Tomás Gómez: la gran derrota del hombre que se creía invencible
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EL VIAJE AL ABISMO DEL ALCALDE MÁS VOTADO

Tomás Gómez: la gran derrota del hombre que se creía invencible

El ocaso de Tomás Gómez: de ser el alcalde más votado de España, y de vencer en unas primarias a la candidata de Zapatero, a la defenestración política

Foto: El hasta hoy secretario general del PSM, Tomás Gómez (EFE)
El hasta hoy secretario general del PSM, Tomás Gómez (EFE)

En octubre de 2010, el Partido Socialista de Madrid (PSM) celebró primarias para elegir al que debería ser su candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Un auténtico combate político en un socialismo regional ya de por sí muy tensionado. En uno de los rincones, al más puro estilo pugilístico, Trinidad Jiménez, apadrinada nada más y nada menos que por el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. En el otro rincón, Tomás Gómez, exalcalde de Parla y secretario general de los socialistas madrileños, respaldado por un puñado de ediles de peso.

Contra la opinión y los deseos del amo de Ferraz y dicen que también de Alfredo Pérez Rubalcaba (entonces ministro de Interior y más tarde secretario general del PSOE) la militancia dio el triunfo a Gómez, que iniciaba así un viaje con patines y sin freno hacia la derrota política, un amargo caramelo que aún no había probado. Porque él era uno de los grandes. Él venía de ser el alcalde más votado de España y tenía todos los ingredientes para convertirse en un gran líder: juventud (nació en 1968), buena presencia (cada vez más importante en estas cosas de la política) y un pasado aparentemente impoluto. Pero Gómez ya llevaba cargada a sus espaldas la pesada mochila del tranvía de Parla que le ha terminado arrastrando al abismo.

Contradicciones de la vida: el fracaso de Trini -aquella muchacha de la chupa de cuero que osó ser candidata al Ayuntamiento de Madrid y perdió- puso a Gómez a los pies de los caballos de la cuadriga de Esperanza Aguirre, su contrincante al Gobierno regional por el Partido Popular. La lideresa –que hoy aspira a sentarse en la gran butaca que Ana Botella dejará libre en Cibeles, si Mariano Rajoy lo permite– venció sin piedad a ese muchacho de Enschede (Países Bajos). Él se había autodenominado Invictus; pero Aguirre le hizo morder el polvo.

Pero Gómez no sólo cayó abatido por las urnas. También llevaba muescas de fuego amigo. Gómez se granjeó en esa etapa no pocos enemigos dentro de su propio partido, aquellos que como Rubalcaba le calificaban como "el hombre que había dicho que no a Zapatero" y que se negó a cederle el paso a Trinidad Jiménez.

Álbum: Pinche en la imagen para ver el descenso político de Gómez

Tomás Gómez se apoyaba entonces en pesos pesados del socialismo, como el exalcalde de Madrid, Juan Barranco, y el periodista Eduardo Sotillos. NI el uno ni el otro lograron que el barco del PSM de Gómez llegara indemne a puerto. Esperanza Aguirre era un hueso muy duro de roer; y Gómez no tenía dientes suficientes. Barranco decía adiós hace unos pocos días a la política. Puede que fuera una señal de lo que hoy está ocurriendo: un terremoto en los cimientos de Callao, sede del PSM, donde Tomás Gómez se ha encastillado negándose a arrojar la toalla.

En el PP nunca se ha visto a Tomás Gómez como un rival de peso. Puede que ni siquiera para echarle un pulso al actual presidente, Ignacio González. Desde Joaquín Leguina, en el PSOE de Madrid no ha vuelto a haber un líder claro, con el paréntesis de Rafael Simancas, al que un tamayazo cualquiera apartó de las mieles del poder.

La trayectoria de Tomás Gómez tiene ciertas similitudes con la del hombre que le ha cortado ahora la cabeza por lo sano, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE. Tomás Gómez ambicionaba ponerse a los mandos del partido (como Sánchez), tocó pelo gracias a unas primarias (como Sánchez), le precedía un pasado de trabajo sin ser un gran conocido por la opinión pública (como a Sánchez) y manejaba a la perfección sus bazas de la edad y la imagen (como Sánchez). Pero el final de ambos, hoy, es bien distinto: la carrera de Gómez ha sido segada por un tranvía mientras que la de Sánchez sigue... Al menos hasta que una conocida militante sevillana quiera.

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