las pruebas que contradicen al 'president'

Mas encargó en Madrid y pagó 21.240 euros por el informe para el CNI catalán

El CNI que Artur Mas quiso poner en marcha falla más que una escopeta de feria. O eso o el Gobierno catalán tiene un grave problema de comunicación

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña,  Artur Mas (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas (EFE)

El CNI que Artur Mas quiso poner en marcha falla más que una escopeta de feria. O eso o el Gobierno catalán tiene un grave problema de comunicación interna: el presidente de la Generalitat afirmó esta semana en el pleno del Parlamento catalán que no conocía un documento enarbolado por el presidente de Ciutadans, Albert Rivera, titulado simplemente Agencia Nacional de Seguridad. Negó conocerlo y negó que el Gobierno lo hubiera encargado. Pero el informe fue elaborado en las dependencias gubernamentales del Gobierno catalán, lo mismo que tres versiones más del mismo documento.

Mas afirmó también que su Gobierno nunca había solicitado ningún informe que tuviese que ver con la ANS. Pero eso es falso: el Gobierno catalán encargó un informe sobre sus servicios de inteligencia a una empresa madrileña y, para más INRI, recibió el primer informe, pagado a tocateja por el Centro de Seguridad de la Información de Cataluña (Cesicat), en castellano. El propio Cesicat habría de ser, a la postre, el núcleo central de la Agencia Nacional de Seguridad (ANS), la organización de los espías catalanes.

Una vez elaborado este informe, a posteriori se fueron realizando los demás. Y, para ello, en ocasiones utilizaban los traductores lingüísticos de la red, por lo que los textos adolecen de muchos castellanismos, de los que echan mano algunos sabios independentistas para insinuar que los documentos son obra del CNI. En parte, tienen razón: son obra del CNI, pero del CNI catalán (en medios cibernéticos también se lo conoce como La TIA catalana, en alusión a la mítica agencia de Mortadelo y Filemón), la agencia que pudo haber sido y no fue.

El resumen de este cúmulo de despropósitos es que el Gobierno catalán controló internamente la creación de la ANS. Es más: la cúpula de la Generalitat estaba al corriente de los pasos que se estaban dando para formar una estructura con la que competir con las principales agencias internacionales de inteligencia, como el CNI español o la NSA norteamericana.

Un informe en castellano

Para montar este CNI, el Gobierno catalán encargó a mediados del 2011 un informe a la empresa Solium e-service center, con sede en Madrid. El día 14 de septiembre  del 2011, Solium tenía ya redactado un borrador del primer informe, en castellano, titulado simplemente Plan Estratégico de Seguridad. Era un documento en formato Word al que incluso le faltaban algunos párrafos, a la espera de poder detallar determinadas informaciones. Tenía 38 páginas y tres grandes capítulos: Introducción, La Seguridad de la Información (con el análisis de varias agencias de espionaje internacionales y un análisis comparativo de misiones y de catálogos de actuaciones) y Definición Estratégica. Este documento fue luego adoptado por el Cesicat e incluso le pusieron su logotipo en todas las páginas junto al de Solium.

Los documentos digitales en poder de El Confidencial no dejan lugar a dudas: este documento fue creado en noviembre del 2011 (a pesar de que le pusieron una fecha provisional de septiembre) desde un ordenador de Solium y desde entonces no se modificó. En la huella digital rastreada por este diario se determina incluso el nombre de la persona de Solium que lo redactó.

De este documento, se hizo una versión en PowerPoint bajo el título Plan Estratégico de Cesicat y con fecha de 29 de septiembre de 2011. Varios de los cuadros del documento de Word fueron copiados en esta nueva versión. Pero también en diciembre de ese año ya habían elaborado un primer borrador de  otro documento que, con los logotipos del Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI) y el Centro de Seguridad de la Información (Cesicat), se titulaba simplemente Agència Nacional de Seguretat, este ya en catalán. Uno de estos documentos fue el que exhibió la pasada semana Albert Rivera en el pleno del Parlamento catalán y que Artur Mas negó diciendo que no había salido de su Gobierno.

De este último documento se hicieron varias versiones. El Confidencial tiene en su poder un total de cuatro de ellas, realizadas entre diciembre del 2011 y abril del 2012. Son documentos en PowerPoint con explicaciones muy claras de lo que deberá ser la ANS. Aquí se pueden narrar varias curiosidades, como el hecho de que uno de ellos tiene 38 páginas y otro, 39. Y es que en este último se había añadido una página bajo el lema "Punts de Partida (II)", donde figuraba el perfil que habría de tener el director de los espías catalanes. Esta página fue traducida directamente del original en castellano con un diccionario de internet y contiene clamorosos castellanismos.

El principal de estos documentos, sin embargo, tiene 65 páginas y su última versión se realizó el 21 de marzo del 2012 desde el ordenador de Tomàs Roy Català, sin que desde entonces sufriese ninguna modificación. En aquel momento, Tomàs Roy era el director ejecutivo del Cesicat. Más claro, el agua. Como curiosidad, baste decir que muchos de los cuadros e ilustraciones de este documento, realizado en catalán, se mantienen en su versión original en castellano.

Para despejar todas las dudas, hay otro detalle que a Artur Mas se le pasó por alto: la Generalitat pagó el primer informe de Solium en marzo del 2012. En el asiento contable del Cesicat consta que en marzo del 2012 se pagaron en concepto de “consultoría de seguridad” un total de 21.240 euros a Solium. Esta cantidad es la correspondiente a 18.000 euros de principal más el 18% de IVA. En el concepto de la factura, ingresada en una cuenta corriente de BBVA a nombre de Solium, consta que corresponde al Pla Estratègic de Seguretat 2011. Es decir, con la referencia directa al documento inicial que había de reconvertir el Cesicat en el núcleo del CNI catalán.

En lo que Artur Mas tenía razón, sin embargo, es en la afirmación de que el informe enarbolado por Rivera no había costado un céntimo a la Administración (aunque dijo que no lo conocía): los técnicos de CTTI y Cesicat se habían limitado a recoger las principales conclusiones y datos –aportando al mismo tiempo nuevas informaciones– del informe que ya estaba pagado. Y por su condición de funcionarios de la Generalitat, no podían cobrar por realizar ese encargo, ya que era su función y para ello cobraban su sueldo.

Sin comentarios

Desde el Gobierno catalán se ha querido presentar el caso Cesicat como un montaje del CNI español para desacreditar el proceso soberanista catalán. El propio Artur Mas insinuó esta posibilidad en el pleno parlamentario de la pasada semana. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que las pruebas son apabullantes.

Fuentes del Gobierno catalán consultadas por El Confidencial no ocultan su preocupación por las informaciones que están saliendo a la luz en este escándalo. Y apuntan, primero, a una falsificación de documentos por parte de un exasesor externo del Cesicat en venganza por un problema laboral. Pero por las fechas de los datos en que fueron creados los documentos, esta venganza es imposible, ya que el exasesor comenzó a trabajar para el Cesicat meses después de que fuesen confeccionados los documentos.

Otras fuentes consultadas apuntan a la posibilidad de guerra sucia por parte del Estado español; es decir, avalan la versión de Artur Mas. Estas fuentes, tras ser conocedoras de los documentos originales en poder de este diario, declinaron, por prudencia, realizar más comentarios sobre la posible veracidad o no de los informes referidos.

Un alto cargo de la Generalitat, no obstante, llegó a admitir, en conversación con este periódico, que uno de los informes de la ANS había sido redactado en el Cesicat y había pasado por sus manos, pero de los demás, incluido el informe inicial en castellano, no había oído hablar. “Allí había demasiados intereses en juego y todos querían controlar lo que iba a ser el núcleo de la seguridad de Cataluña, por dónde podía pasar el grueso de la información confidencial. Había interferencias de varios organismos para controlar ese flujo de información, hasta el punto de que, en un momento determinado, agentes de los Mossos estaban aprovechándose de la infraestructura y del trabajo del personal del Cesicat como si fuese un apéndice más de ellos y sin pasar por sus máximos responsables”, señalan las fuentes consultadas.

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