logró la plaza con una reforma que impulsó él

Rubalcaba acumula trienios de 5.000 euros por sólo dos años como profesor

Rubalcaba acumula trienios como profesor de la dad Complutense y funcionario en situación de servicios especiales, que ascendían en 2005 a 5.076 euros

Foto: Rubalcaba, en una imagen de archivo, en un acto en Valladolid. (EFE)
Rubalcaba, en una imagen de archivo, en un acto en Valladolid. (EFE)

Dejó la Universidad pensando que su aventura política al lado de José María Maravall duraría apenas unos meses, pero lo cierto es que, 30 años después, no sólo no ha regresado a la docencia sino que, además, ha escalado hasta lo más alto dentro del PSOE. Alfredo Pérez Rubalcaba, el químico, acumula trienios como profesor de la Universidad Complutense y funcionario en situación de servicios especiales, que ascendían, en 2005, último año en el que los declaró, a 5.076 euros extras al año. Corresponden a su antigüedad en una plaza como profesor de Química para primero de Biología, que no imparte desde 1986, y en la que sólo estuvo dos años como funcionario.

El striptease fiscal al que se ha sometido el líder de la oposición ha puesto al descubierto las remuneraciones que, al menos hasta 2005, hasta que llegó al Ministerio del Interior como funcionario en situación de servicios especiales, tal y como permite la legislación vigente. Los datos señalan que Rubalcaba ingresó por esta vía un total de 4.977 euros en 2003, aún en la oposición; 5.076 euros en 2004, fecha en la que se cumplieron 20 años de su ingreso en el Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad; y 5.260 euros en 2005. En 2006, año en el que es nombrado ministro del Interior por primera vez, esa cantidad desciende hasta los 1.699 euros. En años sucesivos, desaparece de sus declaraciones de la renta.

De PNN a profesor titular. Rubalcaba ejerció como profesor titular de Química Orgánica en el campus de la Complutense durante sólo dos años, entre 1984 y 1986, y accedió a su plaza mediante un procedimiento cuestionado en su día y que muchos consideraron un coladero: las famosas pruebas de idoneidad que se hicieron en aquella época, mediados de los ochenta, para que miles de profesores obtuvieran una plaza fija sin oposición mediante. Una reforma legal incluida en la Ley de Reforma Universitaria (LRU) de 1983, que fue muy cuestionada ya entonces y que fue impulsada directamente por el propio Alfredo Pérez Rubalcaba, que ya por aquellas fechas trabajaba en el Ministerio de Educación como director de gabinete de la entonces secretaria de Estado del ramo, Carmina Virgili. El BOE del 27 de septiembre de 1984 (la ley se había promulgado justo un año antes) recoge la condición de Rubalcaba como idóneo para la plaza titular.

Del movimiento de los PNN

Pero el reconocimiento oficial por ley de los llamados PNN (profesores no numerarios) no era más que el paso coherente de un hombre que, si ha acabado dedicado tan activamente a la cosa pública, es, precisamente, por sus primeros escarceos políticos dentro del movimiento de los PNN surgido a finales de los setenta. Un magma de reivindicaciones laborales de miles de profesores universitarios sin plaza en sus centros en el que Rubalcaba conoció y conectó con la joven izquierda que estaba por tomar el poder a la vuelta de la esquina.

Ahí estaban los hombres que, después, formarían parte del equipo de José María Maravall en el Ministerio de Educación. Entre otros, Joaquín Arango, Jaime Lamo de Espinosa, pero también otros dirigentes notables como Javier Solana o Narcís Serra.

“Cuando llegué a España, en otoño de 1974, empecé a participar activamente en el movimiento de los PNN”, explica Joaquín Arango, mano derecha de Maravall en el MEC entre 1982 y 1988, en el libro Los mil secretos de Rubalcaba. “Yo estaba muy politizado y pronto encontré a un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Químicas de la Complutense, unas diez personas, muy entusiastas, que participaban en este naciente movimiento. Su líder, la persona más destacada y visible, era Alfredo Pérez Rubalcaba y, en seguida, trabamos amistad y una colaboración que se hizo muy intensa”.

Arango se convirtió después, en 1982, en la mano derecha de José María Maravall, primer ministro de Educación de Felipe González, y, de la mano de Arango, llegaría al Ministerio por primera vez el actual líder del PSOE en un viaje que no ha tenido retorno. Como director de gabinete de la secretaria de Estado, Rubalcaba pronto se convirtió en una especie de secretario de Estado bis cuyo protagonismo iría notablemente en aumento.

Alfredo Pérez Rubalcaba y la portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez. (EFE)
Alfredo Pérez Rubalcaba y la portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez. (EFE)
“Cuando le nombraron ministro, Maravall me llamó porque quería cenar conmigo y hablar de su equipo. Me dijo que ya tenía dos personas fichadas: Joaquín Arango y Alfredo Pérez Rubalcaba”, explica la propia Virgili en el citado libro. El cántabro entraba así en el departamento que debía sacar adelante las reformas universitarias que él mismo había peleado como docente en años anteriores y que se harían realidad en tiempo récord, con la aprobación, en 1983, de la LRU.

“Un coladero”

 “En virtud de esas pruebas de idoneidad muchos PNN, profesores no numerarios, interinos o no contratados, y que tenían el título de doctor, pasaron a convertirse en permanentes”, recuerda Arango en Los mil secretos de Rubalcaba. “Eso es discutible, por supuesto, pero en ese momento, seguramente, no había casi otra opción. Ese personal era la mayoría del sistema universitario. Y organizar un sistema más ortodoxo de provisión de plazas para 40.000 personas, aparte de la presión política y sindical acumulada, era imposible. Desde luego, la inmensa mayoría de los que estaban iban a seguir, porque no había otros”.

 “Si fue un coladero –añade- lo fue también en la medida en que las comisiones nombradas de catedráticos para juzgar a la gente fueron extremadamente laxas, lo cual es muy típico de nuestra cultura política. Nuestra idea no era que todo el mundo fuera permanente de un día para otro, sino resolver ese problema. Hacerlo a través de convocatorias de cátedras para decenas de miles de personas era imposible. Y en vez de convocar una plaza y que concurriesen 200 candidatos para cada una, se decidió que íbamos a juzgar a cada uno y que, quien tuviese unos méritos, pasaba sin tener que competir con otros. Se establecieron los criterios y se suponía que las condiciones de selección deberían ser determinantes. Pero, en general, es cierto que hubo una manga muy ancha y una actitud muy laxa y que eso fue muy criticado. Pero probablemente era lo que había”.

De agosto de 1984, cuando obtuvo su plaza, a 1986, Rubalcaba compaginó su trabajo en el Ministerio con su clase semanal de Química. Desde entonces, la política le ha llevado por otros caminos muy alejados del mundo de la docencia. 

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