DIMITE EL FISCAL GENERAL DEL ESTADO

El fiscal que pedía la independencia del crítico, pero que se topó con la política

Torres Dulce ha reclamado autonomía respecto al poder político, con el que ha sufrido tensiones, pero tampoco ha logrado poner orden en su propia casa.

Foto: El exfiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce. (EFE)
El exfiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce. (EFE)

En la vida de Eduardo Torres-Dulce (Madrid, 1950) ha habido tiempo para todo. Ha sido guionista junto a José Luis Garci, crítico de cine en radio, prensa y televisión, profesor universitario en los centros más prestigiosos de España (Icade, Autónoma de Madrid, Salamanca), fiscal del Tribunal Supremo y del Constitucional. Una larga y prolija carrera profesional en la que se han mezclado gustos y aspiraciones. Madridista entregado y cinéfilo entusiasmado, él solo podía apostar por una carrera judicial. No en vano era hijo y sobrino de magistrados.

De ahí que la columna vertebral de su vida profesional haya sido la Fiscalía. En ella ha encontrado su gran pasión, aunque también su gran decepción. Él sabía dónde se metía, de eso no hay duda, por lo que no valen ahora más que los "motivos personales". Antes de que Mariano Rajoy llegara a La Moncloa, su prestigio le precedía y cualquier jurista siempre estaba encantado de saludarle cuando con él se cruzaba. La decisión del gallego presidente de apostar por tan respetada referencia para fiscal general del Estado solo venía a colocarle en una cumbre que moralmente ya se había ganado entre sus colegas. Al menos entre la mayoría y en aquel momento.

Como jefe de los fiscales, no ha sido una marioneta manejada por el poder político, como otros que pasan sin hacer ruido. Desde el principio ha mantenido una mala relación con el Ministerio de Justicia, tanto con Alberto Ruiz Gallardón al frente como con Rafael Catalá, por reivindicar su autonomía. Los desacuerdos en los nombramientos de cargos internos han sido motivo de tensión constante entre ambas partes. Su fuerte personalidad, que no está reñida con el carácter moderado, le ha impedido morderse la lengua y tragar cual monigote que le debe la vida a su mentor. A cambio, sin embargo, ha tenido que aguantar los ninguneos, desprecios y críticas del poder político. Es el precio que hay que pagar.

Torres-Dulce jura como fiscal general del Estado ante el exministro Ruiz Gallardón. (EFE)
Torres-Dulce jura como fiscal general del Estado ante el exministro Ruiz Gallardón. (EFE)

Nadie del Gobierno le pidió su opinión sobre el borrador del Código Penal Procesal, que abordaba la posibilidad de entregar la instrucción de los procesos judiciales a los fiscales, una controvertida medida que finalmente no ha cuajado, pero que levantó polvareda en el colectivo. También le hizo caso omiso el Ejecutivo cuando el pasado abril Torres Dulce reclamó más medios humanos y materiales para hacer frente a los casos judiciales más complejos. 

No le debía nada a los políticos que le nombraron, que probablemente ganaron más en prestigio con él en el cargo que el propio Torres-Dulce al dejarse proclamar, y por eso le gustaba dejar claro que él era independiente, a pesar de las consecuencias. Y lo demostró en casos tan relevantes como el que llevó al extesorero del PP, Luis Bárcenas, a ingresar en prisión. El Ministerio Público provocó que el exdirigente popular entrara en la cárcel al no permitirle la posibilidad de que la eludiera con fianza. Esta decisión ha marcado el resto del mandato de Torres-Dulce, ya que algunos dirigentes del PP nunca se lo han perdonado.

Si bien es cierto que su postura ha coincidido en ocasiones con la posición del Gobierno, no lo es menos que el fiscal general en ningún caso ha sucumbido a las presiones una vez que ha definido un criterio de actuación. Éste, de hecho, estaba muy claro para Torres-Dulce en lo relativo a la consulta catalana del 9-N -era favorable a la querella-, pero la pasividad del Ejecutivo derivó en un encontronazo final. El Gobierno no se decidía y en el último momento hizo público su apoyo a una actuación judicial antes de que se posicionara la Fiscalía, lo que hizo que pareciera que Torres-Dulce iba a remolque, cosa que provocó enfrentamientos entre el fiscal general y sus subordinados catalanes. 

Cinco claves sobre la dimisión de Torres-Dulce

Vídeo: Cinco claves sobre la dimisión de Torres-Dulce

 

No era la primera vez, de hecho, que al jefe de los fiscales se le iba de las manos la unidad en su propia casa. Además de la Unión Progresista de Fiscales, que no se lo ha puesto fácil con sus críticas, o del citado asunto catalán, se ha encontrado con otros rebeldes inesperados. Fue el caso del fiscal del Faisán, Carlos Bautista, que decidió desobedecer, mediante un vericueto formal, la instrucción del propio Torres-Dulce de acusar a los dos procesados por el chivatazo de colaboración con banda armada, como le había ordenado Torres-Dulce. Bautista se decantó viva voz durante el juicio por acusar únicamente por revelación de secretos, aunque por escrito dejó libertad al tribunal para elegir uno de los dos delitos "por imperativo" de la autoridad jerárquica.

Finalmente Torres-Dulce ha dimitido sin explicar la causa verdadera, porque no hacía falta. Estaba cansado de esa tensión política a la que nunca se ha acostumbrado. Ha pretendido trasladar la independencia de criterio que siempre ha caracterizado al buen crítico de cine al Ministerio Público, pero se ha encontrado con el poder político, con las presiones, con las desconsideraciones de aquellos que tenían la obligación moral de lo contrario y con las críticas de los suyos. Todo eso, ha pesado más.

España
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios