Guerra dice adiós al escaño tras 12 años con cero iniciativas en las Cortes
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se ha centrado en su perfil más institucional

Guerra dice adiós al escaño tras 12 años con cero iniciativas en las Cortes

Hay que remontarse a noviembre de 2002 para encontrar su última iniciativa parlamentaria. Desde entonces, ha mantenido su perfil institucional

Foto: Alfredo Pérez Rubalcaba, conversa con el diputado socialista Alfonso Guerra en una imagen de archivo (Efe)
Alfredo Pérez Rubalcaba, conversa con el diputado socialista Alfonso Guerra en una imagen de archivo (Efe)

"Estoy de retirada vital, en todos los sentidos". Alfonso Guerra se confesaba así en una entrevista concedida con motivo de la presentación, hace algo más de un año, del último tomo de sus memorias, titulado 'Una página difícil de arrancar'. Una actitud de retirada en la que ha estado instalado desde hace casi dos décadas, desde que abandonó el Gobierno de Felipe González, y que le mantenía en el Congreso de los Diputados como el diputado más veterano de la Cámara, el único que ha estado presente en todas las legislaturas de la Democracia y, también, como uno de los pocos parlamentarios con un perfil más institucional que político, alejado de la batalla dialéctica de cada semana y del ejercicio de oposición a los Gobiernos de la derecha.

Guerra se ha dedicado en la última década a cultivar este perfil y a dejar un currículo 0.0 en su ficha parlamentaria. Cero iniciativas parlamentarias y cero preguntas orales u escritas al Gobierno a lo largo de las últimas cuatro legislaturas. Ambos indicadores son los referentes más claros que se utilizan para medir el rendimiento de cada parlamentario. De hecho, si se echa mano de la hemeroteca, hay que retroceder hasta el 20 de noviembre de 2002, en la fase final del Gobierno de Aznar, para encontrar la huella de su última iniciativa política. Aquel día tomó la palabra como vocal de la Comisión Constitucional para defender una proposición no de ley sobre el desarrollo de una política de Estado para el reconocimiento de los ciudadanos y ciudadanas exiliados durante la Guerra Civil y el Franquismo.

Vídeo: Alfonso Guerra anuncia su retirada definitiva.

Cierto es que el repaso a sus últimos años de trayectoria política no se comprenden sin la dedicación que Guerra ha cultivado a la presidencia de las dos comisiones con más peso político de las Cortes. La Constitucional, que tuteló durante los ocho años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y en la que tuvo que lidiar -y peinar- con el Estatuto de Autonomía de Cataluña, y la Comisión de Presupuestos, en esta última legislatura, desde la que anunció el pasado jueves su jubilación. También al trabajo que ha desarrollado al frente de la Fundación Pablo Iglesias del PSOE, que ha subsistido a la desaparición de la Fundación Ideas, y también al trabajo como escritor, columnista y conferenciante que ha desempeñado para diversos medios de comunicación y que le reportaron, en la anterior legislatura, unos ingresos extra de casi 15.000 euros.

Alfonso Guerra se va en un ambiente de renovación política generalizada, con fuerzas como Podemos disputando al PSOE la hegemonía de la izquierda y cuando siguen goteando casos de corrupción que rememoran la etapa que vivió hace casi un cuarto de siglo desde la vicepresidencia del Gobierno.

De hecho, una de sus últimas intervenciones en un marcado estilo mitinero, tuvo lugar recientemente con la conmemoración del 40 aniversario del Congreso socialista de Suresnes en el que Felipe González se hizo con las riendas del partido. En aquella cita, Guerra llamó a decir no a la resignación ante nuevas fuerzas como Podemos que amenazan con hacer trizas al PSOE“.

"Decid no a la resignación. No nos resignemos. Negaos a aceptar que el poder siempre vence a los ideales. Aunque tengamos decepciones de algunos de los nuestros, mantened el orgullo de ser socialistas y luchad por un proyecto de futuro. (...) Levantad la voz con orgullo para decir que soy socialista”, proclamó entonces en un mensaje que, leído ahora, suena a clara despedida política de quien escribió una de las páginas más destacadas de la historia del PSOE.

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