DEBATE SOBRE EXCLUSIÓN DE SOLTERAS Y LESBIANAS

Reproducción asistida para todas las mujeres, ¿un capricho o una necesidad?

La propuesta del ministerio de Sanidad para que solo se financien tratamientos de reproducción asistida a parejas formadas por un hombre y una mujer y que

Foto: La ministra de Sanidad, Ana Mato, junto con los consejeros del ramo.
La ministra de Sanidad, Ana Mato, junto con los consejeros del ramo.

La propuesta del ministerio de Sanidad para que sólo se financien tratamientos de reproducción asistida a parejas formadas por un hombre y una mujer y que padezcan una infertilidad ha generado el rechazo de algunas regiones como Andalucía, País Vasco, Canarias y Asturias, y las de las asociaciones homosexuales, al entender que deja fuera de la financiación pública a lesbianas y mujeres sin pareja que pueden ser fértiles pero que necesitan de estos tratamientos para poder ser madres. El Confidencial recoge los testimonios de dos expertos en la materia que analizan los pros y contras de limitar la financiación de técnicas de reproducción asistida únicamente a parejas heterosexuales con problemas de fertilidad. ¿Es un capricho o una necesidad que una mujer soltera o dos lesbianas quieran ser madres?

A falta de cifras oficiales, los datos que maneja la Sociedad Española de Fertilidad hablan de que más de 1.500 mujeres al año deciden ser madres solteras de un donante en España. “El porcentaje se ha duplicado en la última década”, explica Manuel Elbaile, experto en reproducción asistida, que considera que el criterio de acceso a esta prestación que maneja el ministerio es inconstitucional. “Cuando una mujer recurre a una técnica de reproducción asistida, yo no distingo entre si es soltera o si su pareja es otra mujer. La medida propuesta por el ministerio parece responder más a un criterio político que a uno económico, ya que el ahorro que va a suponer a las arcas públicas es ínfimo”, reflexiona.

En la misma línea se mantiene Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de Asociaciones de Defensa de la Sanidad Pública, quien reconoce que el coste que supone al Sistema Nacional de Salud mantener la financiación de los procesos reproductivos a una mujer que no recurre a un hombre para embarazarse “es escasísimo”. Los tratamientos de reproducción asistida tienen un coste que oscila entre los 600 y los 6.000 euros por ciclo, según la técnica por la que se opte. “Unas cantidades que, en ciertos casos, pueden resultar imposibles de asumir para una persona sola”, añade este experto.

La Ley 14/2006 de 26 de mayo sobre técnicas de reproducción humana asistida garantiza el acceso a estos procedimientos de fecundación a través de la Seguridad Social. Sin embargo, en la práctica los lapsos de espera en el sistema de Sanidad pública son demasiado largos: dos años de media. La elección de un tratamiento u otro depende de la edad de la mujer que desea ser madre. “El tratamiento más básico y más barato es la inseminación artificial”, explica Elbaile. Es la primera alternativa para las mujeres que tienen dificultades para quedarse embarazadas de forma natural y, por lo tanto, es el método de fertilización asistida más utilizado. Su coste ronda los 600 euros por cada ciclo. El coste del tratamiento de fecundación in vitro, “el que se utiliza para las mayores de 35 años”, ronda los 3.000 euros por ciclo.

Índice de natalidad por los suelos

El perfil de las mujeres que deciden ser madres solteras es, “en la mayoría de los casos, mujeres de más de 35 años que han dedicado mucho tiempo a promocionarse laboralmente, y las relaciones de pareja y la maternidad han quedado relegadas a un segundo plano”. Por eso Elbaile no entiende que se excluya de la reproducción asistida financiada por el sistema público a estas mujeres. “En un país en el que tenemos un índice de natalidad entre los más bajos del mundo y con una grave crisis económica, ¿nos podemos permitir el lujo de cerrarles las puertas a aquellas mujeres que, solas o con una pareja homosexual, quieren ser madres?”.

Ni la crisis económica ni las escasas ayudas sociales y fiscales han conseguido disuadir al creciente número de mujeres que deciden ser madres sin un hombre. La deducción por hijo en la renta es mayor para una familia biparental que para una monoparental, la conciliación de la vida laboral con la familiar sigue siendo una utopía, no pueden adoptar a un menor en igualdad de condiciones que una familia biparental y su permiso de maternidad es menor que el de una familia tradicional, ya que carecen de los 15 días a los que puede optar el padre. “¿Ventajas de excluirlas del sistema público? Yo no veo ninguna. Lo único que está provocando el Ministerio de Sanidad poniendo palos en las ruedas de estas mujeres que desean ser madres es mermar aún más el delicado índice de natalidad”.

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