Las grandes protestas de los últimos años coinciden con repuntes del coste de la vida
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¿qué enfada más a los españoles?

Las grandes protestas de los últimos años coinciden con repuntes del coste de la vida

Desde el comienzo de la crisis ha sido frecuente que los analistas atribuyeran las muestras de malestar de los ciudadanos únicamente a la alta tasa de paro

placeholder Foto: Manifestación frente al Congreso de los Diputados (EFE)
Manifestación frente al Congreso de los Diputados (EFE)

Durante los últimos años, ha sido frecuente que expertos y analistas atribuyeran las muestras de malestar de los ciudadanos únicamente a la alta tasa de paro. Algunos medios incluso se atrevieron a vaticinar explosiones sociales debido al incremento del desempleo. Sin embargo, a la hora de evaluar por qué sale la gente a la calle a manifestarse, el paro no parece ser el único elemento a tener en cuenta y en ocasiones ni siquiera está entre los más importantes.

Existen otros factores, como el incremento del coste de la vida (la inflación), que resultan determinantes para movilizar a la población. Las últimas manifestaciones multitudinarias que se han producido en Venezuela este año, por ejemplo, han tenido lugar con una tasa de paro ligeramente superior al 6%, un porcentaje que ya quisiera España. Sin embargo, la inflación es actualmente una de las más altas del mundo en el país presidido por Nicolás Maduro, sólo superada por Siria, donde por otro lado el término protesta social se queda corto para definir lo que está pasando.

Irán, Malawi, Sudán o Argentina son los países que acompañan a los dos anteriores en la lista de los más inflacionistas, según la clasificación elaborada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). España ocupa el puesto número 60 de este ranking que analiza el coste de la vida en 223 naciones.

Parece por lo tanto que la alta tasa de inflación resulta un factor a tener en cuenta como agitador de masas que el paro. No en vano las dos manifestaciones más numerosas que ha habido en los dos últimos años en España han coincidido precisamente con los últimos picos de inflación que ha experimentado el país. Tanto el 15-M, que tuvo lugar el 15 de mayo de 2011, como el primer Rodea el Congreso, que se produjo el 25 de septiembre de 2012, coincidieron con los dos repuntes de los precios de la cesta de la compra.

En concreto, en abril de 2011 se produjo el mayor repunte de inflación interanual de los últimos años, con un 3,8%; mientras en septiembre del año siguiente se alcanzó el segundo máximo, con un 3,4%. El nivel de paro era del 20,6% y del 24,4% en las mencionadas fechas, según los datos trimestrales de la Encuesta de Población Activa (EPA), lejos aún de las tasas que rozaron el 27% a comienzos de 2013.

Después de estas fechas críticas, hubo otros intentos de resucitar el 15M, como mayo de 2012, pero no fructificaron. Casualmente, en el conato fallido había menos inflación (el 2%) y más paro (24,4% EPA) que la primera vez. También se registraron tentativas de reactivar el Rodea el Congreso en 2013, un año después de la primera concentración. En concreto, hubo dos intentonas, antes y después de aquel verano, pero ninguna cuajó como la primera. De nuevo en los intentos fallidos había menos inflación (en torno al 2%) y más paro (26% EPA) que en la marcha original.

Desde septiembre de 2013, la inflación en España no supera el 0,5%. De hecho, lleva seismeses en negativo (deflación). En paralelo a este bajo Índice de Precios del Consumo (IPC), también han descendido el número de manifestaciones. En concreto, entre enero y julio de 2014 se han reducido un 40% las protestas ciudadanas en la Comunidad de Madrid y en toda España, aunque ya venían disminuyendo desde un año antes, justo cuando la cesta de la compra bajó del 0,5%.

El desempleo, sin duda, resulta un elemento clave para entender las protestas sociales. De hecho, es el contexto en el que ha vivido España en los últimos años. Pero definitivamente no es el único. La subida de golpe del coste de la vida, al final, desajusta los bolsillos y enfada a la gente. Aunque en este juego también cuentan los grados: una inflación desorbitada con poco paro puede provocar los mismos efectos en la calle que unos ligeros repuntes con un desempleo histórico. Esta última situación sería la de España.

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