Los eventuales también rechazan en masa trabajar con el ébola: "Nos falta experiencia"
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sanidad no logra cubrir las bajas del carlos III

Los eventuales también rechazan en masa trabajar con el ébola: "Nos falta experiencia"

Más de la mitad de las personas inscritas en la bolsa de empleo y que habían aceptado el trabajo, lo rechazaron cuando se enteraron del destino: trabajar con el ébola

Foto: Traslado de pacientes del hospital Carlos III (EFE)
Traslado de pacientes del hospital Carlos III (EFE)

El intento de la Consejería de Sanidad madrileña de contratar a trabajadores eventuales para cubrir la multiplicación de las bajas entre el personal sanitario del Carlos III está siendo infructuoso. Más de la mitad de las personas inscritas en la bolsa de empleo temporal (específica para personal sanitario) y que en un primer momento habían aceptado el trabajo lo rechazaron a posteriori cuando se enteraron de que el destino era el hospital donde se están atendiendo casos de ébola.

Una reacción “lógica”, según interpretaron los sindicatos sectoriales, puesto que estos sustitutos carecen de la información y del entrenamiento adecuado para trabajar con las garantías de no incurrir en riesgos. “Se necesita una formación continua y muchos simulacros antes de actuar con casos reales”, insistía la portavoz sanitaria del sindicato independiente de funcionarios CSI-F, Elena Moral. Las personas que se han negado a aceptar el puesto tendrán que volver a ocupar los últimos puestos de lista de la bolsa de empleo temporal.

Las bajas van en aumento y se están produciendo entre todo el colectivo sanitario, desde celadores y enfermeras hasta médicos, según aclaran estas mismas fuentes, que, aunque no pueden precisar cifras, sí indican que son elevadas. Muchos de ellos, añaden, están requiriendo asistencia psicológica debido a que “el estrés es grande y estamos trabajando al límite. Si antes teníamos dos horas de descanso tras una intervención, ahora ese tiempo se ha reducido a diez minutos”. El daño emocional de tener a compañeras ingresadas también es alto, añade Moral.

Las necesidades de personal se multiplicarán en los próximos días

Las necesidades de reforzar el cuadro de personal en el epicentro de la atención contra el ébola son cada vez mayores, ya no sólo por las deserciones, sino también por la ampliación de una nueva planta con treinta camas para contener posibles casos de ébola. Asimismo, el personal sanitario del hospital La Paz no tendrá que dar apoyo en el Carlos III para tratar a los pacientes sospechosos de haber sido contagiados, como se había hecho hasta ahora.

Esta decisión fue trasladada a los trabajadores esta misma tarde, aunque sin ofrecerles los motivos del cambio de parecer. De este modo, se pondrá fin a las supuestas presiones y amenazas para rotar al hospital donde se están tratando a los posibles portadores del virus, como han denunciado trabajadores afectados y representantes sindicales.

Al estrés se une “la estigmatización de una parte de la opinión pública”, provocada, según dicen, por las declaraciones acusatorias del consejero de Sanidad madrileño, Javier Rodríguez, quien responsabilizó a la enfermera Teresa Romero de su contagio. “Nos sentimos señalados por las osadas declaraciones de Rodríguez, sobre todo antes de conocer los resultados de la investigación que se está llevando a cabo. Al margen de lo que se concluya, podemos afirmar que ella siguió el protocolo establecido en aquel momento; se trata de una profesional con quince años de experiencia”.

Denuncia por “coacciones” a la enfermera contagiada

Los representantes sindicales pusieron en tela de juicio el hecho de que, “media hora antes de dar una rueda de prensa, se entre en la habitación de la paciente para interrogarla sobre los hechos. No creemos que fuese el mejor momento; ahora lo único que buscamos es que se recupere. Además, es de muy mal gusto tratar de presionar a alguien en ese estado, con fiebre y medicada con tranquilizantes”.

Para los representantes del CSI-F la palabra que mejor define los hechos es “coacción”, un extremo que también denunciaba la portavoz sindical en el Carlos III, África Díez, según la cual se trata de “declaraciones que buscaban bajo presión de nuestra compañera”, en referencia al hecho de que reconoció que se pudo haber tocado la cara con uno de los guantes. Tal y como explicó, “hay compañeros que vigilan todos nuestros movimientos cuando estamos trabajando con los contagiados de ébola. Su función es ir apuntando las posibles incidencias que se comentan en un libro de registro”. Unas medidas preventivas que, añade, las tomó el personal a iniciativa propia, al interpretar que los protocolos presentaban muchas carencias de seguridad.

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