las juventudes psoe, pp e iu, en contra

Asturias deja de ser la única comunidad que permite beber alcohol a partir de los 16 años

La elevación de la edad para beber divorcia a los partidos asturianos de sus jóvenes. En pocas semanas, Asturias dejará de ser la última comunidad autónoma que permitía comprar y beber alcohol a los jóvenes de 16 años

Foto: El presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández. (EFE)
El presidente del Principado de Asturias, Javier Fernández. (EFE)

En pocas semanas, Asturias dejará de ser la última comunidad autónoma que permitía comprar y beber alcohol a los jóvenes de 16 años. Una ley aprobada por el Consejo de Gobierno del Principado de Asturias y que se encuentra en fase de tramitación en el Parlamento regional elevará la edad hasta los 18 años para poder adquirir bebidas de graduación y consumirlas en la calle o en los bares. La vigencia de la ley se da por hecha, teniendo en cuenta que todos los grupos parlamentarios, con diversas matizaciones sobre el articulado y otro asuntos añadidos, han mostrado ya su disposición a bendecir la restricción a los más jóvenes. Sin embargo, son los protagonistas de la normativa los que han mostrado sus reparos a la misma, prácticamente sin distinción de ideologías o formas de entender la política.

Elevar la edad para poder consumir al alcohol no va a resolver el problema de las llamadas borracheras juveniles. Esto es lo que aseguran las distintas organizaciones de jóvenes, que ponen de relieve que contra la legislación prohibicionista son más eficaces las medidas educativas y preventivas. Sobre la base de que todos los estudios apuntan a los 13 años la edad en la que se produce el primer contacto entre el alcohol y los jóvenes y que, curiosamente, es en las comunidades con más control policial o legislativo donde se produce el mayor índice de bebedores menores, las organizaciones que agrupan a los militantes de menor edad reclaman más información y "menos represión".

Entre los argumentos de estas organizaciones destaca el razonamiento de que si la normativa que prohibía consumir alcohol a los menores de 16 años no impedía que fueran frecuentes los adolescentes que con 14 ya habían llegado a su casa ebrios bastantes fines de semana, esa misma situación se dará con el aumento de la edad para consumir a los 18. Además, ponen de relieve que existen argucias para sortear las disposiciones que rechazan que se adquiera alcohol en los supermercados a quienes no tienen edad para ello: simplemente encargan a un joven que rebase esa edad o, lo que denuncian con escándalo, muchos padres se avienen a comprar las botellas para sus hijos.

El drama social que supone el abuso de alcohol entre los menores sólo se puede encarar con educación y concienciación. Ese el análisis que las Juventudes Socialistas de Asturias han hecho público tras conocer la aprobación de la ley por el Gobierno asturiano. Es significativo que los jóvenes del PSOE hayan encabezado la oposición a la norma sobre la elevación de la edad para beber alcohol, ya que sus mayores son los que dirigen en solitario el Ejecutivo regional. Pero ello no representa ningún peligro de cisma, ya que también los jóvenes del Partido Popular y los de Izquierda Unida están en una posición política muy parecida y en el rechazo a que se criminalice a los jóvenes que beben alcohol de una manera más responsable. En general, todos ellos discrepan de la medida y no comparten "en absoluto" la exposición de motivos para subir la edad de consumo.

En el otro extremo, se colocan los que consideran alicorta la ley y reclaman una prohibición total de fenómenos juveniles como el botellón, como asociaciones de vecinos y hosteleros, sin tener en cuenta que las competencias sobre esta materia corresponden a los ayuntamientos y no a las comunidades autónomas. La oposición de los jóvenes a la eliminación el botellón es también radical, como sucedió en Gijón hace unos seis meses, cuando una ordenanza aprobada con los votos de PP y Foro Asturias terminó con la permisividad mostrada hasta entonces con el consumo de alcohol por los chavales en la calle. Llegaron a producirse, entonces, desafiantes 'quedadas' de menores para hacer botellón en zonas emblemáticas de la ciudad, que finalizaron con intervenciones policiales y multas administrativas.

Las críticas a la doble moral existente en la relación entre los jóvenes y el alcohol es puesta de manifiesto por asociaciones juveniles cuando acusan a los responsables políticos de prohibir a los chavales beber en la calle y permiten, e incluso alientan, a que en las zonas comerciales popularmente conocidas como rutas de los vinos, establecimientos hosteleros coloquen en la calle toldos y utensilios variados para poder tomar alcohol (a la vez que fumar) con el consiguiente ruido y perjuicio para los vecinos, que es el principal motivo para castigar el botellón.

Más restricciones a fumar en público

Como la ley aprobada por el Gobierno asturiano se denomina oficialmente Ley de Atención Integral en Materia de Drogas, el Principado ha incluido un polémico apartado que restringe aún más que la ley estatal la prohibición de fumar en las marquesinas de los autobuses y en los espacios con cubiertas y retranqueo de fachadas, lo que la convertirá en la más limitadora de todas las comunidades autónomas, lo que ha motivado que los grupos parlamentarios vayan a plantear enmiendas. Aunque desde la Consejería de Sanidad se explica que ya en la ley estatal se impide fumar en estos espacios púbicos, aunque no venga escrito de forma explícita en el texto de la misma, la enumeración de todos los lugares en los que fumar será objeto de multa no ha gustado a algunos partidos, los más reacios a aceptar la ley española.

El anteproyecto aprobado por el Consejo de Gobierno también hace alusión a la determinación de poner coto a algunos modos de promoción hostelera como la barra libre o la hora feliz. El hecho de que la primera de las modalidades sea muy común en festejos familiares como bodas o en actos populares le ha servido para que el PSOE dé marcha atrás en su deseo inicial, pero aquellas ofertas que plantean dos copas al precio de una o el tope para beber entre determinada franja horaria o, sobre todo las pruebas de resistencia, serán desterradas y los establecimientos que las publiciten, objeto de multa, a pesar de que los empresarios del sector consideren que se trata de una injerencia en las prácticas comerciales de sus negocios.

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