merino era directivo de la constructora dico

Manos Limpias lleva al fiscal el soborno a un testigo de la Púnica para sellar su silencio

Julián Jiménez de los Galanes y Francisco Colado, propietarios del Grupo Dico, una de las constructoras más beneficiadas por la red corrupta desmantelada en la Operación

Foto:  Policias nacionales aguardan junto a un furgón en la puerta de la Audicencia Nacional. (EFE)
Policias nacionales aguardan junto a un furgón en la puerta de la Audicencia Nacional. (EFE)

Julián Jiménez de los Galanes y Francisco Colado, propietarios del Grupo Dico, una de las constructoras más beneficiadas por la red corrupta desmantelada en la Operación Púnica, sobornaron a un testigo de cargo que les había acusado de pagar mordidas a políticos, para comprar su silencio. Así lo asegura el sindicato Manos Limpias, que hoy entregará en la Audiencia Nacional la documentación aportada por el exdirectivo de Dico David Merino, en la que este detalla el modus operandi de la trama presuntamente encabezada por Francisco Granados, ex número dos del PP madrileño y entonces mano derecha de Esperanza Aguirre, y el constructor David Marjaliza.

Merino reveló en 2009 que algunos de los políticos y funcionarios ahora implicados en la red Púnica "cobraban en dinero o en especie. Se les pagaba con obras privadas en sus casas y en sus pueblos, con putas, con vacaciones, con cacerías, con grandísimas ofrendas de Navidad...". El exdirectivo de Dico hizo esas explosivas declaraciones en una entrevista publicada por el semanario Interviú, y acompañó sus acusaciones con un acta firmada ante notario, que entregó al sindicato Manos Limpias y este a la Fiscalía Anticorrupción. Las palabras de Merino fueron recogidas en una grabación, de la que ayer dio cuenta El Confidencial.

Según Manos Limpias, Merino "fue víctima de presiones" por parte de Jiménez de los Galanes y Colado tras su denuncia a la Fiscalía Anticorrupción "con el objetivo de que se retractase" de las "manifestaciones hechas en su día libre y voluntariamente ante notario". Para ello, ambos constructores sobornaron al exdirectivo de Dico, siempre según el sindicato liderado por Miguel Bernad, recurriendo para ello a un hermano de aquel, Juan Ángel Merino, y a la pareja de este, Ana González. Esa mordida se pagó "al margen de la legalidad y en perjuicio de los acreedores" de la constructora, inmersa entonces en concurso de acreedores.

Desfile de imputados por el despacho del juez Velasco

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El soborno –cuya cantidad no revela Manos Limpias– se abonó en metálico por parte de Jiménez de los Galanes y Colado simulando una deuda con el hermano de Merino y la empresa de su pareja. El pago encubierto se formalizó ante los notarios de Madrid Ángel Almoguera y Antonio Reina en agosto de 2009. Varios días después, el exdirectivo de Dico firmó un acta en la que se retractaba parcialmente de sus acusaciones y eximía a Granados, entonces consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid, de haber cobrado mordidas. Unas semanas antes, Merino había asegurado que Granados era "el tío más sucio del mundo. A ese le he dado yo el dinero directamente".

El ex número dos de Aguirre comenzó a amasar su fortuna nada más aterrizar en la alcaldía de Valdemoro, en junio de 1999. Ese mismo año, Granados abrió una cuenta en Suiza a su nombre en la que presuntamente fue acumulando las mordidas que le pagaban, precisamente, Jiménez de los Galanes, alias el Tachuela, y Colado, además del propio Marjaliza, alias Mortimer, y el también constructor Ramiro Cid Sicluna, otro de los reyes del ladrillo de Valdemoro.

Todos ellos frecuentaban las lujosas cacerías en las que se negociaban las obras a repartir y los sobornos a pagar. A esas monterías también solía acudir el magistrado del Tribunal Constitucional Roberto García-Calvo, ya fallecido. En una de esas batidas, cuyos gastos corrían siempre a cuenta de la constructora Dico, participó el propio Merino. El exdirectivo relató posteriormente que el encuentro tuvo lugar en febrero de 2006 en la finca La Parrilla de Los Yébenes (Toledo), y que él mismo abatió "un venado y un jabalí, mis primeras piezas en una cacería oficial, por lo que los demás cazadores me hicieron lo que se llama boda de sangre". Granados fue el encargado de oficiar ese peculiar rito: extrajo las vísceras del jabalí y se las colocó a Merino sobre la cabeza.

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