LA SEMANA EN LA QUE SE PRECIPITÓ TODO

Ideología, estrategia y ninguneo: las razones que precipitaron la dimisión de Monedero

El conflicto interno alcanzó un punto insostenible a principios de semana y el secretario general tuvo que decidirse por Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero, con ideologías y estrategias incompatibles

Foto: Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón. (EFE)
Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón. (EFE)

La velocidad con la que se han precipitado los acontecimientos en el seno de la formación liderada por Pablo Iglesias durante la última semana no ha dejado margen a la reacción ni ha permitido preparar una respuesta comunicativa para aminorar los efectos de la crisis identitaria en ciernes. Si el lunes la confrontación interna dividía a la cúpula por las diferencias sobre los contenidos del programa, con Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, por un lado, defendiendo unas medidas más centristas, y con Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero por otro, que se negaron a aceptar los primeros borradores por ni siquiera mantener la esencia socialdemócrata, el martes apenas había margen a la reconciliación. Monedero, el “verso suelto”, lanzó sus primeras amenazas en forma de advertencia: o se recuperaba la esencia fundacional o él no estaba dispuesto a seguir traicionando a sus principios.

Con motivo de la presentación de su libro de entrevistas con el periodista Ramón Lobo, Conversaciones con Juan Carlos Monedero (Tupial), el que era número tres de Podemos dejó intuir de forma pública su desencanto con el proyecto y resentimiento con Errejón, a quien responsabilizaba, sin nombrar, de la deriva ideológica de Podemos. “Tenemos que ser capaces de recuperar el frescor del 15-M”, decía veladamente, al tiempo que cerraba la puerta a convertirse en diputado de la formación, cuando precisamente en la extensa entrevista que recoge el libro en cuestión, su respuesta a esta posibilidad se zanjaba con un “ya veremos”.

La desmotivación de Juan Carlos Monedero venía de atrás, desde que se comenzó a elaborar el programa marco. Si el papel de los círculos en esta tarea se redujo meramente a lo consultivo, en el mejor de los casos, la capacidad de influencia en el texto del que era secretario de Programa tampoco fue mucho más allá. Un ninguneo a las funciones que se le habían otorgado en la organización que, junto a las diferencias ideológicas y estratégicas, precipitaron su dimisión.

Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. (Efe)
Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero. (Efe)

Ni proceso constituyente ni programa

El cofundador y más veterano de la cúpula del partido no solo era responsable de Programa, sino que como miembro del consejo de coordinación ocupaba la secretaría de Proceso Constituyente. Una de las tareas fundacionales de aquel proyecto político rupturista con el denominado “régimen del 78” que se presentó en sociedad el mes de enero de 2014 en el barrio de Lavapiés.

Monedero había sido uno de los primeros intelectuales en teorizar sobre la necesidad de poner en marcha un proceso constituyente, no sin antes “desmitificar la Transición” en sus numerosos ensayos y textos académicos. Quizá por ello, la secretaría creada a su imagen y semejanza era uno de los principales motivos por los que, aun no estando del todo de acuerdo con el rumbo del proyecto imprimido tras la asamblea de Vistalegre, se mantenía en sus órganos dirigentes.

Sin sorpresas para Monedero, pero contribuyendo a acelerar su renuncia, Errejón ofreció a la agencia Europa Press una entrevista que supuso una estocada más para el secretario de Proceso Constituyente: “No queremos revertir el régimen del 78”. Curiosamente, la entrevista fue monotemática, con la única intención, pues, de mandar un mensaje muy claro y con un único titular posible.

Íñigo Errejón, en un mitin de la campaña andaluza. (Efe)
Íñigo Errejón, en un mitin de la campaña andaluza. (Efe)

No es un adiós, sino un hasta luego

La cuestión pasó desapercibida de puertas hacia afuera, pero internamente contribuyó a alimentar un conflicto sacándolo fuera de la sede de la calle Princesa 2. Errejón decía ahora que defendía la necesidad de llevar a cabo "transformaciones estructurales" para superar la "crisis del régimen del 78", pero que ello "no equivale a una suerte de impugnación ni revisión de 30 años de pasado".

Más concretamente, añadía: “No significa revertir lo que existe sino la necesidad de abrir un proceso de transformación política y social. Eso para nosotros significa rescatar algunos de los legados de las generaciones de los que más orgullosos podíamos estar, como el blindaje de los servicios públicos o asegurar la posibilidad de la movilidad social”.

La situación alcanzó un punto insostenible y el secretario general tuvo que decidirse por Errejón o Monedero, con ideologías y estrategias incompatibles. Además, la confrontación discursiva acabó permeando lo personal y generando dos bandos contrapuestos. La cercanía de los comicios no le permitía a Iglesias la opción de deshacerse de su jefe de campaña, del cerebro electoral del partido, por lo que optó por la renuncia del número tres. Una dimisión que no es un adiós, sino un hasta luego. Si tras las elecciones no se asaltan los cielos, la convocatoria de un congreso general extraordinario se hace inminente y ahí estará esperando Monedero, y una amplia mayoría de las bases, para “recuperar el frescor del 15M”. Otra cosa es que, para entonces, la ventana de oportunidad siga abierta.

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