antivacunas por 'principios' y por religión

Tres bebés muertos por tosferina desatan la presión para hacer obligatorias las vacunas

Los antivacunas aumentan, ya sea por una postura personal o por motivos religiosos: parte de la población musulmana no quiere por la presencia de material procedente del cerdo en ellas

Foto: Calendario de vacunación. (Corbis Images)
Calendario de vacunación. (Corbis Images)
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La muerte de dos bebés por tosferina en Málaga y Sevilla, ambos sin vacunar, que se suma a la de un tercero en Cuenca el mes pasado, y el ingreso en la UVI de un cuarto en Toledo han disparado las alarmas y han puesto el foco en la obligatoriedad de la vacunación. El calendario de vacunación infantil contempla la primera dosis de este fármaco a los dos meses -los bebés fallecieron antes de tener edad para poder recibirla-, por lo que se estudia ahora proteger a las madres para que pasen anticuerpos a sus hijos hasta que llegue este momento. 

De momento, y entre las primeras medidas, el Servicio Andaluz de Salud (SAS) incorporará la vacuna contra la tosferina en mujeres embarazadas a partir del próximo 1 de enero, protocolo que están empezando a aplicar otras comunidades pese al desabastecimiento en farmacias. La Fiscalía de Málaga ha abierto diligencias de investigación para determinar si hay indicios de delito en el caso del bebé de esta ciudad, ya que la madre intentó vacunarse contra esta enfermedad cuando estaba embarazada, pero no consiguió la vacuna.

Sobre la muerte de los bebés en Andalucía y Cuenca, la doctora Martínez Diz, experta en vacunación, explica que “la tosferina es grave en menores de dos meses, genera elevadas cifras de hospitalización y la letalidad de la enfermedad es del 79%. Es la enfermedad prevenible que más está emergiendo en los últimos años. La realidad es que han aumentado los casos con una incidencia de 120 casos por cada 100.000 nacidos. En España, se han producido 40 defunciones por esta enfermedad entre 2000 y 2013”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que las vacunas evitan cada año en el mundo “entre dos y tres millones de defunciones por difteria, tétanos, tosferina y sarampión”. En este sentido, la doctora es taxativa. “Si en las sociedades avanzadas no había casos de esos males, no era porque los patógenos hayan decidido retirarse, sino porque, al estar la mayoría de la población vacunada, se produce lo que se conoce como inmunidad de rebaño: el virus o bacteria no puede expandirse y contagiar a aquellos que, por razones médicas, no puedan vacunarse o tengan sus defensas bajas”. Por ello, la obligatoriedad, así como la vacunaciones de las embarazadas, vuelven a abrir el debate. 

El caso de los antivacunas de Cataluña

El caso que trajo a la actualidad la necesidad de vacunarse fue el de un niño de seis años que murió este verano de difteria. Hasta ese momento no se había registrado ningún caso de la enfermedad desde 1987. Ocurrió simplemente porque sus padres no habían querido vacunarle. El pequeño falleció después de pasar 25 días en la UCI del hospital Vall d’Hebron; ocho personas, siete de ellas menores, resultaron contagiadas, aunque ninguna desarrolló la enfermedad porque estaban vacunadas. “A los niños que no se vacunan se les expone a graves enfermedades prevenibles. Hay un equilibrio delicado entre el derecho de los padres a decidir y el derecho del niño a la salud. Hay que potenciar que desde la comunidad se vigile su salud desde una perspectiva no individual sino pública. La realidad es que la ley ampara la obligación solo cuando pone en grave riesgo la salud pública; si no, no”, matiza Martínez Diz.

La investigadora Martínez Diz, que ha realizado el único estudio sobre los antivacunas en España, es muy crítica con las posiciones tibias con respecto a las vacunas, ya que, según explica, las que se aplican tienen una seguridad y efectividad contrastadas. El debate sobre si vacunar o no es claramente un problema del primer mundo. En los países en desarrollo no se pueden permitir ese lujo; la duda no es si aplicar o no las inmunizaciones, sino cómo hacerlo al mayor número de personas posible para evitar muertes. Hasta la fecha, solo siete comunidades españolas, Cataluña, Asturias, Navarra, Valencia, País Vasco, Canarias y Extremadura, recomiendan la vacunación. Ahora, Andalucía se unirá a partir de 2016.

En su estudio, se distinguen tres tipos de colectivos antivacunas: los contrarios por motivos filosóficos y naturalistas; los que tienen dificultades en el acceso a las mismas, y los que las rechazan por convicciones religiosas. “Estos últimos, los musulmanes, aducen que pueden llevar material 'prohibido', en relación a la presencia de material genético de circovirus porcino que contienen algunas vacunas que están prohibidas por su religión, y por eso no se las inyectan”. El estudio de campo realizado por esta doctora se hizo "dentro del máster de Salud Pública de la escuela andaluza a personas que no se vacunan del barrio de El Albaicín. Allí tienen su propia mezquita, a las espaldas del centro de salud donde lo realizamos y donde reside una población árabe considerable”.

La doctora Silvia Martínez Diz en el Congreso de Vacunas. (A. de la Gama)
La doctora Silvia Martínez Diz en el Congreso de Vacunas. (A. de la Gama)

La investigadora precisa a este diario que “muchos son los que se meten en internet y leen sobre vacunas”, descubriendo que hace unos años la agencia estadounidense del medicamento publicaba que se habían detectado restos de ADN de cerdo en una vacuna contra el rotavirus empleada en niños. Aunque no existía ningún riesgo para la salud, recomendaba cambiar a otra vacuna del mismo tipo que se comercializó en España, también con material genético porcino pero que adolece de peligro. “En estas publicaciones científicas se basan algunos lideres religiosos musulmanes para aleccionar a la población a que no se vacunen por motivos religiosos”, alega la médica.

Riesgos dramáticos

A la vista de la efectividad de las vacunas y de lo que puede suponer rechazarlas, la investigadora Silvia Martínez explica que "puede que no transmitamos bien la información científica. Los antivacunas piensan que los científicos y los médicos estamos sesgados por la industria farmacéutica. Creen que las vacunas tienen componentes toxicos y, sobre todo, antinaturales, y que es mejor para el organismo inmunizarse de manera natural. No tienen conciencia de los riesgos que, en ocasiones y como hemos comprobado ahora, son dramáticos”.

El repunte de enfermedades poco habituales cuestiona el calendario de vacunación

En California, se acaba de aprobar una ley que prohíbe la escolarización de los niños que no estén vacunados. Para la investigadora, “en España debería ser igual. Que no se pudiera acceder a la enseñanza pública ni privada, a no ser que medien razones médicas para su no inmunización. Los no vacunados son un riesgo manifiesto que comprometen la salud de los demás”.

Ella está convencida de que, a veces, son los mismos padres los que tienen dudas al no ser obligatorias y, de esa manera, vulneran los derechos de sus propios hijos. “Nosotros, como médicos y sociedades científicas, las recomendamos siempre (las vacunas), pero corresponde a las administraciones públicas de cada comunidad autónoma crear los calendarios de vacunación sistemática, y a los legisladores crear las leyes para hacerlas o no obligatorias”, concluye la doctora.

 

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