el ultraconservador garcía-calvo, fallecido en 2008

Un magistrado del Constitucional acudía a las cacerías de Granados con la red corrupta

Roberto García-Calvo, que fue magistrado del Tribunal Constitucional hasta su fallecimiento en 2008, solía frecuentar las fastuosas cacerías organizadas por varios de los empresarios implicados en

Foto: Francisco Granados durante un acto de la Comunidad de Madrid en 2014 (EFE/Juan M. Espinosa)
Francisco Granados durante un acto de la Comunidad de Madrid en 2014 (EFE/Juan M. Espinosa)

Roberto García-Calvo, que fue magistrado del Tribunal Constitucional hasta su fallecimiento en 2008, solía frecuentar las fastuosas cacerías organizadas por varios de los empresarios implicados en la trama corrupta destapada por el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco en el marco de la Operación Púnica. Dos de los fijos en esas monterías, animadas con comida gourmet, vinos gran reserva y partidas de póker hasta altas horas de la madrugada, eran Francisco Granados, entonces mano derecha de Esperanza Aguirre en el PP y la Comunidad de Madrid, y David Marjaliza, uno de los presuntos cerebros de la red desmantelada el pasado lunes en la macrorredada dirigida por Velasco.

El nombre de García-Calvo aparece en un manuscrito redactado y firmado por David Merino, exdirector general del Grupo Dico, una de las constructoras más beneficiadas en el reparto de contratas a cambio de comisiones millonarias. Merino, que fue testigo de esos pagos y participó en algunas de las cacerías donde se negociaban las adjudicaciones de obras y el monto de las mordidas, entregó a Manos Limpias una declaración, firmada ante notario y acompañada del citado manuscrito, en la que describe con todo lujo de detalles el modus operandi de la red corrupta. El sindicato liderado por Miguel Bernad presentará hoy toda esa documentación en la Fiscalía Anticorrupción.

Fotografía de archivo de García-Calvo.
Fotografía de archivo de García-Calvo.

García-Calvo, gran aficionado a la caza, acudió a varias de las monterías organizadas por los propietarios del Grupo Dico, Julián Jiménez de los Galanes, alias el Tachuela, y Francisco Colado. En una de esas batidas, cuyos gastos corrían siempre por cuenta de la constructora, participó el propio Merino. El exdirectivo relata en su manuscrito que el encuentro tuvo lugar en febrero de 2006 en la finca La Parrilla, en la localidad toledana de Los Yébenes, y que él mismo abatió "un venado y un jabalí, mis primeras piezas en una cacería oficial, por lo que los demás cazadores me hicieron lo que se llama boda de sangre". Granados fue el encargado de oficiar ese peculiar rito: extrajo las vísceras del jabalí y se las puso a Merino sobre la cabeza.

Además de García-Calvo, Merino, Marjaliza y Granados –entonces consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid y secretario general del PP regional–, participaron también en esa montería el sustituto de este en la alcaldía de Valdemoro, José Miguel Moreno; el constructor Ramiro Cid Sicluna, uno de los reyes del ladrillo de esa localidad madrileña; "alguien de El Corte Inglés del que no recuerdo el nombre", según reza el manuscrito de Merino, y los anfitriones: el Tachuela y Colado. El precio de la batida rondó los 10.000 euros por barba, que los dueños de la constructora desembolsaron como una suerte de pago en especie por los contratos recibidos.

El entonces magistrado del Tribunal Constitucional, fallecido dos años después de esa cacería en Toledo, a la edad de 65 años, fue promovido al cargo por el PP. García-Calvo, de ideología ultraconservadora, desembarcó en el alto tribunal en 2001, siendo ministro de Justicia Ángel Acebes, hoy imputado por el presunto uso de fondos de la caja B del PP para la compra de acciones de Libertad Digital. El magistrado ocupó varios cargos durante el franquismo en el sindicalismo vertical y el Ministerio de Educación, y en 1976, tras la muerte del dictador, fue nombrado gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Almería.

"Todas estas personas", dice el exdirectivo de Dico en su manuscrito, "son las que asiduamente coincidían en las cacerías, partidas de póker y demás festejos que, entre otros, tenían el objetivo de ir diseñando las acciones", en alusión a las recalificaciones urbanísticas y modificaciones de planes urbanísticos para beneficiar a la trama corrupta. Merino asegura que las constructoras que sacaron mayor tajada, además de la propia Dico, fueron Obras y Vías, propiedad de Cid Sicluna, y la maraña de empresas controladas por Marjaliza, que llegó a figurar en los consejos de administración de más de 125 compañías y sociedades patrimoniales.

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