CONVENIO BILATERAL CON ESPAÑA

Adopciones de niños rusos, pendientes de una firma de Putin y del conflicto ucraniano

Las familias esperan la firma de un acuerdo entre España y Rusia para desbloquear las adopciones pero todo podría retrasarse por el conflicto en Ucrania

Foto: Niños de un orfanato de la ciudad rusa de Rostov-on-Don. (Reuters)
Niños de un orfanato de la ciudad rusa de Rostov-on-Don. (Reuters)

Un conflicto diplomático entre Rusia y el mundo puede provocar la pérdida de un hijo a una familia española. 150 parejas españolas que ya han conocido a su futuro hijo adoptivo ruso están pendientes de que el Gobierno de Putin y España firmen un convenio bilateral sobre adopciones internacionales que podría retrasarse por la crisis que se vive actualmente Europa.

La pesadilla comenzó después del verano, cuando Rusia paralizó todas las adopciones en el extranjero para impedir que sus menores fueran a parar a familias homosexuales o monoparentales, tras una recomendación del Tribunal Supremo ruso. A partir de ahí, todos los países que quisieran seguir siendo “adoptantes” debían firmar un convenio bilateral. España se dio prisa en redactar las reglas del juego y a día de hoy sólo queda que ambos países se sienten a firmar.

Pero las prisas no han evitado la situación más dramática: Luis Miguel García y su pareja Paula han perdido a su hijo adoptivo. Como aún no había una sentencia en firme del Tribunal Supremo ruso que le asignase al pequeño, Denis seguía figurando en la base de datos como niños disponibles para ser adoptados. Una familia rusa -que tiene prioridad respecto a la extranjera durante todo el largo proceso- se ha quedado finalmente con él. Hace un mes que Luis Miguel y Paula recibieron la fatídica llamada.

Luis Miguel y su mujer en un acto para pedir la firma del convenio bilateral.
Luis Miguel y su mujer en un acto para pedir la firma del convenio bilateral.
Tras año y medio de papeleos y con todo preparado -habitación, ropa, juguetes- Luis Miguel y Paula no volverán a tener nunca a Denis. "Cuando lo ves sientes que es tu hijo, cada vez hay un mayor vínculo con él, aprendes a quererlo y lo sientes tan adentro que tienes la necesidad de preparar al resto de tu familia para su llegada”, cuenta. Su objetivo es intentar que el número de afectados en su misma situación -entre 12 y 15 parejas- no aumente. Y volver a iniciar los trámites de adopción con otro niño.

Hay 500 expedientes abiertos de los cuales 150 ya han conocido al menor. Están desilusionados con la vía diplomática. “El aspecto técnico ha sido fenomenal, en mes y medio ya tenían redactado el nuevo convenio y el 20 de diciembre ya se aprobó en Consejo de Ministros. Pero nosotros pedíamos que, por vía diplomática, se garantizaran las adopciones hasta que llegara el convenio”, se lamenta Luis Miguel.

Pendientes de una llamada

Diego Mestre junto a su mujer
Diego Mestre junto a su mujer
Marta, Diego, Lola y sus respectivas parejas viven pendientes de un móvil que no quieren que suene. No quieren recibir la llamada de la ECAI (Entidad Colaboradora de Adopción Internacional) diciéndoles que su hijo ya ha sido entregado a una familia rusa. Los tres estaban preparando la documentación para viajar al país, oír una sentencia positiva del Tribunal Superior ruso y viajar con su pequeño a España. Todos tenían previsto convivir con su hijo entre octubre y noviembre del año pasado. La decisión de Putin paralizó las ilusiones.

“La llamada no ha llegado, por suerte, pero es el miedo que tenemos, es el principal miedo”, cuenta Diego Mestre. A finales de agosto estaban preparando toda la documentación para ir a recoger a Victoria, de tres años, y su máxima preocupación era decidir si durante los diez días que dura el proceso podrían quedarse en el país o tendrían que volver a España.

Llevan casi tres años en este proceso de adopción. Ya tenían su casa preparada, su habitación, la plaza en el colegio… “En el juicio tienes que demostrar que estás preparado para llevarte a tu hija. Ahora mismo tenemos una vida con niña pero sin niña”, se lamenta.

Diego, como el resto de estas familias, eligió este país para adoptar por la ausencia de conflictos que pudieran alargar los procesos. “Rusia era muy burocrático pero era seguro”, dice.

Desmontando la habitación

Lola Fernández no puede reprimir las lágrimas cuando habla del asunto. Hace diez meses que no ve a Ilya, de cuatro años, y no sabe cuándo podrá tenerlo en casa. “Hemos tenido que desmontar la habitación”, reconoce. Hace tres años que comenzaron con los trámites y reconoce que el proceso llega a ser desesperante.

Marta Yebra y su pareja decidieron viajar hace quince días a Rusia para volver a ver a Alexander, de tres años, pese a lo difícil de la situación. “Sabemos que no tenemos garantía  de nada todavía pero este viaje era un chute emocional”, dice. Es algo excepcional que las familias vean a sus pequeños dos veces antes de volver con él en el avión.

“Este golpe ha sido muy duro después de dos años y medio de trámites. Muchas familias ya les hemos conocido, les hemos tocado”, dice Marta, que reconoce que está haciendo un curso acelerado de relaciones internacionales ante la situación de Ucrania. “Creo que estamos colapsando la web de Exteriores cada vez que hay una comparecencia del ministro”.

Para estas familias la situación internacional es una preocupación más. “Cualquier suceso a nivel internacional nos puede perjudicar, los rusos pueden utilizar cualquier cosa para presionar a los estados”, apunta Diego.

¿Le interesa a Rusia retrasar la firma?

Javier Morales, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid, es optimista. “Rusia ve una posición cautelosa de España frente a quienes piden sanciones más duras. Somos un socio necesario y valora que esta semana se hayan reunido con el ministro de Exteriores no sólo el propio Margallo, sino el presidente del Gobierno y el Rey”.

Morales opina que si hay intención de retrasar este asunto no es tanto para dañar a España sino para presionar a Europa. Aunque el tema de las adopciones pueda parecer un tema banal como medida de presión, Vladimir Putin utiliza estos asuntos para seguir alimentando el patriotismo de su país. “Que restringa la posibilidad de que familias homosexuales adopten niños rusos puede darle mucho votos entre los sectores conservadores”.

José Manuel García Margallo y su homólogo Serguei Lavrov. (Reurters)
José Manuel García Margallo y su homólogo Serguei Lavrov. (Reurters)

Asimismo, priorizar los intereses de las familias rusas respecto a las extranjeras también tiene tintes políticos. “Putin lo hace para superar esa imagen de país tercermundista e impulsar la idea de que son una superpotencia. Si tienen que adoptar niños países desarrollados, ¿cómo van a dar imagen de una gran potencia?”, explica este profesor.

La “buena voluntad” de Rusia

Los afectados llevan desde octubre hablando con diputados, reuniéndose con los Ministerios de Exteriores y Sanidad -de quien depende las adopciones internacionales- y enviado cartas de forma masiva. “No entendemos cómo en una situación tan delicada como ésta no se aceleren los trámites y pasen semanas y meses. No podemos presionar a Rusia pero sí a nuestros diplomáticos”, señala Diego.

El ministro de Asuntos Exteriores, Jose Manuel García-Margallo, aprovechó la reunión con su homólogo ruso Serguei Lavrov, para destacar la “buena voluntad” del país para resolver el problema y aclaraba que, tanto él como Rajoy y el Rey, habían hecho “especial referencia” a este asunto en la reunión mantenida el jueves.

Hace un mes, el ministro respondía a una pregunta parlamentaria sobre esta cuestión asegurando que no había habido “ni una sola reunión” en la que no haya reclamado la aceleración de los procedimientos para firmar el convenio bilateral, consciente del “enorme dolor” que estaba causando en las familias su retraso.

Fuentes del departamento de Margallo reconocen que el ministro es consceinte de la “situación angustiosa” que se está viviendo. Recuerdan que España es el primer país en tener el texto redactado del acuerdo bilateral y que se han acelerado todos los trámites “al máximo”. España sólo está a la espera de la luz verde de Moscú; la pelota está ahora sobre el tejado ruso.

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