el viaje a ribadeo era "para desviar la atención"

Prostitutas, catedráticos, chinos... el mayordomo de Nicolás cuenta sus fiestas

El cocinero, jefe de seguridad y mayordomo de la casa de El Viso relata por primera vez quién pasaba por la casa y las confesiones que le hacía el presunto impostor

Foto: El joven Francisco Nicolás. (EFE)
El joven Francisco Nicolás. (EFE)

El procedimiento judicial en torno a la figura de Francisco Nicolás Gómez Iglesias no deja de sorprender cada vez que alguno de los que fueron testigos de sus andanzas abre la boca. Las declaraciones prestadas ante la Policía -en comisión judicial- por los conductores y escoltas del polémico joven han vuelto a revelar cómo se las gastaba el protagonista de la historia más rocambolesca de los últimos años.

En concreto, el que fuera conductor y mayordomo del Pequeño Nicolás, Joaquín G. I., desveló lo que el presunto impostor le dijo el 14 de agosto de 2014, justo después de la comida que compartieron el alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, el presidente de Alsa, Jorge Cosmen, y el joven imputado en municipio lucense.

En concreto, según el testigo, a la salida del restaurante, y una vez se había confirmado que Felipe VI no vendría, Francisco Nicolás le preguntó a Joaquín si se había dado cuenta de lo que había pasado. “Todo esto era para despistar”, le dijo Gómez Iglesias, quien añadió que el Rey tenía “una amante” y había que “distraer la atención” y “poner el foco en otro lugar”.

Así lo puso de manifiesto el testigo durante su declaración ante la Policía el pasado 3 de julio. Joaquín había sido contratado por Francisco Nicolás cinco meses antes del polémico viaje a Ribadeo para hacer tareas de escolta, chófer y mayordomo del chalet que gestionaba el joven en el exclusivo barrio madrileño de El Viso. El hoy acusado de estafa encontró a su asistente tras bucear un rato por la web milanuncios.com, contactó con él y le contrató por 2.500 euros al mes.

Nicolás confesó a su mayordomo que montó el viaje a Ribadeo para desviar la atención y hacer creer que Felipe VI estaba en Lugo en lugar de con su amante

Joaquín era el encargado de recibir a los invitados en la casa, ejercía como cocinero, era el jefe de seguridad y el responsable de mantenimiento de la finca, por lo que se pudo mover a su antojo por el recinto con toda libertad y mando en plaza. Según explicó a los investigadores, de hecho, por el chalé circulaban todo tipo de personalidades invitadas por Francisco Nicolás.

En concreto, el mayordomo habló del expresidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández; la empresaria Catalina Hoffman, dueña de los centros de día para mayores Vitalia y conocida por acompañar a Nicolás a la coronación de Felipe VI; el catedrático de Derecho Romano de la Universidad Complutense, F. R. B, “que siempre acudía en un Porsche”; “el dueño del Bingo de Torrelodones”; un chino que llevaba un BMW que pretendía conseguir una cita con el Rey para montar negocios relacionados con el juego; o un ciudadano árabe al que Joaquín aseguró haber visto un cheque de 50 millones de euros y que quería instalarse en España porque estaba amenazado en su país.

Además, según el responsable de seguridad y del servicio de la casa de El Viso, por la finca también acudían de vez en cuando los padres de Francisco Nicolás y una prima para organizar fiestas, además de los amigos del joven, entre los que se encontraban “el hijo de Emilio Aragón, el hijo del dueño de Font Vella, el hijo del dueño del BNP Paribas o el hijo del dueño de la bodega Marqués de Griñón”, entre otros.

“También acudía de vez en cuando Ángel Martín, propietario de la empresa que tenía ese chalet alquilado, Edhinor”, para “hablar de negocios con Francisco Nicolás”, relató el mayordomo, quien incluso llegó a decir en su declaración ante la Policía que se hizo cargo del pago a unas prostitutas que acudieron a la casa -a las que abonó 400 euros-, “a pesar de que los servicios eran para Nicolás y sus amigos”.

El mayordomo asegura que tuvo que pagar de su bolsillo 400 euros a las prostitutas “a pesar de que los servicios eran para Nicolás y sus amigos“

Joaquín negó haber visto por el chalé a personalidad alguna vinculada con el Gobierno o el CNI, aunque sí tarjetas identificativas para vehículos de los servicios secretos, un supuesto informe de Zarzuela sobre los protocolos de seguridad de la Casa del Rey que describía “cómo se hacían las vigilancias” y otros documentos.

El testigo admitió haber viajado en la comitiva de Ribadeo el 14 de agosto, en la que -según describió- participaron cuatro vehículos: un BMW 730 (conducido por José María S. R.), un Audi A8 (que conducía Antonio M. M. y transportaba al policía local Jorge Mendoza y a Francisco Nicolás), un Audi A6 (que llevaba a Óscar G. M. al volante y a otro policía local, compañero de Jorge) y un Citroën C5 (conducido por un varón rumano y por Sebastián R. V., que ejercía de escolta).

Según este último, que declaró el día anterior ante los mismos investigadores, el hombre que estaba a cargo de la seguridad del convoy era Jorge Mendoza, quien reunió a todos los miembros de la comitiva en una gasolinera de El Pardo antes de comenzar el viaje y dejó claro que era él el que estaba al mando. “Todos tenéis que hacerme caso y el que no quiera que se vaya”, dijo al tiempo que “abría su chaqueta para mostrar una pistola”.

Para Joaquín, Jorge era “un policía local jefe del dispositivo”. Sebastián le describe como un hombre de “1,66 metros de altura, pelo negro, con poco pelo, con tez morena, barba fina bien recortada y complexión delgada”. “Siempre era quien pagaba todo en efectivo, pues llevaba un gran fajo de billetes y le gustaba alardear de ello”, añade. Antonio, el conductor del Audi A8 -en el que viajaban Nicolás y Jorge- se limita a decir, en su declaración ante los investigadores designados por el Juzgado de Instrucción número 2 de Madrid, que Jorge era un “policía”.

Por la casa de El Viso pasaban los hijos de grandes empresarios como el dueño de Font Vella, del banco BNP Paribas, o de las bodegas Marqués de Griñón

Según Joaquín, antes de salir de Madrid, los cuatro coches fueron a recoger a Jorge, que trasportaba “una bolsa grande de color negro que contenía material de seguridad, pinganillos, walkies y lanzadestellos con sonido”. Antonio, sin embargo, refiere dos bolsas negras, aunque describe los mismos artículos en su interior e incluso alguno más que Joaquín: “sirenas, walkies, espejos para mirar los bajos del coche, detectores de metales, intercomunicadores de oreja (pinganillos)”.

Los tres testigos relatan distintos encuentros entre Nicolás y personalidades como el empresario Javier de la Rosa; el director de seguridad del club de golf Puerta de Hierro; el presidente de Alsa, Jorge Cosmen; un locutor de la cadena SER; un chino que quería hacer negocios; un árabe que pretendía invertir; un inspector jefe de la Policía Nacional “que llevaba el caso de la política del PP que asesinaron en León”, en referencia a la presidenta de la Diputación Isabel Carrasco.

Todos ellos han descrito también que Nicolás llevaba habitualmente documentación con membretes de la Casa del Rey, del CNI o de diferentes ministerios. Además, han dicho, con cierta frecuencia recibía llamadas de teléfono de gente que parecía tener altos cargos en la Administración General del Estado.

El pequeno Nicolas

En concreto, según el mayordomo Joaquín, en el mismo viaje a Ribadeo, Nicolás aseguró que le estaba llamando el Rey, comentario que escuchó también Antonio M. M. “Las llamadas de Casa Real eran habituales según decía Francisco Nicolás”, explicó Joaquín, quien también añadió que el joven fue telefoneado en ocasiones por el secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, y por “una tal Pico”, en referencia a María Pico, la jefa del gabinete de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

Por otro lado, José Alfonso M. M., el gerente de la compañía Black Cars Spain, a la que Nicolás alquilaba habitualmente vehículos con conductor, que también alquiló los coches con los que el joven hizo el viaje a Ribadeo, declaró ante la Policía el pasado 3 de julio que un servicio entre Madrid y la localidad lucense cuesta aproximadamente 800 euros por automóvil, pero que él solo le cobró dos automóviles. Según José Alfonso, lo hizo "por estrategia comercial", pues "pensaba que, por los contactos que tenía y las promesas que hacía, sería un buen cliente para la empresa".

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