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“Es evidente que la filtración fue obra del director general de la Policía”
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CARLOS GERMÁN, INVESTIGADOR DEL CHIVATAZO DEL FAISÁN

“Es evidente que la filtración fue obra del director general de la Policía”

Por delante del tribunal pasaron los dos policías acusados del chivatazo a ETA y también el agente que dirigió las pesquisas que sostienen la acusación

Foto: El exjefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y el exinspector José María Ballesteros (EFE)
El exjefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y el exinspector José María Ballesteros (EFE)

El primer día de la vista oral del caso Faisán concentró las declaraciones más relevantes del juicio. Por delante del tribunal pasaron los dos policías acusados del chivatazo a ETA, el exjefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y el inspector José María Ballesteros, y también el agente que dirigió las pesquisas que sostiene la acusación, Carlos Germán. Ninguno de los dos procesados salió bien parado, pero las mayores imputaciones recayeron en un hombre del PSOE que salió a última hora de la lista de sospechosos, Víctor GarcíaHidalgo, por aquel entonces director general de la Policía y actual secretario de Organización de los socialistas de Álava.

Pamiés y Ballesteros negaron los hechos que se les imputan. El primero aseguró no haber hablado “jamás por teléfono con Elosúa”, el propietario del bar Faisán de Irún, miembro del aparato de extorsión de la banda que recibió el aviso de que iba a producirse una operación policial de forma inminente. Según el escrito de conclusiones de la Fiscalía, Pamiés habló con Elosúa a través de un teléfono móvil que Ballesteros le había proporcionado personalmente al miembro de ETA en el interior de su bar la mañana del 4 de mayo. Pero Pamiés negó esa versión y afirmó, a preguntas de la defensa, que “parar un operativo policial con un teléfono móvil no se le ocurre ni al que asó la manteca”. También rechazó que García-Hidalgo, su superior directo por aquel entonces, le ordenara, en una llamada de 27 minutos de duración que se produjo la tarde del día anterior a la filtración, avisar a Elosúa del operativo. “No, no recibí la orden política de detener la operación. No, y tampoco la hubiera admitido”, manifestó Pamiés tajante.

El exjefe superior de Policía del País Vasco sí reconoció que pidió a Ballesteros que se acercara a las inmediaciones del bar Faisán el día del chivatazo, pero insistió en la coartada que siempre ha mantenido: el único fin de ese desplazamiento era comprobar la presencia policial que había en la frontera de Irún. Ese día, según Pamiés, había quedado con un confidente de ETA que responde al alias de el Romano, y temía que la cita estuviera en riesgo si su contacto en la banda era detectado por sus colegas.

Ballesteros niega que hablara con Elosúa

Ballesteros defendió la misma versión que su superior. Admitió que la mañana de la filtración estuvo en el bar Faisán, que llamó a Pamiés para informarle de lo que veía y que es él quien aparece en las imágenes tomadas por las cámaras de la policía que tenían controlado este local. Sin embargo, declaró que no tuvo ningún contacto con Elosúa y menos aún le proporcionó el terminal con el que, según las acusaciones, Pamiés advirtió al miembro de ETA de la operación policial. “Estuve en el bar Faisán, pero no puse un teléfono en la oreja de Elosúa para que hablara con Pamiés”, afirmó Ballesteros respondiendo a la Fiscalía.

El confidente de Pamiés, el Romano, que declaró después tras una cortina para no desvelar su identidad, avaló la coartada de los acusados. Afirmó que ese día tenía previsto reunirse con Pamiés en el País Vasco francés para pasarle información. De hecho, aseguró que se desplazó desde su escondite en Italia para celebrar el encuentro con el jefe superior de Policía. Pero la cita no llegó a producirse por la elevada presencia de agentes en la zona.

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La declaración de Carlos Germán, última de la jornada, era la más esperada, y no defraudó. Después de todo, Germán no sólo fue el encargado del operativo policial que terminó siendo abortado por el soplo, sino que también asumió la investigación para buscar a sus autores. Sus respuestas impactaron en la línea de flotación de las defensas. Según Germán, llegó hasta Ballesteros y Pamiés después de analizar todas las llamadas sospechosas que tuvieron lugar aquella mañana en la zona del bar Faisán. La llamada de Ballesteros a Pamiés “fue la única que encajaba en el perfil de las personas que estábamos buscando”, declaró Germán. “Sabíamos por la conversación interceptada a Elosúa que los autores tenían que ser dos policías que tuvieran conocimiento de la operación que estaba en marcha”, unos requisitos que, según el investigador, sólo reunían los dos procesados de todas las personas que fueron interrogadas.

Las pruebas no aparecieron

La desarticulación del aparato de extorsión de ETA se produjo finalmente seis semanas después del día planificado inicialmente, el 20 de junio de 2006, pero los agentes ya no encontraron las pruebas que buscaban.“No encontramos nada, ni rastro”, relató Germán este lunes. “Es la única vez que me ha pasado que realizo un registro de 20 viviendas y no encuentro nada, ni siquiera una pegatina de ETA”. El aviso, según el investigador, les había dado la oportunidad de deshacerse de cualquier elemento incriminatorio, incluidos los 108.000 euros procedentes de extorsionesque el 4 de mayo de 2006 Elosúa iba a entregarle a su contacto de la banda en Francia, José Luis Cau Aldalur.

En opinión de Germán, la coartada exculpatoria de los dos acusados -que Ballesteros acudió al bar Faisán únicamente para informar a Pamiés de la presencia policial en la zona- es completamente “inverosímil”. “Pamiés ya sabía qué dispositivo había porque el día de antes, como jefe superior de Policía del País Vasco, le habían solicitado las unidades de intervención que tenían que estar en la frontera esa mañana”. “Y si eso fuera cierto”, prosiguió, “no tenía sentido que mandara a hacer eso a una persona que estaba en Cantabria [Ballesteros] y que no conocía la zona.Podía haberle pedido eso a cualquier persona de su confianza de San Sebastián”. "Nos engañaron vilmente", resumió.

Una clara finalidad política

Para el investigador, no hay ninguna duda de que “la filtración tuvo una finalidad política”. Por un lado, declaró, el soplo buscó evitar unas detenciones que podían perjudicar a lanegociación entre el Gobierno y ETA. Y, por otro lado, frustró que ese día se produjera el apresamiento del dirigente del PNV Gorka Aguirre -vinculado con la trama de financiación de la organización terrorista- el mismo día que José Luis Rodríguez Zapatero iba a recibir en La Moncloa al presidente de los nacionalistas vascos, Josu Jon Imaz. A juicio de Germán, es evidente que Pamiés efectuó el chivatazo a petición de Víctor GarcíaHidalgo, que en esos momentos ocupaba la Dirección General de Policía, un cargo de confianza del Gobierno de Zapatero. El tráfico de llamadas entre GarcíaHidalgo y Pamiés probaría, según Germán, el motivo político de la filtración.“Es imposible que el origen de la filtración esté en la cabeza de un policía. Eso es imposible. Es evidente que fue una orden dada por el director general de la Policía”, remachó Germán.

Este martes proseguirá la declaración de Germán. Después están llamados a comparecer como testigos Joseba Elosúa, su mujer, Avelina Llanos, su hijo Joseba Elosúa Llanos y su yerno, Carmelo Luquín, con quien el propietario del bar Faisán cruzó a Francia tras el chivatazo para avisar a la cúpula de ETA de la operación policial.

El primer día de la vista oral del caso Faisán concentró las declaraciones más relevantes del juicio. Por delante del tribunal pasaron los dos policías acusados del chivatazo a ETA, el exjefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y el inspector José María Ballesteros, y también el agente que dirigió las pesquisas que sostiene la acusación, Carlos Germán. Ninguno de los dos procesados salió bien parado, pero las mayores imputaciones recayeron en un hombre del PSOE que salió a última hora de la lista de sospechosos, Víctor GarcíaHidalgo, por aquel entonces director general de la Policía y actual secretario de Organización de los socialistas de Álava.

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