LA SEMANA NEGRA DEL PP DE MADRID

De los ‘emails’ de Blesa a la ‘última cena’ de Rajoy y Aguirre con Ignacio González

El PP de Madrid se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza para Génova. Botella y González están más cuestionados que nunca

Foto: Ignacio González, Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Carlos Floriano y Cristina Cifuentes (Efe).
Ignacio González, Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Carlos Floriano y Cristina Cifuentes (Efe).

En la cena de Navidad que el Partido Popular de Madrid celebró el miércoles en Collado Villalba con militantes y simpatizantes no se pudo ocultar el viento de relevo general que sobrevuela el ayuntamiento y la Comunidad. Mariano Rajoy evitó respaldar públicamente a Ignacio González, que optó por el ataque como la mejor de las defensas tras conocer la imputación de su esposa, Lourdes Cavero, por un posible delito fiscal y otro de blanqueo en la compra del ático que el matrimonio posee en Estepona.

La semana más negra para el PP de Madrid empezó a tejerse un día antes, cuando Aguirre declaró en su despacho de la sede de Génova que el presidente del Gobierno conocía dos pelotazos urbanísticos relacionados con la Gürtel. La traca final llegó cuando salieron a la luz algunos de los emails que Miguel Blesa se cruzó con José María Aznar y la propia Aguirre y que dejan en evidencia la lucha interna que hubo por controlar Caja Madrid.

Cuando en Génova creían que tras la resaca del huracán Bárcenas el partido ya no se vería más resentido, a la dirección general se le abre un nuevo frente: el Partido Popular madrileño, donde varios patinazos y escándalos han desestabilizado a la formación en sus dos máximos centros de poder territorial. Tanto el Palacio de Cibeles como la Real Casa de Correos atraviesan sus momentos más bajos de los últimos años. En Génova ya preparan un 'plan B' para enfrentarse a las municipales y autonómicas con un mínimo de solvencia. Mariano Rajoy no tiene ninguna prisa, pero la preocupación existe. Madrid se ha convertido en un problema con el que nadie contaba y en el que el tándem González-Botella ya no encaja.

Ignacio González utilizó la cena que el PP de Madrid brinda a simpatizantes y militantes todos los años por Navidad para hablar de la imputación de su mujer, en la que defendió que faltan hechos y delitos que la acrediten. Intentó sacar el tema en la mesa presidencial que compartía con Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Ana Botella, Carlos Floriano y José Ignacio Echevarría. Pero nadie le hizo caso. Fue el ministro Miguel Arias Cañete quien tiró de bromas para apartar el tema de la mesa cada vez que el presidente de la Comunidad lo volvía a traer. Rajoy se escapó en cuanto pudo, sin darle una palmadita en la espalda ni a González ni a Botella, que era lo que los dos esperaban.

La alcaldesa de Madrid redujo el discurso que llevaba escrito a la mínima expresión. Se limitó a desear una feliz Navidad a todos los presentes y extender la mano a Mariano Rajoy. “Estoy para todo lo que necesites”, le dijo. Lo más comentado de la noche fue por qué Botella hizo un reconocimiento público al presidente del Gobierno si hace dos semanas le recordó, desde la tribuna del Club Siglo XXI, que hay dudas sobre el proyecto político del PP.

Hasta esta semana, la más negra del PP que todavía preside Esperanza Aguirre, el puntal más endeble de Madrid era el ayuntamiento. Génova es consciente de que un desastre electoral en el municipio madrileño arrastraría a la Comunidad. El mayor problema que se ha topado Ana Botella desde que heredó el Palacio de Cibeles de Alberto Ruiz-Gallardón no es el endeudamiento del consistorio. Han sido su nefasta gestión del Madrid Arena y de la huelga de limpieza y el fiasco de la tercera candidatura de los Juegos Olímpicos los avales que ha sumado para anular su reválida en las urnas. El mayor quebradero de cabeza para Rajoy es cómo convencer a los aznaristas de que con Ana Botella la derrota electoral estaría más que asegurada.

Las críticas se centran ahora en Sol

Pero las preocupaciones de los populares en Madrid han dado un giro inesperado esta semana. Los más críticos miran ahora a la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, donde Ignacio González había llegado a recibir las garantías de Génova, desde donde nunca lo vieron con buenos ojos por estar demasiado cerca de Esperanza Aguirre. En cinco días, el presidente de la Comunidad ha acumulado dos golpes que dejan su figura política al borde del descrédito: la espantada de Sheldon Adelson con su megaproyecto Eurovegas, que prometía 200.000 empleos en la Comunidad de Madrid; y el escándalo judicial de su ático malagueño. Su horizonte electoral es hoy más incierto que nunca.

El goteo de informaciones extraídas de los correos electrónicos de Miguel Blesa, que fue hasta 2009 presidente de Caja Madrid, sigue dibujando un panorama de presuntos tratos de favor, mediaciones y luchas por el poder, con la particicipación directa de miembros de la Ejecutiva del PP, en el seno de la caja hoy nacionalizada. Esta semana han salido a la luz los emails en los que el banquero lidia con los intereses de los barones populares y actúa de mediador en diferentes negocios de cariz personal. Un golpe sin precedentes que se extiende a Esperanza Aguirre y al matrimonio Aznar-Botella.

La única urgencia para Aguirre y los suyos es prevenir que el frente judicial no derive en una imputación de Ignacio González, ya que se vería forzado a dejar la presidencia, lo que provocaría una fuga mayor de votos en Madrid. Entonces habría que ocupar la interinidad que dejaría el delfín de Esperanza hasta mayo de 2015. Y es ahí donde aparece el nombre de Lucía Figar, consejera de Educación, con escaño en la Asamblea, buena imagen y moderna, 39 años, valorada en Génova. También cuenta con la simpatía de Mariano Rajoy. Pero no sería suficiente para que el presidente la colocase en la cabeza de la lista electoral. Entrarían en juego otros nombres, con Cristina Cifuentes a la cabeza. Pase lo que pase, aún es pronto para descifrar por qué candidatos se decantará el presidente del Gobierno. "Si González consigue archivar el proceso del ático antes de las elecciones, puede venderlo como un triunfo y salir reforzado", replican los aguirristas. Las apuestas siguen abiertas.  

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