Un hijo de su ministro de Marina, AL MANDO

Suárez recupera la unidad de la Transición y el homenaje militar en su capilla ardiente

El homenaje a Adolfo Suárez consiguió unir por unas horas en el Congreso en unánime elogio a todas las familias políticas que en vida le vilipendiaron

Foto: Una persona sostiene tres claveles ante un portada de un periódico con la imagen de Alfonso Suárez. (EFE)
Una persona sostiene tres claveles ante un portada de un periódico con la imagen de Alfonso Suárez. (EFE)

El homenaje a Adolfo Suárez consiguió unir por unas horas en el Congreso en unánime elogio a todas los partidos y familias políticas que en vida lo vilipendiaron, lo traicionaron, lo arrinconaron, le hicieron la vida imposible o lo olvidaron durante años. Socialistas veteranos, exucedistas de primera hora y curtidos centristas pasados por el PP se mezclaron en la capilla ardiente instalada en el Salón de los Pasos Perdidos, por donde desfilaron miles de ciudadanos para rendir su último homenaje al hacedor de la Transición. Sólo Artur Mas dio la nota con un amago de mitin a favor de su consulta independentista que tuvo que corregir Miquel Roca al pedir que no se instrumentalizara la figura de su “amigo” fallecido.

Protagonistas de la Transición como Alfonso Guerra, Landelino Lavilla, Fernando Álvarez de Miranda, Felipe González, José Pedro Pérez Llorca, Carlos Robles Piquer, Miguel Herrero, Emilio Lamo de Espinosa, Rodolfo Martín Villa, Ignacio Camuñas o Manuel Núñez acudieron a la Cámara Baja. Todos juntos: liberales, democristianos y azules de la UCD que Suárez no supo o no le dejaron forjar en un partido unido hasta forzar su dimisión, más los cerebros de la operación de acoso y derribo organizada por el PSOE contra Suárez para adelantar su llegada al poder.

Luis Ramallo, exdirigente de UCD y del PP, tuvo el arranque de pedir perdón a Adolfo Suárez Illana por las faenas (utilizó otro término) que en él mismo y sus compañeros de generación política (de la derecha, el centro y la izquierda) le hicieron a su padre entre finales de los años 70 y principios de los 80.

Los ex presidentes Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe González (Reuters)
Los ex presidentes Rodríguez Zapatero, José María Aznar y Felipe González (Reuters)
En la capilla ardiente tampoco faltaron los expresidentes del Gobierno de la democracia consolidada que se tratan entre sí lo menos posible: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Incluso mantuvieron las distancias cuando Mariano Rajoy llegó acompañando a Su Majestad el Rey. Los cuatro jefes del Ejecutivo de la democracia ofrecieron una imagen conjunta impensable salvo en esta despedida a Adolfo Suárez.

De las actuales fuerzas políticas representadas en el Congreso estuvieron los partidos fieles al pacto de la Constitución (PP, PSOE y UPyD), más el que se bajó a última hora en 1978 del tren del consenso (el PNV) y el que ahora abjura de la Transición después de protagonizarla con papel estelar: el PCE. La Izquierda Unida de Cayo Lara ha roto con los compromisos de Santiago Carrillo (bandera, monarquía, capitalismo y mundo occidental), pero de todas formas acudió para no ser menos que los demás. La viuda y los hijos de Carrillo se presentaron por su cuenta al homenaje.

Espectáculo de CiU: Duran elude a Mas y Roca se desmarca

Un caso aparte es el espectáculo que dieron los dirigentes de CiU. Josep Antoni Duran estuvo a primera hora en la capilla ardiente, como los demás portavoces parlamentarios, nada más llegar el féretro envuelto en la bandera. Luego desapareció. Tenía un asunto pendiente en Barcelona. A mediodía tenía previsto su llegada el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y acudió a recibirle a la puerta una delegación entera de Convergència encabezada por el secretario de la Mesa, Jordi Jané. Mas aprovechó para repetir el discurso que da desde que se conoció el fallecimiento de Suárez sobre el coraje y la rapidez con que el difunto presidente del Gobierno recuperó la institución que él ahora preside. No es para agradecerlo, sino para insinuar que él puede lograr la independencia de Cataluña en breve e invitar a Rajoy a facilitarle el trámite. Se compara con Suárez y compara a este con el actual presidente del Gobierno.

Miquel Roca (i), ante el féretro del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez. (EFE)
Miquel Roca (i), ante el féretro del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez. (EFE)
Después llegó al Congreso Miquel Roca, padre de la Constitución, protagonista de la Transición y amigo de Suárez. No quiso seguir la huella de Mas; al contrario, desautorizó sus palabras. “Vale por sí mismo, por su recuerdo y por todo lo que ha dejado”, comentó para rechazar cualquier comparación y sentenciar que no era el momento “para instrumentalizar su figura”.

Roca cumplió con el guion del elogio: “Pierdo un amigo y se va una persona entrañable de un gran valor que prestó grandes servicios al país en un momento muy complicado y muy difícil”. También mostró su alegría ante el hecho de que, por fin, se haga justicia con la figura de Adolfo Suárez. Jordi Pujol también fue por la tarde y se conformó con glosar la obra del finado.

Los almirantes vuelven a servir a Suárez

Mientras autoridades y ciudadanos particulares desfilaban ante los restos del primer presidente de la democracia, otra institución rendía honores de forma más discreta. Eran los miembros de las Fuerzas Armadas que transportaron a hombros el féretro de Suárez y que luego lo flanquearon firmes durante toda la jornada en representación del Ejército, la Armada, el Ejército del Aire y la Guardia Civil.

Se encarga de coordinar esos honores militares los enviados del almirante Javier Pery Paredes, director del gabinete técnico del ministro de Defensa. Es hijo del único alto mando de la Armada que en la Semana Santa de 1977 aceptó el cargo de ministro de Marina que dejó vacante Gabriel Pita da Veiga para protestar por la legalización del PCE decidida por Suárez: el almirante Pascual Pery Junquera. Fue el último ministro de Marina y el militar que permitió al entonces jefe del Ejecutivo salvar una crisis que se quedó luego en anécdota, pero que esos días de vértigo estuvo a punto de frenar la Transición.

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