María jover carrión

España dice hoy adiós a su primera juez

Muy a su pesar, la primera jueza que en España fue, María Jover Carrión, es homenajeada hoy por más de cien compañeros al llegar a su jubilación

Muy a su pesar, la primera juez que en España fue, María Jover Carrión, es homenajeada hoy por más de cien compañeros de la carrera y del mundo judicial al llegar a su jubilación. Una multitudinaria comida en un hotel de Murcia servirá como reconocimiento de jueces, magistrados, funcionarios de Justicia y abogados a una magistrada que ha pasado por la judicatura y casi por la vida intentando no pisar callos y pretendiendo no molestar, según cuenta alguno de sus allegados.

Ha apurado su vida laboral hasta el máximo, pues esta ahora magistrada de 70 años no está segura de guardar aún energía y vitalidad suficiente para seguir. “Podía haber seguido un par de años como juez de adscripción, pero creo que este es el momento para dejarlo”, dice. Y la ley es la ley.

Bien lo sabe ella, que se ha pasado la vida aplicándola e interpretándola desde que en 1972 ganó la plaza de juez comarcal en Fraga (Huesca). Después pasó por San Clemente (Cuenca), Cartagena, Linares (Jaén), Caravaca de la Cruz (Murcia), y por Gerona, ya como magistrada en el 83. De allí saltó en cuanto pudo y le tocó el turno a su querida ciudad natal, Murcia, en 1990, y después empezó a presidir la Sección Tercera de la Audiencia Provincial. Hasta la fecha.

En el ínterin, le dio tiempo a casarse con el farmacéutico Manuel Chazarra, al que conoció a su paso por Caravaca en 1981, y tener un hijo que no ha seguido los pasos ni de uno ni de otro. También despertó y cultivó aficiones en los ratos libres que le dejaba su ejercicio profesional, pues asegura que, como todo juez o magistrado que se precie, se lleva trabajo a casa en forma de sumarios para adelantar lo que hace por la mañana en el juzgado.

No obstante, le ha quedado tiempo para aficionarse al golf, deporte muy de moda desde hace décadas entre la buena sociedad murciana a la que pertenece, y cuyos miembros se precian de relacionarse y hacer amistades entre greens y bunkers. No tiene María Jover un gran hándicap, lo contrario de lo que sería en su escalafón profesional, y se aficionó, más que por cuestiones sociales, “porque se abstrae uno de todo y solo piensa en el swing.

Ella rechaza su caracterización de género y no se considera feminista. “Sí”, admite, “seguro que sorprendía verme cuando empecé de juez, pero feminista no soy”Menuda y de apariencia como de 'poquita cosa', nadie de quienes la conocen niega que haya tenido suficiente energía y arrestos para desempeñarse como presidenta de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Murcia y para asumir con discreción los gajes del oficio derivados de algunas sentencias específicas. Además de que, como supuesta feminista avant la lettre, haya tenido que ver más de una y más de dos cejas enarcadas al verla a ella, tan poca cosa en apariencia, investida con la negra toga de juez presidiendo un tribunal en los años en que se podían contar con los dedos una mano las mujeres que en España, sobre todo en la de Franco, sostenían la balanza de la ciega justicia.

Pues si fue la primera juez de España, también fue la primera mujer en ser magistrada en la Audiencia de Murcia, aunque en lo segundo no fuera la primera nacional. Ella rechaza su caracterización de género y no se considera feminista. “Sí”, admite, “seguro que sorprendía verme cuando empecé de juez, pero feminista no soy”. Genio y figura, prefiere ser llamada “juez”, no “jueza”, aunque también enseguida precise que “es un tema que me da igual”. Por no molestar...

De lo que más le ha impactado a lo largo de su carrera, recuerda sin precisar “algunos asuntos de violación o de menores, sobre todo estos, porque los niños se ven muy afectados por los hechos que los involucran”. Le sale inmediatamente la vena legalista y aséptica: “Pero después hay que valorar las pruebas y aplicar la ley”. Así capeó el temporal en la sala que le supuso –en 2003, ya con veteranía de magistrada– el juicio con jurado popular que presidió contra una parricida de Santomera (Murcia) que había matado a sus hijos por despecho hacia su pareja y que era mujer temperamental. Tanto, que en la vista la magistrada María Jover hubo de llamar en más de una ocasión la atención a la acusada: “Pero, Paquita, por favor, que no me deja usted hablar”.

Con una pena de 20 años por cada asesinato solventó aquel gran primer asunto mediático en que se vio inmersa, a pesar de la discreción y bajo perfil con el que le gusta ir por la vida, al decir de sus conocidos. Aquello no fue sino el aperitivo de otras sentencias famosas por lo mediático, que le han dado motivo de preocupación.

Fiel a sí misma, a su talante discreto y a su espíritu corporativo, prefiere pasar de puntillas por la polémica que hace dos años se suscitó sobre las peculiares interpretaciones de Del Olmo sobre el Código Penal en los casos de violencia de géneroHace sólo dos años de una que firmó, la cual justificaba que no era insulto que un hombre llamara “zorra” a su exmujer, sino una calificación referente a su astucia. María mantiene que mediáticamente “esa sentencia se interpretó sin leerla”. El problema, para algunos, venía de que otro de los firmantes, que además era el ponente del dictamen, fue el juez Juan del Olmo, instructor inicial del sumario por los atentados yijadistas del 11-M en Madrid.

Otras dos sentencias firmadas por ella en aquella misma época la pusieron a los pies de los caballos de organizaciones feministas y progresistas en general. En una, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Murcia, presidida por ella y con los magistrados Del Olmo y Augusto Morales de vocales, establecía que golpear a una mujer y patearla en el suelo no era delito de violencia de género, pues no se había probado el intento «de dominación» o de atentado a la dignidad femenina. En otra, tampoco se consideraba víctima de violencia doméstica a una mujer que dormía en el suelo por miedo al esposo. La tempestad mediática y jurídica fue considerable.

Sobre si aquellos textos tuvieron más trascendencia por ser firmante el entonces ya famoso juez Del Olmo, retirado a su patria chica tras instruir el sumario del 11-M, María sale por la tangente: “No lo sé”. Pero sí se declara convencida de que Del Olmo es “un magnífico juez y un gran jurista, de los mejores”.

Fiel a sí misma, a su talante discreto y a su espíritu corporativo, la magistrada Jover prefiere pasar de puntillas por la polémica que en su momento, hace dos años, se suscitó sobre las peculiares interpretaciones de Del Olmo sobre el Código Penal en los casos de violencia de género. Y esto, a pesar de que antes de esos dictámenes tan controvertidos, el Tribunal Constitucional había establecido en 2010 que toda agresión de un hombre contra su mujer o exmujer debe ser considerada y juzgada como violencia de género. Ella se mantiene al margen. Y prefiere ser llamada “juez”, mejor que “jueza”.

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