COMIERON JUNTOS EL DOMINGO EN ASTURIAS

Los escarceos veraniegos de Aguirre con Arturo en pleno derrumbe de Cantoblanco

La presidenta del PP de Madrid y el presidente de CEIM, ahogado de deudas, comieron juntos el domingo en un bar a orillas de una playa asturiana.

 

Acosado por las deudas y la justicia, Arturo Fernández ha decidido tomarse unos días de relax en Asturias mientras estudia cómo escapar de los graves problemas financieros que atraviesa su negocio de restauración. Este domingo, apenas 72 horas después de cortar el servicio a la cafetería de la Asamblea de Madrid, Fernández compartía mesa y mantel con la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, en el restaurante Vista Alegre (fotografía superior), ubicado en plena playa La Griega de la localidad asturiana de Colunga.

En el almuerzo, donde tuvieron tiempo de hablar de las dificultades empresariales de él y de las intenciones políticas de ella, no estuvieron solos. La presidenta del PP de Madrid y el empresario estuvieron acompañados de otros siete comensales, incluido el marido de Aguirre, Fernando Ramírez de Haro. Amigos íntimos desde que compartieron pupitre en el Colegio Británico, Fernández nunca ha ocultado la profunda admiración que siente por la expresidenta de la Comunidad. De hecho, gran parte del imperio hostelero del presidente de la CEIM se ha levantado sobre concesiones públicas ofertadas por el Ejecutivo regional. Así, Arturo se hizo no solo con la explotación de la cafetería y el comedor de la Asamblea, sino también de la de Telemadrid, la del organismo informático ICM y la UTE del hospital Infanta Leonor de Vallecas.

Atrás, sin embargo, han quedado los tiempos en los que Arturo Fernández entraba como Pedro por su casa en la Real Casa de Correos, donde lo bautizaron como el noveno consejero. Imputado por el caso Bankia y propietario de una empresa cuya deuda supera los 60 millones de euros, Fernández sabe que el margen de maniobra que tiene para recuperar su imperio y su imagen, hecha añicos, es mínimo. La semana pasada fue especialmente negra para el Grupo Cantoblanco, que no solo anunció in extremis que dejaba sin servicio al Parlamento madrileño, sino que también echó el candado las cafeterías que gestiona en los centros de trabajo de Orange y la Escuela de Organización Industrial (EOI), según denunció Comisiones Obreras. Unos cierres que suponen el despido de 40 trabajadores, según los cálculos que maneja el sindicato.

Fotografía de archivo de Esperanza Aguirre y Arturo Fernández. (EFE)
Fotografía de archivo de Esperanza Aguirre y Arturo Fernández. (EFE)

Quienes tampoco saben qué pasará con su futuro laboral son los cinco empleados –cuatro camareros y un cocinero- del conocido restaurante Hispano que el presidente de la patronal madrileña tiene abierto en el paseo de la Castellana de la capital. Según ha podido saber El Confidencial, el grupo Cantoblanco adeuda a este grupo de empleados -que lleva más de veinte años a su servicio- las nóminas de junio, julio y la paga extraordinaria de verano. Este viernes, la empresa  se comprometió a pagar las deudas pendientes con sus trabajadores, que no se fían de las buenas intenciones del hostelero que este fin de semana se reunía con Esperanza Aguirre.  

Problemas también en el negocio educativo

La buena sintonía entre empresario y los populares de Madrid llega hasta tal punto que el PP madrileño suele celebrar sus reuniones electorales en uno de los reservados de uno de los más lujosos restaurantes de la cadena Arturo. En enero de 2013, Fernández fichó para las filas de la CEIM a Lourdes Cavero, esposa del actual presidente de la Comunidad de Madrid. Cavero dimitió como vicepresidenta de la confederación para no torpedear las elecciones a la patronal y, tres semanas después, Fernández la incluyó en su lista para esas mismas elecciones que terminó ganando.   

Los problemas económicos del dicharachero restaurador del Club de Tiro Cantoblanco, nieto del armero real de Alfonso XIII, no se acaban con sus negocios hosteleros. Arturo también quiso montar un imperio alrededor de la concesión de colegios concertados que se extendieron en la Comunidad de Madrid en la época dorada de Aguirre. Pero la crisis llegó y ahora las deudas se acumulan también en este sector. En Torrelodones deberá abonar 4.000 euros diarios a partir de septiembre si no construye el polideportivo y el aparcamiento que comprometió en el colegio concertado Peñalar.

Fernández se fusionó con el socio de la empresa Gecesa en Colegio Peñalar SL para optar al concurso municipal en 2005, cuando entonces el PP aún dirigía el Ayuntamiento de Torrelodones. Ofrecieron casi el doble de lo que el consistorio requería en el pliego de condiciones. Su oferta pasó de los 263.000 euros mínimos a 465.000 euros anuales por una cesión prevista para 75 años. Fueron los únicos que optaron al concurso y resultaron los adjudicatarios. Tiempo después, el grupo consiguió que el ayuntamiento rebajara el canon argumentando que en el proyecto original no se incluía el aparcamiento subterráneo, lo que disparó los gastos.

Ocho años después, el colegio supera el millar de alumnos y su dueño sigue incumpliendo parte del contrato que cerró con Torrelodones. El mayor quebradero de cabeza para Arturo en estos momentos es que el municipio cambió de color y ahora lo dirige otro partido, Vecinos por Torrelodones, que ya le ha puesto fecha a la tregua: tiene de plazo hasta el 1 de septiembre para empezar las obras prometidas o deberá abonar 4.000 euros diarios.     

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