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12-O: Rivera y Pedro Sánchez marcan los corrillos políticos y disparan las cábalas
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nadie echó en falta a Pablo Iglesias

12-O: Rivera y Pedro Sánchez marcan los corrillos políticos y disparan las cábalas

A las 12:00 empezaron a llegar los invitados, más que conscientes de la necesidad de arropar al jefe del Estado, según se puede colegir de los corrillos

Foto: El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando y el líder de los socialistas, Pedro Sánchez. (EFE)
El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando y el líder de los socialistas, Pedro Sánchez. (EFE)

La invitada menos deseada -la lluvia- no presentó el tarjetón digital que la Casa Real envió días pasados a los 1.500 invitados que tuvieron ocasión de hacer los honores al anfitrión, el rey Felipe VI. El mundo -Turquía, Siria, Irak, etc...- está al borde del abismo, mientras que en España se han encendido los pilotos rojos (Cataluña) y, por lo tanto, la gente hispana se cobija bajo los valores que considera seguros y relativamente fiables.

A las 12:00 empezaron a llegar los invitados, que eran más que conscientes de la necesidad de arropar al jefe del Estado, según se pudo colegir de los corrillos. El Rey había dejado caer a los principales líderes políticos -léase Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, porque Rivera no tiene jefes en ayuntamientos, diputaciones ni comunidades autónomas- que sería de su agrado que todos sus presidentes y jefes varios estuvieran en tan magna ocasión porque las cosas no están precisamente para bromas.

Ya con ocasión de la parada militar, la jefa socialista más españolista, Susana Díaz, calentaba la oreja del gallego Alberto Núñez Feijóo. También estaba Fernando Clavijo, el canario cuyo padre fue terrorista independentista. Pero los tiempos cambian y abrazar la democracia institucional tiene un mérito. Manuela Carmena buscaba el arropo de los más simpáticos de los ministros. Luego, en Palacio estuvo conversando con Juanes, que fue su colega durante tantos años.

El ego del muchacho "coleta morada"

En realidad y bien mirado, en el inmenso caserón de la Plaza de Oriente se reunieron la vieja Castilla y la Corona de Aragón (menos Cataluña). ¡Casi 600 años después! En principio, nadie echó en falta a Pablo Iglesias, salvo los comentarios -fundamentalmente entre plumillas- a propósito del ego incandescente que consume al muchacho de “coleta morada”.

Como defendió su ausencia escudándose en la “justicia social”, ¿significa que los viejos y lengadarios leones comunistas como Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri 'Pasionaria', Simón Sánchez-Montero, Nicolás Sartorius, Marcelino Camacho y tantos socialistas que se dejaron la piel por la causa y nunca despreciaron una invitación real no se ocuparon de los pobres y desfavorecidos?

El Rey, al timón

Cualquiera que siga la trayectoria del rey Felipe VI sabe que no se despeina nunca. Amabilidad, discreción y sentido del humor. El secretario de la Casa, Jaime Alfonsín, y su segundo, Jordi Gutiérrez, no pierden comba del jefe. Siempre al quite. La Reina gana enteros en un mundo siempre tan avieso y desconcertante. Da la impresión de que vienen aprendidos. ¡Muy aprendidos!

Don Felipe siempre es la estrella de… altura. Mi colega y gran director de Europa Press, Javier Garcia Vila, le preguntó -casi en la misma dirección que Antonio Jiménez- sobre el “quilombo” catalán. El jefe del Estado dijo varias cosas interesantes al respecto pero nada que se pueda reproducir por venir en un acto como este, pero sí que se condujo dentro de su rol institucional y constitucional. ¡Faltaría más! Pero obviar la gran actividad desarrollada por Pedro Sánchez -con un sentido del humor encomiable- sería dejar coja una crónica a caballo entre la vanidad y la alta política.

Rivera se acercó a saludar al monarca y en presencia de todos dibujaron la mejor España posible. Era solo un desiderátum. Fui el tercer presente, es decir, testigo de una conversación mantenida a dos en tono amigable y distendida por el líder socialista y la incombustible jefa del PP madrileño, Esperanza Aguirre, a la que se unió luego el director de este periódico. ¡Sabrosa conversación! Me temo que Antonio Miguel Carmona tendrá que esperar todavía para ser alcalde. Me pareció, vamos.

Los ministros más visibles fueron Ana Pastor, Isabel Garcia-Tejerina, Rafael Catalá y el emergente educativo Íñigo Méndez de Vigo, que sabe de carrerilla el himno 'La muerte no es el final'. Milicia obliga.

Definitivamente, estas fueron las preguntas sembradas en el aire palaciego de un modesto y frugal cóctel servido a cuenta del contribuyente.

1.- ¿Quién oficiará como primer ministro el 12-O de 2016?

2.- ¿A quién apoyará Albert Rivera tras el 20-D?

3.- ¿Por dónde vendrá la solución al problema catalán?

4.- ¿Sacará finalmente Mariano Rajoy el 35% de los votos emitidos, que serían más que suficientes para permanecer en el poder?

5.- ¿Será capaz Pedro Sánchez -llegado el caso- de abrazarse a Pablo Iglesias para ocupar el manoseado sillón del actual inquilino de La Moncloa?

No puede certificar el cronista que no se notara un estrés de inquietud, incertidumbre e incluso miedo.

Solo el tiempo lo dirá.

La invitada menos deseada -la lluvia- no presentó el tarjetón digital que la Casa Real envió días pasados a los 1.500 invitados que tuvieron ocasión de hacer los honores al anfitrión, el rey Felipe VI. El mundo -Turquía, Siria, Irak, etc...- está al borde del abismo, mientras que en España se han encendido los pilotos rojos (Cataluña) y, por lo tanto, la gente hispana se cobija bajo los valores que considera seguros y relativamente fiables.

Rey Felipe VI Pedro Sánchez
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