jailadi de boise

El kalimotxo conquista Idaho: la historia de los pastores vascos que viajaron a EEUU

Desde 1987, al otro lado del charco se tocan 'txistus', desfilan gigantes y cabezudos y se ondean ikurriñas. Todo un despliegue para homenajear a inmigrantes españoles

Foto: Un hombre, frente al centro vasco de Boise, en Idaho (Flickr/Gazteaukera)
Un hombre, frente al centro vasco de Boise, en Idaho (Flickr/Gazteaukera)

Se llama Jaialdi de Boise-Idaho y es uno de los mayores eventos de cultura vasca fuera de España. Cada cinco años, el último fin de semana de julio traslada las ikurriñas a esta pequeña ciudad estadounidense para llenar sus calles de tradiciones y frases en euskera. Celebrado por primera vez en 1987, desde entonces se ha convertido en un festejo que no puede faltar entre los clásicos de la localidad, e incluso el lehendakari Iñigo Urkullu ha acudido este año a participar en él cruzando el charco.

El jefe del Ejecutivo vasco compartió con los lugareños actuaciones musicales, exhibiciones de baile, campeonatos de pelota y exposiciones sobre la historia vasca. Además, Urkullu mantuvo reuniones con el Gobernador de Idaho –Butch Otter–, con el alcalde de Boise –David Bieter– y con más de 20 empresarios norteamericanos. En su viaje a Estados Unidos, el lehendakari aprovechó para “reforzar la relación entre la diáspora vasca y Euskadi”.

De esta forma, Urkullu hacía un guiño a los vascos que se instalaron en Idaho durante el siglo XIX, la mayor parte procedentes de pueblos de Vizcaya. Estos emigrantes, conocedores de la buena fortuna que habían corrido sus compatriotas en Argentina y otros países sudamericanos, decidieron poner rumbo a la frontera de Estados Unidos para labrarse un futuro mejor que el que por entonces tenían en España.

La suerte sonrió a estos vascos y pronto encontraron un trabajo en tierras extranjeras. Ser pastor en Idaho requería una capacidad física especial –el ganado pastaba por la alta montaña durante toda la primavera y no descendía a cotas más bajas hasta otoño–, por lo que no todo el mundo estaba dispuesto a pasar la mayor parte del año fuera de su hogar. Sin embargo, los vascos habían dejado muchos kilómetros atrás a sus familias y no dudaban en aceptar un empleo que les permitiera ganar algo de dinero.

Ahora, más de un siglo después de todo aquello, Boise sigue honrando a los inmigrantes que llegaron a sus tierras en busca de un futuro mejor e incluso hay en la ciudad un museo vasco –cuya entrada cuesta cinco dólares–. La fiesta es tan famosa que medios de comunicación tan conocimos como The New York Times la han llevado a su portada –que puedes ver en la imagen que precede a este párrafo–. Los lugareños homenajean a sus antiguos pastores con un evento con nombre propio –Jaialdi, que en euskera podría traducirse como 'festival'–, donde este pueblo de tradición vaquera recibe cada lustro a sus visitantes cambiando el tradicional 'Welcome!' por un caluroso y afectuoso 'Ongi Etorri!'.

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