ACTO DE ‘LA VANGUARDIA’ EN EL CASINO DE MADRID

El Gobierno escenifica un acercamiento a la cara más amable de Cataluña

La presencia de Jesús Posada en la presentación de 'España en el diván' ya era indicativa de que el Madrid institucional quería estar en el Casino

Foto: Los ministros de Interior, Jorge Fernández Díaz (i), Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo (c), y el presidente del Congreso, Jesús Posada. (EFE)
Los ministros de Interior, Jorge Fernández Díaz (i), Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo (c), y el presidente del Congreso, Jesús Posada. (EFE)

Un acto de alto voltaje político, de singular intensidad social y de particular interés periodístico. El nunca bien ponderado y uno de los hombres más entregados a la cultura en España, Ricardo Rodrigo, presidente de RBA y de su Fundación, y Javier Godó, conde de Godó, editor de La Vanguardia, lo consiguieron. Al hilo de la presentación de España en el diván de Enric Juliana, director adjunto del diario barcelonés y responsable de su redacción en Madrid, Rodrigo y Godó lograron abarrotar el Salón Real del Casino de Madrid ayer a las ocho de la tarde.

La intencionalidad de la convocatoria apuntaba mucho más largo de lo que parecía. Se presentaba el libro de un catalán de Badalona que interpreta la(s) España(s), pero también comparecía, a medio camino entre el examen y la curiosidad, el nuevo director de La Vanguardia, Màrius Carol. Y al mismo tiempo, se trataba de medir la receptividad madrileña hacia el diario emblemático de la burguesía catalana y de entablar también una suerte de conversación sobre lo que ocurre allí relatado por catalanes –Carol y Juliana– inquiridos por una periodista que hace honor a la profesión –no dejó de preguntar todo lo que debía ser preguntado– como Monserrat Domínguez, madrileña de pro que reivindicó el otro Madrid, esa ciudad “un poco canalla” y “abierta”.

Y todo salió bien. Porque la presencia contundente de Jesús Posada, presidente de las Cortes, ya era indicativa de que el Madrid institucional quería estar en el Casino. Y también el Gobierno, que se hizo representar con el responsable de Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, y por el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz. Y la estructura de poder político aguas abajo: desde Álvaro Nadal –jefe de la oficina económica de la Presidencia del Gobierno– a Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación.

Enric Juliana (c) junto a Montserrat Domínguez, y Màrius Carol, director de La Vanguardia. (EFE)
Enric Juliana (c) junto a Montserrat Domínguez, y Màrius Carol, director de La Vanguardia. (EFE)

La Casa del Rey no faltó, representada por Javier Ayuso, al que no pudo acompañar por imprevistos –aunque quiso hacerlo– Rafael Spottorno. Allí, con la caballerosidad y sensatez que le caracteriza, estuvo también Alberto Aza, que saludó efusivamente a una Esperanza Aguirre que lucía feliz y en forma al lado de Luis Conde, su jefe catalán.

Y entre tantos y tantos, Ramón Jáuregui, que representaba a un PSOE al que se le despistó el acto de la agenda. Diputados del PP (Carlos Aragonés, que fuera jefe del Gabinete de Aznar en sus años de presidencia), de CiU (Duran i Lleida) y de otros territorios ideológicos como UPyD, representada por Irene Lozano. No faltaron responsables empresariales (desde el ubicuo Giró, de la Caixa, al siempre discreto y eficiente Francisco Polo, de Ferrovial, entre otros). Y muchos periodistas como la presidenta de la APM, Carmen del Riego, y el secretario general de la Asociación de Periodistas Europeos, Miguel Ángel Aguilar. Y gentes varias de la cultura (Manuel Rodríguez Rivero se hizo notar en su gran humanidad), de la comunicación empresarial (Nuria Vilanova) y de asociaciones tan influyentes como la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España (Jaime Malet).

Negritas aparte, Carol y Juliana no se anduvieron por las ramas, reivindicaron la centralidad de La Vanguardia, y dibujaron una Cataluña distante y convulsa, sentimentalmente herida, sin conceder al auditorio ni un solo eufemismo consolador. El nuevo director del diario barcelonés envió un mensaje claro y rotundo: las cosas en Cataluña no se producen como a él le gustaría –ni a su editor–, pero de nada vale ocultar la realidad. Y la realidad de Cataluña es –con el ruego de Juliana de no incurrir en dramatismos– difícil. La descripción intencional de Carol de la potencia de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) impactó en un auditorio que no quería complacencias sino análisis, que deseaba entender lo que ocurre y qué hará el gran periódico de Cataluña. La respuesta fue rotunda: su director desveló que la única petición de su editor, Javier Godó, consistió en que “La Vanguardia sea lo que siempre ha sido”.  

El periodista Enric Juliana durante la presentación. (EFE)
El periodista Enric Juliana durante la presentación. (EFE)
¿Hacia dónde vamos? En los corrillos del canapé no faltaban especulaciones, unas más fundadas que otras. Abundaba la que suponía que Soraya Sáenz de Santamaría –flanqueada por su subsecretario Pérez Renovales– terminará por coger el toro por los cuernos. ¿Cuándo? Después de las elecciones europeas y antes de la Diada (11 de septiembre). ¿Deseo? Que se llegue a un acuerdo mucho antes del ocho de noviembre. ¿Cómo? Con una victoria compartida o con un empate, en palabras medidas, pesadas, milimetradas de un Màrius Carol que aparentaba aliviado cuando terminó el acto, mientras Enric Juliana, venciendo el miedo escénico, afirmaba ante buena parte de la nomenclatura del poder: “Cataluña es una nación”.

No fueron juegos florales, pero hubo una sintonía sincera. Fue una especie de abrazo en un reencuentro que Madrid y Barcelona necesitan. Puede ser el primer paso de otros para que suceda lo que Serrat cantaba con verso de Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y ayer –poco o mucho– se anduvo.

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