tras las declaraciones sobre acercamiento de presos de ETA

Los hilos que conectan a Podemos con Bildu

La oposición de Pablo Iglesias a la dispersión de presos de ETA pone de nuevo el foco en la proximidad ideológica de su partido a la izquierda abertzale, alimentada por la ambigüedad calculada de Podemos

Foto: Pablo Iglesias, durante un mitin. (EFE)
Pablo Iglesias, durante un mitin. (EFE)

Las declaraciones de Pablo Iglesias a la publicación New Left Review denunciando el “problema político trágico” que a su juicio supone que 500 presos de ETA estén lejos de sus familias, adelantadas este lunes por El Confidencial, han vuelto a situar el foco de la opinión pública en los estrechos vínculos que Podemos mantiene con la galaxia asociativa de la izquierda abertzale. La mano derecha de Iglesias, Íñigo Errejón, avivó la polémica unas horas después al afirmar que “las familias [de presos de ETA] no tienen que pagar una pena adicional”.

Los seguidores de Podemos suelen desactivar el debate sobre esa controvertida conexión caricaturizándolo o convirtiendo a ETA en una quimera, pero esas relaciones siguen generando desconcierto en una sociedad que aún no ha digerido el resultado de cinco décadas de terrorismo y que tampoco está dispuesta a aceptar el relato de los verdugos.

En realidad, la simpatía de Podemos hacia la causa abertzale se remonta mucho más allá de que existiera el partido de los círculos. La mayoría de sus fundadores y actuales integrantes, empezando por su cúpula, son antiguos militantes de movimientos de extrema izquierda o izquierda radical, corrientes que en España han venerado tradicionalmente al entorno de ETA y a la propia banda terrorista como máxima representación de la lucha contra el orden capitalista y el esquema constitucional. Para Iglesias, Errejón y Juan Carlos Monedero, la violencia de ETA tiene más que ver con una respuesta legítima del pueblo vasco, desde la óptica marxista, a la supuesta opresión del Estado que a un simple ejercicio antidemocrático continuado de barbarie que se ha cobrado la vida de más de 800 víctimas.

No obstante, la posición de esos dirigentes varió cuando se erigieron en figuras públicas y Podemos se confirmó como alternativa. Ya como secretario general del partido, Iglesias condenó la actividad de ETA y reclamó a Bildu que hiciera lo mismo. Oficialmente, ese es el discurso de la formación.

Cadena humana entre Durango y Pamplona por el derecho a decidir, en junio de 2014. (EFE)
Cadena humana entre Durango y Pamplona por el derecho a decidir, en junio de 2014. (EFE)

El arrastre de Bildu

Sus inicios, en cambio, fueron distintos. Podemos no tardó en alinearse con Bildu en puntos clave de su estrategia. El 4 de junio de 2014, sólo dos semanas después de que la formación morada irrumpiera en el escenario político nacional con la obtención de cinco escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, su filial en el País Vasco, Ahal Dugu, emitió un comunicado para anunciar su apoyo a la vía vasca por el derecho a decidir que iba a celebrarse unos días más tarde, el 8 de junio. En apariencia, la cadena, un calco de la vía catalana de 2013, fue promovida por una plataforma independiente, Gure Esku Dago. Pero los servicios de información de la lucha antiterrorista sostienen que esa asociación es una marca blanca controlada por la izquierda abertzale para tratar de extender sus aspiraciones independentistas al mayor espectro político posible usando la misma fórmula de la Asamblea Nacional de Catalunya.

El 18 de junio, apenas 10 días después de la vía vasca, Ahal Dugu se sumó a una nueva iniciativa de la izquierda abertzale, una manifestación convocada por Bildu en Bilbao para protestar contra la Monarquía en pleno proceso de coronación de Felipe VI. “No a la monarquía, la ciudadanía decide”, tuvo por lema la marcha.

Estrategia de distanciamiento

Sin embargo, la dirección nacional de Podemos comenzó a marcar distancias con Bildu a partir de ese momento ante la convicción de que su propuesta tenía la fuerza necesaria para transitar su propio camino. Los candidatos oficialistas en las primarias que celebró el partido para elegir a sus candidatos municipales y autonómicos defendieron un modelo territorial alejado del de la izquierda abertzale, aunque la coincidencia era casi total en el plano social y económico. Casi todos lograron imponerse al resto de candidaturas presentadas en País Vasco y Navarra, con la relevante excepción de la presidencia de Navarra, donde se impuso Laura Pérez, que no contaba con el aval de la dirección, entre otros motivos por su proximidad ideológica al entorno asociativo de la banda terrorista.

Podemos ha facilitado tras las elecciones del 24-M el ascenso de Bildu a ayuntamientos de Navarra y País Vasco. El caso más paradigmático es el de Pamplona

El secretario general de Podemos en Euskadi, Roberto Uriarte, ha trazado una línea distinta. Ha sido duramente criticado en las últimas horas por sectores de la izquierda abertzale por desmarcarse de las concentraciones promovidas el pasado fin de semana por Gure Esku Dago para tratar de resucitar la estrategia independentista. La actual dirección de Podemos asegura abogar por proyectos más integradores y ha denunciado el escoramiento abertzale de la plataforma por el derecho a decidir.

Alianzas tras el 24-M

Con todo, Podemos ha facilitado tras las elecciones municipales del 24-M el ascenso de Bildu a ayuntamientos de Navarra y País Vasco. El caso más paradigmático es el de Pamplona, donde la marca apoyada por Podemos, Pamplona en Común, ha prestado sus tres concejales para que la formación abertzale pueda hacerse con la alcaldía de la ciudad por primera vez en su historia. Pero también hay otros casos, como los de Estella (Navarra) y Rentería (Guipúzcoa).

Las declaraciones de Iglesias y Errejón sobre la dispersión de los presos de ETA, apoyadas este martes por otra dirigente del partido, Carolina Bescansa, han vuelto a subrayar la proximidad de Podemos con el mundo de la organización terrorista. La ambigüedad calculada en la que se mueve el partido para ampliar su electorado objetivo sólo contribuye a alimentar la controversia. 

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