presidido por los reyes y los príncipes

La ‘suarezmanía’ oficial echa el cierre a la Transición y la Almudena toca a difuntos

El punto y final a la “suarezmanía” oficial que ha impregnado estos días el corazón de la vieja y doliente España lo es también para el “régimen” que significó la larga y difícil Transición. La Transición ha muerto, ¡viva la democracia!

Foto: Aznar estrecha la mano de Rajoy en presencia de Rodríguez Zapatero y Felipe González. (Reuters)
Aznar estrecha la mano de Rajoy en presencia de Rodríguez Zapatero y Felipe González. (Reuters)

En la segunda ocasión en la que la catedral de Almudena ha tocado a difuntos, el cielo de Madrid recibió a todo el Estado y a 16 dignatarios internacionales con negros presagios pese al estallido primaveral que anuncian sus mal cuidados árboles. En efecto. El punto y final a la 'suarezmanía' oficial que ha impregnado estos días el corazón de la vieja y doliente España lo es también para el 'régimen' que significó la larga y difícil Transición. La Transición ha muerto, ¡viva la democracia!

Desde últimas horas de la mañana de este lunes plomizo y desapacible, los servicios de seguridad peinaban la calle Bailén y aledaños. La televisión pública estatal aparcaba sus inmensos equipos de retransmisión y el cardenal Antonio María Rouco Varela ultimaba su discurso, probablemente el último que pronuncie ante tan magna concurrencia antes de pasar a la jubilación.

Los españoles no somos muy dados a exteriorizar nuestros sentimientos con la bandera nacional. Sólo conté dos, justo enfrente del templo. Un colega francés me comentaba asombrado la ausencia generalizada de la enseña nacional con algún crespón negro. “En Francia o Reino Unido estaría plagado de banderas…”, musita en no muy correcto castellano.

Todavía reposa caliente el cadáver del duque en el claustro de la catedral de Ávila y ya han empezado a dispararse tracas a su alrededor. Que si por anillo del ducado, que si porque el perro de la Zarzuela quiso morderle los cataplines durante su teórica bronca con Don Juan Carlos a propósito del 23-F. ¡Es harina del costal de historiadores!

Adolfo Suárez Illana junto a su esposa Isabel Flores, sus dos hijos, su hermana Sonsoles y la pareja de esta.
Adolfo Suárez Illana junto a su esposa Isabel Flores, sus dos hijos, su hermana Sonsoles y la pareja de esta.
Lo que tuvimos ayer por la tarde-noche en el Madrid de los Austrias era una misa de “Estado” –¡como si Dios entendiera de esas cosas!– por el alma de “nuestro hermano Adolfo”. El hombre que a los 47 años fue apartado bruscamente de lo que le gustaba más que la tortilla francesa o el Ducados internacional: la política. Los dignatarios de la Nación en pleno, presididos por los Reyes con los Príncipes, con el primer ministro en ejercicio y los tres expresidentes con cara de funeral. Y el resto de las instituciones va de suyo mencionarlas.

No tengo muy claro que le habría gustado al muchacho de Cebreros que asistieran a su funeral personas como el presidente guineano Teodoro Obiang, aunque él le apoyó inicialmente, el primer ministro marroquí (se las tuvo muy tiesas/tiesísimas con el rey Hassan II) o el representante de la Armada estadounidense porque durante su mandato los USA no paraban de presionar y le tomaron el número cambiado creyendo que era ‘comunista’ y otras paqueiradas. Pero por aquí anduvieron compungidos.

El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, y su esposa, Constancia Mangue.
El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, y su esposa, Constancia Mangue.
Nick Clegg, viceprimer ministro británico, puntualidad anglo, llegó media hora antes con su bella esposa vallisoletana, que fue una de las pocas que se arrodilló en la misa.

Rezo, silencio y recuerdo

La espera la consume Rodríguez Zapatero haciendo risas (es lo suyo) con Aznar, que tuerce hosco el bigote y asiente con la cabeza. Felipe González busca al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, una fila posterior, con el que parece tiene mucho interés en conversar. Y conversan. Seguramente de asuntos de inmigración y violencia callejera.

La misa

Con una puntualidad espartana, los Reyes llegaron al templo donde el jefe es todavía el cardenal Rouco. La imagen que ofrecía la catedral de Madrid era espectacular, imponente.

Tras el himno nacional a las notas del resonante órgano para anunciar la llegada de Don Juan Carlos y Doña Sofía sigue un réquiem que abre la ceremonia religiosa y pone la carne de gallina: la Iglesia sabe como nadie organizar grandes y espectaculares eventos, pues más de 20 siglos confieren un toque de distinción. Treinta sacerdotes, dos cardenales y seis obispos. Entre ellos, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Blázquez.

Adolfo, nieto del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez, durante la lectura. (EFE)
Adolfo, nieto del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez, durante la lectura. (EFE)
La epístola es leída por Adolfo, el nieto del duque e hijo mayor del hoy jefe de la familia. Luego, el cardenal Rouco Varela pronuncia una homilía de siete minutos invocando a la Santa de Ávila y reivindicando el catolicismo practicante del finado.

El resto, una misa de alto copete, aunque de luto católico.

Los ex-Adolfos

En un aparte de la catedral, muy cerca de la presidencia, se sientan los exministros de Suárez vivos (Martín Villa, Landelino Lavilla, Marcelino Oreja, Bayón, Lamo de Espinosa, etc.), entre los que también se sienta la expresidenta Esperanza Aguirre. En otro, los tres padres de la Constitución vivos, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero y Miquel Roca, tan educado como siempre. Hasta me recordó alguna crónica mía durante la elaboración de la Carta Magna. Justo detrás, los editores, con el conde de Godó a la cabeza y Alfonso de Salas, o el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, que antes que PP fue UCD.

Posada (i), García Escudero (2i), Pérez de los Cobos, Carlos Lesmes (2d)  y Soraya Sáenz de Santamaría.
Posada (i), García Escudero (2i), Pérez de los Cobos, Carlos Lesmes (2d) y Soraya Sáenz de Santamaría.
Entre los dirigentes con poder en ejercicio, Artur Mas –flanqueado por el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo– y el lendakari Íñigo Urkullu, ambos arropados por sus respectivas 'guardias de corps', juntos pero no revueltos. ¡Por fin huelen los más díscolos “lendakaris” el incienso de la Almudena! Con olor centralista, naturalmente.

Los bancos de la familia

Ocupaban la mayor parte de la nave santa. Entre los amigos,  destacan Juan José Padilla, el famoso torero del parche, y Raphael y Natalia Figueroa. Muchos, muchos, muchos. A las 20:02 h, el cardenal más poderoso de España cantó el “Ite misa est…”. Adolfo, el presidente de nuestra más tierna juventud, era ya pasta de la Historia y por la Historia viva.

Fuera, ya de noche en Madrid, el pueblo esperaba impávido. Para silbar a la mayor parte de los políticos y aplaudir a casi nadie.

España
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