apenas se concentraron 200 manifestantes

El abrumador despliegue policial silencia la protesta de republicanos con once detenidos

El Ministerio del Interior quería que la proclamación de los nuevos reyes de España discurriera sin sobresaltos, y esa exigencia pasaba también por impedir que las protestas a favor de la Tercera República se colaran en los actos oficiales.

El Ministerio del Interior quería que la proclamación de los nuevos Reyes de España discurriera sin sobresaltos, y esa exigencia pasaba también por impedir que las protestas a favor de la Tercera República se colaran en los actos oficiales. El dispositivo diseñado en los últimos días, el más contundente desde la boda de Don Felipe VI y Doña Letizia en 2004, logró esos objetivos. Ni la seguridad de los monarcas corrió riesgos ni fue posible ondear la bandera republicana en los lugares más emblemáticos del programa.

Los 7.000 agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado (4.300 policías nacionales y 2.700 guardias civiles) y 1.500 policías municipales de Madrid movilizados para proteger la zona del Congreso de los Diputados y el recorrido hasta el Palacio Real se emplearon a fondo para evitar que las protestas contra la Monarquía llegaran hasta los protagonistas de la jornada.

Tan sólo dos centenares de personas salieron a las calles por la mañana para reivindicar la instauración de la Tercera República, pero apenas pudieron manifestarse. Como reveló este diario, los policías nacionales tenían la orden de prohibir el acceso al recorrido oficial a ciudadanos que portaran símbolos antimonárquicos. Responsables del operativo consultados por este diario aseguraron que la decisión sólo pretendió evitar que se produjeran enfrentamientos espontáneos entre defensores y detractores de Felipe VI y negaron que la medida buscara silenciar a los opositores al relevo en el trono.

Prohibición de símbolos republicanos

La instrucción se cumplió estrictamente. Los agentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP) apostados en los accesos al recorrido registraron bolsos y mochilas para impedir la entrada a la zona de seguridad de objetos contundentes y artefactos, pero también de camisetas, pancartas y banderas republicanas. Y los ciudadanos que lograron colarse con símbolos contrarios a la monarquía fueron conducidos a espacios secundarios, intencionadamente alejados de las calles por las que pasó Felipe VI saludando al público asistente una vez que ya había sido proclamado rey.  

 

Eso fue lo que ocurrió en torno a las 10.30 horas a la altura del número 38 de la calle de Gran Vía. Los aproximadamente 25 manifestantes que escogieron ese punto de la carrera oficial para ondear la enseña republicana fueron desplazados por la Policía Nacional hacia plazas del barrio de Chueca. Y los que decidieron protestar en la zona de Sol se vieron obligados a reubicarse en la calle de Espoz y Mina y en la plaza de Tirso de Molina.

La policía identificó a varios de los manifestantes y detuvo a tres de ellos por desobediencia y resistencia a la autoridad. Una cuarta persona fue detenida en torno a las 14.30 horas por abrirle la ceja a un hombre que portaba la bandera de España. Pero no se produjeron más incidentes.

Interior temía que grupos anarquistas o antisistema aprovecharan la expectación del relevo en el trono para conseguir visibilidad con altercados o desórdenes públicos. Pero los grupúsculos más radicales no comparecieron. El director general de la Policía, Ignacio Cosidó, advirtió la semana pasada del riesgo de que se registrara un atentado de inspiración anarquista de baja intensidad. Por suerte, la amenaza no llegó a materializarse. 

Protestas en Sol

En la Puerta del Sol, donde a las 12 horas se había convocado una de las concentraciones prohibidas por la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid (la decisión fue ratificada luego por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid), tan sólo se reunió a esa hora medio centenar de manifestantes que también fue rápidamente trasladado hasta la zona de Tirso de Molina.

 

Con todo, la Junta Estatal Republicana (JER) y la Coordinadora 25-S, promotoras de la mayoría de manifestaciones anti-monárquicas que se habían celebrado desde el anuncio de la abdicación del Rey Juan Carlos, llamaron a nuevas movilizaciones por la tarde. La más numerosa alcanzó la Puerta del Sol en torno a las 20 horas. Alrededor de 200 personas se concentraron en el kilómetro cero gritando "¡Viva la República!", "¡España mañana será republicana!" y otras consignas contra la monarquía y reclamando libertad de expresión. 

El grupo fue rodeado por los antidisturbios que aún estaban en Sol. La mayor parte de la protesta discurrió pacíficamente pero algunos de los asistentes se negaron a obedecer las órdenes de los agentes de las UIP y se enfrentaron a ellos. El resultado fue la detención de otros siete manifestantes, entre ellos el exsecretario general del Alianza Popular Jorge Verstrynge, y un saldo de cinco heridos leves, tres de ellos, policías antidisturbios. Los choques concluyeron cuando la manifestación abandonó Sol rumbo a la cercana plaza de Tirso de Molina.  

Cabecera de la manifestación que llegó a Sol por la tarde (EFE)
Cabecera de la manifestación que llegó a Sol por la tarde (EFE)

 

La JER difundió un comunicado para denunciar que Madrid había sido “militarmente tomado por ejército y policía con el único interés político de evitar, a través del miedo y la amenaza de represión, la posibilidad de que los republicanos” salieran a las calles. La JER también subrayó el escaso número de ciudadanos que a su juicio congregó Felipe VI. “Salvo en la Plaza de Oriente, las calles han estado desiertas. (…) Era posible encontrar sitio hasta llegando tarde”. 

Zonas cerradas al público

Lo cierto es que los responsables del operativo policial también esperaban mayor afluencia por la trascendencia de la jornada. En el camino hacia el Congreso, la comitiva oficial apenas encontró público. Y en la ruta posterior hacia el Palacio Real, había zonas casi desiertas. A esa sensación contribuyeron sin duda las fuertes medidas de seguridad impuestas por Interior, que prefirió sacrificar la proximidad de los ciudadanos a los Reyes para proteger al máximo su integridad.

 

Las restricciones dejaron prácticamente vacías las plazas de Neptuno y Cibeles. Otros puntos del recorrido también quedaron cerrados al público. Los controles policiales fueron aún más intensos en la Plaza de Oriente. Los ciudadanos que se acercaron hasta ese punto de Madrid para presenciar en directo el saludo de la Familia Real desde el balcón del palacio tuvieron que superar hasta tres filtros de seguridad y cruzar arcos de detección de metales. No obstante, la plaza acabó llenándose. El saludo duró cuatro minutos y 20 segundos.

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