40 ANIVERSARIO DEL CONGRESO DE SURESNES

Guerra se enciende contra Podemos en una tarde de ‘Cuéntame’ con Felipe y Sánchez

El viejo testamento socialista se resiste a dar por perdida la batalla ideológica con los partidarios de Pablo Iglesias y, mucho menos, a caer en el desánimo

Foto: González, Pedro Sánchez y Alfonso Guerra (EFE)
González, Pedro Sánchez y Alfonso Guerra (EFE)

El viejo testamento socialista se resiste a dar por perdida la batalla ideológica con los partidarios de Pablo Iglesias y, mucho menos, a caer en el desánimo de un futuro negro para las siglas del PSOE. Y, para eso, nada mejor que una tarde a lo Cuéntame en la que desempolvar del armario la vieja bandera socialista con el yunque y la pluma y reunirse a recordar hazañas de la Transición con los compañeros Isidoro y Andrés –los nombres en clave de Alfonso Guerra y de Felipe González en la clandestinidad del Franquismo–, reunidos este jueves por el PSOE para celebrar los 40 años del Congreso de Suresnes, celebrado en Francia en octubre de 1974, en el que ambos se hicieron con las riendas del partido y convirtieron al PSOE en una formación de mayorías.

40 años después, muchos de los que estuvieron allí o han formado parte del proyecto socialista en años posteriores se muestran “preocupados” por la deriva del partido, como reconoce a este diario el exministro Javier Sáenz de Cosculluela, que lo fue de Obras Públicas con Felipe. Pero Guerra, que no ha perdido un ápice de su capacidad de oratoria a la hora de encender al público y arrancar de la bancada ese orgullo socialista por momentos en horas bajas, recordó que entonces, hace cuatro décadas, también había muchos compañeros que le tenían miedo al Partido Comunista, que se “beneficiaba”, dijo, de la propaganda que le hacía el propio Régimen. “Ahora, otros populismos están siendo beneficiados por las propias cadenas de televisión, que están incubando el huevo de la serpiente”, advirtió en su más clara andanada contra los chicos de Podemos. “Porque si alguna vez tuvieran algún poder, cerrarían esas televisiones siguiendo los pasos de sus maestros allende los mares”, exclamó entre una cerrada ovación de la concurrencia.

"Si Franco no pudo con el PSOE, Podemos tampoco"

“Nosotros con Podemos no vamos a ningún sitio”, comentaba, en otra esquina de la sala el expresidente autonómico Juan Carlos Rodríguez Ibarra, uno de los muchos nombres del PSOE antiguo que acudió a recordar la movida de Suresnes. “Pedro no lo tiene fácil, pero si podemos ayudarle estupendo. Franco intentó eliminar al PSOE y no pudo, tampoco va a poder ahora Podemos”, advertía para después, añadir, que estos de Podemos “más que de izquierdas son de Casa Cura”. (¿?)

No fueron esas, sin embargo, las únicas perlas de Alfonso Guerra, que por momentos recuerda y mucho a lo que hoy representa Juan Carlos Monedero dentro de las filas de Podemos. El exvicepresidente reconoció sentirse “avergonzado” por quienes “por dinero apuñalan los principios del socialismo”, advirtió que los nacionalistas podrán ser cualquier cosa pero nunca socialistas, e hizo un alegato a levantar el puño de nuevo para no dar la batalla por perdida frente a otras opciones políticas.

“Decid no a la resignación. No nos resignemos. Negaros a aceptar que el poder siempre vence a los ideales. Aunque tengamos decepciones de algunos de los nuestros, mantener el orgullo de ser socialistas y luchar por un proyecto de futuro. (...) Levantar la voz con orgullo para decir que soy socialista”, proclamó.

Guerra y Javier Martínez Cobo. (EFE)
Guerra y Javier Martínez Cobo. (EFE)

Suresnes representó un nuevo comienzo para el socialismo en España y a eso apeló también Felipe González, que quiso rendir tributo al trabajo que hicieron entonces los colegas del exterior frente a los del interior. Pero Felipe, que siempre adopta en estos cónclaves los ademanes de viejo profesor –y por eso sólo logra aplausos, pero no que la gente se ponga en pie a rabiar de contenta–, puso deberes para las nuevas generaciones que lidera Pedro Sánchez. “Estamos bastante distraídos”, dijo sobre la socialdemocracia en general y los cambios “copernicanos” que ha traído toda esta crisis. “Debemos centrar nuestra atención para saber qué proyecto con vocación mayoritaria podemos ofrecer a la sociedad”, explicó.

Necesitamos un nuevo impulso, un nuevo comienzo siendo fieles a nosotros mismos, a lo que hemos sido históricamente, y conquistando la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. Si no, la situación de España seguirá empeorando. España necesita un partido socialista fuerte. Eso sería un nuevo Suresnes de hoy”, concluyó.

En primera fila escuchaban José Luis Rodríguez Zapatero y varios exministros suyos: Juan Fernando López AguilarMagdalena Álvarez Manuel Chaves, que se mezclaron con otros nombres más históricos del partido. Entre otros, Txiki Benegas, que en Suresnes era el secretario general de las Juventudes Socialistas; los hermanos Yáñez Barrionuevo, los exministros Jerónimo SaavedraRosa Conde y Carmen Alborch Paco Fernández Marugán. Faltó, eso sí, Alfredo Pérez Rubalcaba, desaparecido de la escena pública.

Solidaridad con Virgilio Zapatero

Pedro Sánchez cerró el acto sacando pecho de las expulsiones de todos los socialistas que han utilizado las tarjetas opacas de Caja Madrid. “El partido socialista es un partido más decente después de haber expulsado a todos los usuarios de las tarjetas black, proclamó ufano. Una severidad en el castigo que, sin embargo, no ha sentado del todo bien a algunos de los exministros felipistas y viejos cargos socialistas, que se solidarizan con las ‘penurias’ que atraviesa Virgilio Zapatero, exministro, exrector de la Universidad de Alcalá y dos años vicepresidente de Caja Madrid.

Virgilio Zapatero en una imagen de archivo. (EFE)
Virgilio Zapatero en una imagen de archivo. (EFE)

“Me ha dolido mucho. Y me ha dolido más que la expulsión el trato verbal que se le ha dado”, confesaba Rodríguez Ibarra: “Hemos sido más duros con Virgilio que con Pujol”, una queja que también suscribía el citado Cosculluela: “Yo creía que existía el derecho a la presunción de inocencia. Pensaba que las condenas eran posteriores a las alegaciones”.

Fernández Marugán, que ahora anda como número dos del defensor del pueblo, también enviaba su solidaridad a Virgilio a preguntas de este diario. “Los militantes tienen derecho a tener garantías, y si cree que no las ha tenido tiene derecho a reclamarlas. Las personas tienen que poder defenderse con plenitud”.

Ajeno a estos comentarios, a su salida del acto, Sánchez se reafirmó en sus palabras y se lamentó de que las fianzas impuestas a Blesa y Rato, 16 y 3 millones, hayan sido tan bajas. 

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