las tarjetas 'black' eran un asunto menor

El Gobierno conocía desde septiembre que la Agencia Tributaria tenía acorralado a Rato

De Guindos pudo precipitar la caída de Rato y Montoro no ha movido un dedo para aliviarle el escarnio. Rajoy decidió abandonarlo a su suerte antes de las tarjetas 'black': sabía que Hacienda lo tenía cercado

Foto: Rodrigo Rato, saliendo de su domicilio. (EFE)
Rodrigo Rato, saliendo de su domicilio. (EFE)

El Gobierno conocía los manejos de los entramados societarios de Rodrigo Rato para eludir a la Agencia Tributaria desde el pasado verano, semanas antes de que saltara el escándalo de las tarjetas opacas, según ha confirmado El Confidencial con fuentes del PP. Por entonces, la ruptura de relaciones entre el jefe del Ejecutivo y el exvicepresidente, que arrancó con la nacionalización de Bankia, se había ampliado con órdenes de prohibir cualquier contacto que pudiera parecer de ayuda. Luis de Guindos pudo precipitar su caída en 2012 y Cristóbal Montoro no ha movido un dedo para aliviarle el escarnio público, según dicen en los mismos medios. Pero los más críticos con la “pena de telediario” que sufre el exdirector del FMI señalan a Rajoy como responsable.

La Agencia Tributaria investiga a Rato desde hace más de un año y empezó a tirar del hilo por los cruces de datos con el ya famoso modelo 720 de declaración de bienes y derechos en el extranjero, según se ha sabido ahora. Para los principales dirigentes del PP, todos los ministros ajenos al área económica y los excolaboradores y subordinados del exvicepresidente, los primeros datos de la investigación del caso Rato fueron una sorpresa casi tan absoluta como el anuncio de la detención de su protagonista.

Entre sus antiguos compañeros de ministerio y grupo parlamentario comentan que nadie podía imaginar que “Rodrigo” se consagrara al alzamiento de bienes o el blanqueo de dinero. Tampoco, según insisten algunos de sus diputados amigos, acaban de creerse que fuera “tan torpe” como para no saber que si tenía patrimonio sin declarar fuera de España y lo regularizaba se acabaría sabiendo más pronto que tarde.

Ante la incredulidad, el desconcierto y en algún caso indignación con el hecho de que el Gobierno “permitiera” la dilapidación de un referente del PP como era Rato, los miembros del mismo con conocimiento de los datos tuvieron que dar explicaciones para aplacar los ánimos. Los mensajes desde el Ministerio de Hacienda a la dirección del grupo parlamentario y a los diputados que en su día hicieron carrera con el exvicepresidente fueron claros: el juez había procedido con independencia, tenía material de sobra para actuar y la magnitud del escándalo (“hay de todo”) recomendaba acotar cualquier muestra de solidaridad a lo puramente personal.

De Guindos, en el Congreso de los Diputados. (Efe)
De Guindos, en el Congreso de los Diputados. (Efe)

Montoro lleva por dentro la procesión

Según fuentes del PP, aunque el titular de Hacienda se muestra en público con toda frialdad al referirse a su antiguo jefe y pide que no le pregunten por sus sentimientos porque él está para que se cumpla la ley, en realidad “la procesión va por dentro”. A los excompañeros de Rato les tuvieron que hacer llegar algo más que la versión de Montoro en público. En septiembre pasado ya sabían en los ministerios afectados y en la Moncloa de los tejemanejes de Rato, y desde entonces se guardaba silencio en lo oficial mientras (Montoro al menos) digería su disgusto en lo personal.

Desde antes del verano en la Agencia Tributaria habían saltado todas las alarmas ante “la chapuza” de las maniobras del exvicepresidente para declarar sólo una parte de sus bienes y derechos y disimular operaciones posteriores para despistar al fisco.

Los receptores de los avisos o la información trasladada desde el Gobierno guardaron absoluto silencio, incluso antes de que se empezaran a conocer las acusaciones concretas de los movimientos de las sociedades de Rato y su empeño en no pagar impuestos, muchas de ellas negadas automáticamente por el exvicepresidente. Pero ni sus excolaboradores más cercanos han salido en su defensa.

Entre sus antiguos compañeros de ministerio y grupo parlamentario comentan que nadie podía imaginar que 'Rodrigo' se consagrara al alzamiento de bienes

El hecho de que en el Ejecutivo conocieran desde septiembre las operaciones de Rato explica ahora la reacción de Mariano Rajoy cuando saltó en octubre el escándalo de las tarjetas opacas: lavarse las manos desde el primer momento y dejarlo caer. Todo lo contario a las instrucciones transmitidas en la nacionalización de Bankia, cuando en julio de 2012 ordenó trato exquisito y que fuera arropado en su comparecencia en el Congreso, adonde acudió escoltado por la dirección del grupo parlamentario y el responsable del Gobierno para las relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón.

En la dirección del PP esperaban que Rato se diera de baja como militante nada más conocerse el caso de las tarjetas black, pero el exvicepresidente se retrasaba y nadie quería llamarle para decirle lo que se esperaba de él: que rompiera con el partido. Sólo cuando se le abrió expediente e iba a empezar la investigación interna solicitó su suspensión como afiliado. Rajoy sabía que el escándalo de las tarjetas era un asunto menor en términos penales comparado con lo que investigaba la Agencia Tributaria.

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