval y este, harto de todo, se decidió a interponer una denuncia. Acudió al cuartel de la Guardia Civil de Cartagena (Murcia) y puso los hechos en conocimiento de la autoridad policial competente. El Juzgado Togado, de hecho, considera esas intimidaciones de los cinco que motivaron la demanda como "unas amenazas concretas de un mal creíble", que podía llegar a ser ejecutado. Por el momento, el Juzgado ha dejado en libertad provisional a los cinco alféreces, aunque aún tiene que volver a tomarles declaración.

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