biografía del consejero de los presidentes del PP

Pedro Arriola, 'El Brujo'

Por su casa han pasado casi todas las personalidades españolas desde hace 25 años. El periodista Graciano Palomo narra la vida del asesor áulico de los 'populares'

Foto: Pedro Arriola. (Efe)
Pedro Arriola. (Efe)

Pedro Arriola, aunque sin ideología política definida, es un personaje indefectiblemente unido a la vida del Partido Popular. Los dos dirigentes populares (“Mis clientes”) que han llegado a la Presidencia del Gobierno lo han hecho asesorados por el sociólogo sevillano, que es desde hace cinco lustros el personaje inevitable y decisivo de la formación política de centro/derecha.

El periodista Graciano Palomo ha plasmado la biografía (no autorizada) de Pedro Arriola en el libro El brujo (La Esfera de los Libros).

El Confidencial ofrece en exclusiva la prepublicación de uno de los capítulos más interesantes del trabajo de Palomo titulado “A la sombra de Los Narcisos”, cuyos extractos fundamentales reproducimos a continuación.

“Pedro Arriola, al establecerse como empresario autónomo y crear el Instituto de Estudios Sociológicos (IES), ficha a Fernando Vilches Vivancos, profesor de Filología Hispánica, y a Celestino García Marcos, maestro del Estado y hombre de vasta cultura, como principales ayudantes y colaboradores.

Los Narcisos 13 está justamente enfrente de la casa de los cantantes de filiación política comunista Ana Belén y Víctor Manuel. Sabían por la prensa, como otros personajes de izquierdas, que Arriola trabajaba para Aznar y el PP

(…) Es en el mes de enero de 1990 cuando Vilches y García Marcos empezaron a tener acceso a las tareas de asesoramiento que Arriola ejercía respecto al que entonces se iniciaba como jefe de la derecha y con pretensiones de ser primer ministro: José María Aznar López. El chalecito sito en la calle de Los Narcisos, 13, convenientemente acomodado, servía también como lugar de encuentro secreto entre un emergente Aznar y personalidades de todos los sectores de la vida española: desde Duran i Lleida a Arias Salgado, Pío Cabanillas, Nicolás Redondo (padre), José María Cuevas, los obispos García Gasco y Suquía, y posteriormente el líder de CCOO, José María Fidalgo, que terminaría por colaborar con Aznar en FAES.

Los Narcisos 13 está justamente enfrente de la casa de los cantantes de filiación política comunista Ana Belén y Víctor Manuel. Sabían por la prensa, como otros personajes de izquierdas, que Arriola trabajaba para Aznar y el PP. Con frecuencia aparecían pintadas en las paredes y en los contenedores cercanos. “Joderos, fachas, tenéis la sangre roja” y otros eslóganes nada caritativos hacia los que curraban para el PP y su jefe Aznar… El jefe de la derecha política disponía así de un lugar discreto para mantener encuentros secretos con personas que no deseaban en esos momentos ser vistas con él y viceversa. Muchos personajes poderosos de entonces, diplomáticos, empresarios, banqueros, sólidamente instalados en el ‘felipismo’ que cubría todo el poder, empezaban a llamar a las puertas del joven halcón de la derecha. La mejor forma de acercarse a Aznar era pasar por Los Narcisos, 13.

(…) Al poco de comenzar a funcionar el IES como poderoso instrumento de apoyo a la incipiente carrera política de Aznar, Arriola contrata a Cristóbal Montoro y José Folgado, expertos en diferentes materias económicas, a los que había conocido en el Instituto de Estudios Económicos (IEE) dependiente de CEOE y que entonces dirigía Víctor Mendoza.

Durante muchas tardes Montoro y Folgado aleccionan al que luego sería su jefe en el Gobierno y en el PP acerca de las grandes cuestiones macroeconómicas que debe conocer un futuro presidente. Son sus profesores particulares mientras Arriola ejerce de anfitrión.

Pedro inculca a sus colaboradores la consigna de la reserva máxima, discreción, solapamiento que se aplica a sí mismo con rigor y permanencia

(…) Pedro inculca a sus colaboradores la consigna de la reserva máxima, discreción, solapamiento que se aplica a sí mismo con rigor y permanencia. Al poco tiempo de establecer su cuartel general en el chalet de los Narcisos, los servicios antiterroristas de la Policía incautan a la banda ETA una foto de la sede profesional arriolista.

(…) ¿Cuáles eran los servicios esenciales que se prestan en exclusiva a José María? Preparación de discursos, dossieres, documentación precisa del pasado y del presente, estrategias diseccionadas al milímetro, apuntalamiento de temas. Arriola sabía que debía pedir permiso a su “cliente” si algún otro dirigente del PP solicitaba sus servicios y aquellos dirigentes antes a su jefe de filas. Fue el caso de Álvarez Cascos. Arriola le mandaría a Vilches y Celestino (…)

Para Juan Villalonga trabaja desde que llega hasta que abandona Telefónica… José Ignacio Wert, su íntimo amigo, ya era su encuestador de cabecera, aunque no el único, a través de Demoscopia… Luego será básico para que consiga ser ministro.

(….) Desde que Aznar llega al puente de mando en Génova 13, Pedro Arriola tiene claro que el gran enemigo a batir se llama Felipe González. “Le tenía un gran respeto", recuerda un colaborador del despacho. "La verdad es que ahora se puede decir que González nos ayudó a mejorar mucho... Preparábamos un primer discurso para José María e, inmediatamente, Pedro lo hacía leer y se nos preguntaba: '¿Qué dirá Felipe de esto, cómo responderá?'... Y hacíamos un contradiscurso y, luego, un tercero"… La principal tarea en los primeros años de oposición de Aznar fue precisamente estudiar a Felipe González. En este punto era donde se producían muchas fricciones con otros colaboradores del presidente del PP. Por ejemplo, con Miguel Ángel Rodríguez, al que Arriola despreciaba por “bruto”, elemental y poco sutil.

Pedro Arriola tiene claro que el gran enemigo a batir se llama Felipe González. 'Le tenía un gran respeto', recuerda un colaborador del despacho(….) Cuando Aznar desaparecía durante horas enteras durante sus seis años de oposición a González, sólo su secretaria de entonces, Marisa Granja, sabía dónde encontrarle. Se refugiaba en el 'búnker' de Los Narcisos, especialmente cuando tenía por delante algún debate parlamentario de importancia o entrevista televisiva de gran calado.

-¿Qué hacía?, pregunto a uno de sus estrechos colaboradores.

-José María escuchaba mucho, tomaba notas, apenas hablaba. Aznar siempre ha sido muy sieso. Tampoco se molestaba mucho en caer bien o mostrarse simpático, que no lo es… Le importaba una higa la imagen que pudiera transmitir entre nosotros.

Los colaboradores recuerdan que el jefe de la derecha se sometía sin discusión y con extraordinaria obediencia a la disciplina a la que le sometía Pedro Arriola. En ocasiones y según la importancia, Pedro consideraba que era necesario recurrir a agentes externos para confeccionar piezas oratorias brillantes y de impacto con construcción precisa. Uno de esos escribidores fue Fernando Ónega, cuya fama le precedía por haber hecho discursos memorables a Adolfo Suárez… Y, además, es discreto.

-Mucho se ha especulado con la famosa frase "¡Váyase señor González!", que se han apuntado en su acerbo desde Miguel Ángel Rodríguez al propio Arriola. Una fuente segura de Los Narcisos señala que el autor no fue otro que el posterior ministro de Fomento, Rafael Arias Salgado, hoy al frente de la multinacional francesa Carrefour. Aznar se lo había recomendado a Arriola por su brillantez y solvencia cultural y política.

Cuando Aznar se plantea su sucesión, creía que Rodrigo Rato, amigo personal, tenía más posibilidades como candidato que Mariano RajoyAdemás de Vilches y Celestino hubo otro personaje clave por aquellos años en Los Narcisos. Santiago Florito, sociólogo de origen argentino, abogado, consejero delegado de Insight que Arriola utilizaba para trabajos de la máxima confidencialidad. ¿Qué trabajos? Las encuestas más delicadas, especialmente aquellas que conllevan valoraciones ad hóminem de los dirigentes del Partido Popular, así como de los ministros y los principales 'barones' populares: “Es decir, la información que sólo debe saber el presidente y en cualquier caso las personas que el propio presidente designe”. Esta información, obviamente, da un inmenso poder al consultor y le lleva a situarle en el corazón mismo del poder popular, “aunque se haga el sueco. Y él lo sabe. ¡Vaya si lo sabe!”

(…) Pedro Arriola creía, cuando Aznar se planteaba su sucesión, que Rodrigo Rato, amigo personal, tenía más posibilidades como candidato que Mariano Rajoy. Atesoraba más talento comunicativo, se entendía mejor con los poderes fácticos económicos, conocía como nadie a los jefes de los grandes medios de comunicación y era muy apreciado y respetado por los mayores y medianos dentro de la vasta grey popular (...)

Pero fue Mariano Rajoy. Esta historia merece otro capítulo”.

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