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Salamanca, de ciudad universitaria a capital fantasma durante los meses de verano
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La ciudad depende de los estudiantes

Salamanca, de ciudad universitaria a capital fantasma durante los meses de verano

"Vivimos del estudiante", es una de las frases más repetidas por los comerciantes de Salamanca. ¿Depende la economía de los universitarios?

"Vivimos de los estudiantes" es una de las frases más repetidas por comerciantes y hosteleros que tienen negocios en Salamanca. ¿Es que la economía de la ciudad depende de los jóvenes universitarios? ¿Qué sucede, entonces, en julio y agosto? De los 32.000 alumnos que tiene la Universidad de Salamanca, unos 13.000 proceden de fuera de la ciudad. Durante dos meses abandonan residencias, colegios mayores y pisos de estudiantes para pasar el verano en sus lugares de origen. La población estudiantil representa, en muchos casos, hasta el 80% de los ingresos en las cajas registradoras de comercios y bares. "Durante el verano tenemos 10.000 ofertas para atraer a la gente, pero notamos mucho su marcha, vivimos de ello", asegura Julián Bermejo desde un local de copas situado en el centro.

La llegada de estudiantes de español (hay 2.000 matriculados sólo en los cursos de las dos universidades presentes en Salamanca, a los que hay que sumar los que acuden a academias privadas) y de los más de 200.000 turistas que visitan la ciudad entre julio y septiembre ayuda a paliar los efectos de esta "crisis" de verano. Pero para muchos dueños de negocios locales no es suficiente: "Hace años se trabajaba muy bien el verano gracias a los extranjeros. Pero ahora no, y se están cobrando las cervezas como hace quince años", dice Bienvenido, exdueño de varios bares de copas de la ciudad.

Muchos locales optan por abrir menos horas e incluso cerrar algunas semanas durante el verano: "Trabajamos para los estudiantes y en Semana Santa, Navidades y verano tenemos el local prácticamente vacío", afirma el camarero de una cafetería próxima al campus universitario. Para poder permitirse el lujo de colgar el cartel de "cerrado por vacaciones", Javier Santos, dueño de una tienda de alimentación, trabaja una media de cuatro horas diarias de más entre septiembre y junio para compensar estos dos meses. Javier lleva 20 años trabajando en un barrio en el que reside una mayoría de jóvenes universitarios. "La población estática ha ido envejeciendo y las viviendas han quedado para alquiler de estudiantes. Llega un momento en el que tenemos una dependencia casi de un 80% cuando, hace años, era un 20%."

Aunque son, sin duda, las copisterías uno de los negocios más afectados por la marcha de los estudiantes. "Representan el 100% de nuestros ingresos", asume José Luis Hernández, desde una de las reprografías próximas al campus. También otro tipo de negocios como los gimnasios se ven afectados por el período estival: "En verano damos otro tipo de clases dirigidas a la gente que se queda en la ciudad, que es gente mayor", afirma Javier Encinas.

Hay otro tipo de comercios que no sufren de manera tan dolorosa estos meses de verano, como es el caso de Inés Palomero y su tienda de ropa y complementos a dos minutos de la Plaza Mayor. Su local cambia los estudiantes nacionales por los extranjeros y los turistas, por lo tanto no le afecta tanto la marcha de los universitarios nacionales. Los mismos universitarios que, Javier Ercilla (trabajador de una librería y tienda de discos) no define como sus principales clientes. "Se nota su ausencia en presentaciones de libros"; sin embargo, su caja registradora sí se ve compensada gracias a los estudiantes extranjeros de español, cuyos profesores adquieren películas y discos como material para sus clases.

No sólo la economía de la ciudad sufre cambios en verano: durante el curso la hostelería ha de hacer un ejercicio de reinvención para adaptarse a los sorprendentes nuevos hábitos de consumo de los estudiantes, que sacrifican la bebida en pos de tapas de 70 céntimos. Es el caso de Luis, propietario de uno de los locales más frecuentados por jóvenes universitarios: "Ahora prefieren tomarse una tapa antes que un cubata".

"Vivimos de los estudiantes" es una de las frases más repetidas por comerciantes y hosteleros que tienen negocios en Salamanca. ¿Es que la economía de la ciudad depende de los jóvenes universitarios? ¿Qué sucede, entonces, en julio y agosto? De los 32.000 alumnos que tiene la Universidad de Salamanca, unos 13.000 proceden de fuera de la ciudad. Durante dos meses abandonan residencias, colegios mayores y pisos de estudiantes para pasar el verano en sus lugares de origen. La población estudiantil representa, en muchos casos, hasta el 80% de los ingresos en las cajas registradoras de comercios y bares. "Durante el verano tenemos 10.000 ofertas para atraer a la gente, pero notamos mucho su marcha, vivimos de ello", asegura Julián Bermejo desde un local de copas situado en el centro.

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