LA RECONVERSIÓN ELECTORAL DE UN MOVIMIENTO

El año de Podemos: de planear el asalto a Izquierda Unida a mirar hacia la Moncloa

Nada podrá entenderse del ciclo electoral de 2015 sin profundizar que lo que fue Podemos, lo que quiere ser y lo que está dispuesto a hacer para conseguirlo

La formación liderada por Pablo Iglesias comenzó a gestarse mucho antes de su presentación oficial el 17 de enero en el Teatro del Barrio de Lavapiés. Sus promotores compartían pasiones y desgracias en el Departamento de Sociología y Ciencia Política III de la Universidad Complutense de Madrid desde tiempo ha. Junto a Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa o Luis Alegre, primeras espadas hoy del partido, dieron vida a La Promotora, una asociación universitaria que les dio cobertura para organizar actos políticos en la universidad, teorizar y ensayar la “nueva política”. Un grupo que fue cohesionándose entre los muros de hormigón de la UCM para luego conformar la fundación CEPS, mediante la que se convirtieron en asesores de diferentes gobiernos latinoamericanos.

Los dispositivos mediáticos, como gusta llamar Iglesias a los media, se convirtieron en su obsesión coincidiendo con la democratización de las tecnologías de la información y el acceso digital. Eran el lugar perfecto para crear nuevos marcos discursivos con los que moldear la opinión pública y “disputar” la democracia. La Tuerka, grabada en una televisión local de Vallecas y emitida a través de internet, se convirtió en su principal trampolín. Pablo Iglesias, el presentador del espacio, comenzó a hacerse muy conocido entre los círculos de la izquierda llegando hasta el punto de presentársele a Cayo Lara, máximo responsable de IU, organización a la que había asesorado, para espetarle: “Tus bases me conocen mejor a mí que a ti, tengo que presentarme yo”.

Pablo Iglesias y su equipo en la Asamblea Ciudadana de noviembre. (D. Muñoz)
Pablo Iglesias y su equipo en la Asamblea Ciudadana de noviembre. (D. Muñoz)

Iglesias quería encabezar las listas de IU, o al menos que se convocasen primarias. Lara se negó e Iglesias y otros intelectuales vinculados a la coalición de izquierdas, como Monedero, Ariel Jerez o Jesús Montero, decidieron visibilizar públicamente el pulso. Arropados por Izquierda Anticapitalista, escisión de IU liderada por otros fijos de La Tuerka, como Miguel Urbán o Jaime Pastor, presentaron ante los medios de comunicación su propuesta de “unidad de la izquierda”, que pasaba indefectiblemente por unas primarias abiertas. La cúpula de IU no se dejó amedrentar por los jovenzuelos y optó por enrocarse. Los apoyos desbordaron a Podemos y las encuestas de Bescansa y Ariel Jerez no dejaban lugar a dudas: había espacio electoral para un nuevo partido.

Antes y después de Vistalegre

Podemos puso sobre la mesa toda su artillería académica, se rodeó de los mejores expertos en redes y tecnopolítica, leyó como nadie las encuestas sociológicas y esperó a que los partidos tradicionales, salpicados por la corrupción e inanes tras seis años de Gran Recesión, les hiciesen subir en las encuestas. Dos meses después de registrarse como partido político en el Ministerio de Interior se convirtieron en la gran revelación de las europeas, con más de 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados.

No eran el partido de los indignados, pero muchos de los que salieron a las calles las semanas posteriores al 15 de mayo de 2011 comenzaron a gritar “sí nos representan”. Habían ganado la batalla del lenguaje, logrando que la sociedad los identificara con “la gente”, enfrentada a la “casta”, corresponsable de la situación sociopolítica. Los resultados les dieron un nuevo impulso, estructura territorial, recursos económicos para profesionalizar sus filas y, sobre todo, atención mediática, un terreno que han estudiado en profundidad y dominan a la perfección. El “que vienen los rojos” trató de contrarrestar en un primer momento su posición de fuerza, pero las encuestas dieron cuenta del nulo efecto de estas réplicas, más bien todo lo contrario.

Pablo Iglesias en Vistalegre. (D. Muñoz)
Pablo Iglesias en Vistalegre. (D. Muñoz)

La segunda fase se puso en marcha. La cúpula del partido diseñó una estrategia en base a la cual debían mostrarse ante la sociedad española como una opción real de gobierno, seria y con más recorrido que el de recoger el voto, frágil y localizado en el tiempo, del castigo contra los gestores del momento. Los meses de verano fueron frenéticos, la libreta azul de Iglesias se quedó sin hojas, mientras que los politólogos de la UCM diseñaban las patas de un nuevo partido viejo, con su jerarquía, sus nodos territoriales y su afán electoralista por encima de cualquier otro objetivo. En octubre ya estaba todo listo, justo antes del inicio de su asamblea constituyente. Vistalegre fue el gran escaparate, más en clave externa que interna. Y es que la nueva política, en ocasiones, no es más que vieja política pero votando por internet.

El asalto a la Moncloa

En Vistalegre comenzó la campaña electoral de Podemos para las generales de 2015, por aquel entonces con el fundado temor de un adelanto electoral. El equipo de Iglesias puso sobre la mesa la necesidad de priorizar la eficacia (electoralista) sobre la democracia interna. El poder de los círculos se desinflaba a marchas forzadas mientras que la ejecutiva adquiría plenos poderes en la toma de decisiones. A regañadientes, las bases cedían a que Podemos dejase de ser un movimiento-partido para convertirse en partido a secas. Primero porque la estrategia del G5 había sido impecable, nadie podría haberlo hecho mejor. Segundo porque entendían el mandato de “mantener la altura de miras”, puesto que si Podemos fracasaba, las próximas décadas se convertirían en un páramo para la “izquierda real”.

En septiembre un periodista preguntó por primera vez a Pablo Iglesias si se veía viviendo en la Moncloa. Todo iba muy rápido, pero los coach de la UCM, metódicos, calculadores y grandes analistas, siempre van dos pasos por delante. Son expertos en leer la realidad, saben anticiparse a ella y siempre tienen diseñada una estrategia transversal, organizativa, comunicativa y política, con distintas salidas por lo que pueda pasar. Quizá por ello ningún alto cargo del PP o el PSOE se atreva a discutir con ellos, los medios son incapaces de sacarles titulares y los movimientos mal llamados antisistémicos sigan rindiéndose a sus pies, a pesar de reiterar por activa y por pasiva que su ideario es socialdemócrata.

El asalto a la residencia presidencial que los líderes de Podemos casi alcanzan con la vista desde sus despachos en la UCM, copa ahora el 99,9% de los recursos humanos, económicos y estratégicos del partido. La apuesta está clara y la identidad del partido se está supeditando a ella. La elaboración de una propuesta económica socialdemócrata da buena cuenta de ello, más allá de que no se haya consultado a los ya inoperantes círculos.

Mientras una masa social sin anclaje ideológico claro sigue sumándose a las filas de un partido ni de izquierdas ni de derechas, sino de la gente, sus bases con un ideario que sí es de “izquierda real” cruzan los dedos. Solo les queda esperar que estos últimos giros, contrarios a la esencia fundacional de Podemos, respondan a simple propaganda para ganar votos de “la centralidad del tablero” e Iglesias no los engañe con lo que les cuenta en la intimidad: “Se folla denudo, pero se liga vestido”. Sin embargo, los pesimistas replican: "Si no actúas como piensas, acabarás pensando como actúas". A lo largo de este 2015 sabremos quien llevaba la razón. 

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