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La yihad pesca vírgenes en Ceuta
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YA HAN SIDO DETECTADAS 5 JÓVENES RUMBO A SIRIA

La yihad pesca vírgenes en Ceuta

Las Fuerzas de Seguridad están preocupadas por la fascinación que está despertando entre los jóvenes musulmanes españoles el Estado Islámico o Daesh

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Las Fuerzas de Seguridad están preocupadas por la fascinación que está despertando entre los jóvenes musulmanes españoles el Estado Islámico o Daesh, como prefieren llamarlo los Gobiernos occidentales para deslegitimar las aspiraciones políticas del grupo terrorista que ha logrado el control sobre 50.000 kilómetros cuadrados de Irak y Siria. La inquietud es aún mayor en el caso de las adolescentes y se concentra en la ciudad de Ceuta, donde el islamismo radical ya ha pescado a al menos cinco menores de menores de edad, según fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por este diario.

“El Estado Islámico se ha convertido para las menores musulmanas en un fenómeno romántico”, advierte un agente de información consultado por este diario. “Consideran que es la culminación del islam y quieren marcharse allí para poder conocer de primera mano lo que está ocurriendo”, añade. “A su edad, lo ven como una aventura y quieren participar en ella, y no valoran los peligros que supone”.

Otro experto de la lucha antiterrorista preguntado por El Confidencial apunta que en el fenómeno de Daesh se dan todos los elementos para que se produzca esa atracción. “Lo primero que hace un combatiente europeo cuando llega a Siria o a Irak es abrirse cuentas en Twitter, Facebook e Instagram para poder relatar cómo es su vida día a día en el conflicto”, explica. Esas redes sociales conectan directamente con los musulmanes más jóvenes, también con las menores. Y ofrecen todo tipo de contenidos, desde una anodina comida hasta una orgía de sangre y decapitaciones. “Desde su casa, las chicas pueden saber qué ha hecho hoy en Siria un amigo que se marchó hace unas semanas e incluso preguntarle”. También pueden enamorarse o convertirse en radicales islamistas en tiempo récord.

Radicalización exprés

Los expertos llaman a este fenómeno radicalización exprés. Jóvenes musulmanes de familias moderadas se están transformando –en cuestión de semanas y gracias únicamente a los contenidos radicales que consumen a través de las redes sociales en la intimidad de sus hogares– en peligrosos combatientes dispuestos a entregar su vida por el islam. Las menores parecen especialmente vulnerables a esta tendencia y Ceuta es la zona de España más contagiada por esta pandemia.

Leila (nombre ficticio) es una de las cinco menores ceutíes que han intentado viajar hasta Irak. La Policía Nacional la interceptó en Melilla el pasado verano antes de que lo consiguiera. Había llegado desde Ceuta para saltar luego a Turquía y desde ahí cruzar la frontera con Siria. Su caso ilustra a la perfección el fenómeno que tanto preocupa a las Fuerzas de Seguridad. Con sólo 14 años, Leila pasó de asistir al colegio como cualquier otra musulmana de su edad a ocultar su rostro, limitar sus amistades y consumir de forma compulsiva contenidos sobre Daesh.

La gran mayoría de estas chicas captadas para la yihad son menores, aunque el islamismo y buena parte del islam moderado manejan unos parámetros de edad muy diferentes a los de Occidente. “Para nosotros se es menor hasta los 18 años, pero para el islamismo radical las mujeres dejan de ser niñas en cuanto tienen la menstruación. A partir de ese momento, se considera que son aptas para casarse. Y les da igual que sólo tengan 11 años”, apunta el experto consultado por El Confidencial.

El novio de sus sueños

A algunas de estas chicas les mueve su compromiso con el islam más radical y aspiran a colaborar en la construcción de ese nuevo estado de forma desinteresada, como si fueran trabajadoras humanitarias. Sin embargo, otras adolescentes quedan fascinadas por causas más simples. “Creen que van a encontrar allí al hombre de sus sueños. Que van a poder casarse con uno de sus barbudos de ojos azules que tienen perfil en Facebook”, explica un agente de la lucha antiterrorista. “La situación en la que se encuentra Ceuta favorece esa ilusión”, puntualiza este funcionario. La tasa de paro juvenil en la ciudad supera el 70%. “Los chicos no tienen dinero para casarse. Las jóvenes que quieren formar una familia ven en Siria una buena forma de tenerla”.

El resto de circunstancias sociales de la ciudad autónoma sólo agrava el problema. La formación de las menores musulmanas no es precisamente las más idónea para contrarrestar intelectualmente las tentaciones que plantea el islamismo radical. Ceuta es la demarcación de España con mayor tasa de fracaso escolar. El 47% de los jóvenes abandonó los estudios sin conseguir el graduado de la Educación Secundaria Obligatoria.

La llave para la repoblación

Para Daesh, la llegada de vírgenes extranjeras a sus dominios es un punto clave en su estrategia. Sus líderes pretenden exportar su modelo a medio mundo, desde España hasta el sudeste asiático. Y quieren conseguirlo repoblando las naciones infieles. Han pedido a sus seguidores, también a los combatientes extranjeros, que tengan el mayor número posible de hijos, aunque sus mujeres se hayan quedado en Occidente. Las jóvenes llegadas de fuera juegan, por tanto, un rol fundamental en el expansionismo islamista, aunque no tienen derechos. Su función es meramente reproductora.

España no es el único país que sufre este problema. El pasado verano, Austria quedó convulsionada tras descubrir que dos chicas de ascendencia bosnia, Samra Kesinovic y Sabina Selimovic, de 16 y 15 años respectivamente, habían abandonado su hogar para unirse a las filas de Daesh. Sólo unos días después de llegar a Siria ya se habían casado. “Estamos en el camino correcto. Nos vemos en el paraíso”, escribieron en Facebook. El problema no es sólo que se hayan ido sino que, según Interpol, ambas habrían logrado a través de las redes sociales que otras menores musulmanas siguieran sus pasos.

La solución no es sencilla. Un cambio en el horizonte económico de las jóvenes ceutíes contribuiría sin duda a amortiguar la capacidad de atracción del yihadismo. El Ministerio del Interior tiene previsto, además, aprobar en los próximas semanas un plan contra la radicalización que incluye acciones sociales y educativas para contrarrestar este fenómeno, pero llegará con expectativas muy limitadas. Estos programas suelen necesitar tiempo y dinero, y España no tiene en estos momentos ninguna de las dos cosas.

Las Fuerzas de Seguridad están preocupadas por la fascinación que está despertando entre los jóvenes musulmanes españoles el Estado Islámico o Daesh, como prefieren llamarlo los Gobiernos occidentales para deslegitimar las aspiraciones políticas del grupo terrorista que ha logrado el control sobre 50.000 kilómetros cuadrados de Irak y Siria. La inquietud es aún mayor en el caso de las adolescentes y se concentra en la ciudad de Ceuta, donde el islamismo radical ya ha pescado a al menos cinco menores de menores de edad, según fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por este diario.

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