El adiós del 'cacique' de los mineros
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JOSÉ ÁNGEL FERNÁNDEZ VILLA ABANDONA EL SINDICATO QUE PRESIDÍA DESDE 1979

El adiós del 'cacique' de los mineros

Agotado, enfermo y con lágrimas en los ojos, José Ángel Fernández Villa anunció su retirada este martes de la primera línea del sindicalismo y el abandono

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El adiós del 'cacique' de los mineros

Agotado, enfermo y con lágrimas en los ojos, José Ángel Fernández Villa anunció su retirada este martes de la primera línea del sindicalismo y el abandono de su cargo de secretario general del SOMA-FIA-UGT (el sindicato minero de la central de orientación socialista) en el que llevaba desde 1979. El adiós del histórico dirigente coincide con el declive del sector del carbón y con la batalla que la izquierda social y política ha impulsado contra los planes del ministro de Industria, José Manuel Soria, para cerrar las minas antes de 2018, fecha impuesta por la Unión Europea.

Fernández Villa lo ha sido todo en el sindicalismo y la política asturiana durante los últimos 30 años. Todopoderoso líder del SOMA, dirigía la central sindical con mano de hierro y pocos eran los que osaban llevarle la contraria, salvo que se quisieran arriesgar a una reprimenda pública. En un par de ocasiones en las que insinuó su marcha, quien se apresuró a autoproclamarse su heredero perdió toda su confianza y hasta la liberación sindical, la popular chequera cuyo uso arbitrario para pagar favores le reprochaban sus adversarios. Ahora, con 70 años cumplidos, todo parece indicar que el declive de sus fuerzas ha pesado más que su voluntad y le ha obligado a jubilarse. Pero, por si acaso, todavía nadie de la dirección del sindicato se ha postulado para reemplazarle.

La llegada de Fernández Villa a la dirección del SOMA en 1979 representó un crecimiento importante de la influencia del sindicato. Cuando accedió a la secretaría general, desalojó al hasta entonces líder de los mineros, Antón Saavedra, que desde aquella fecha se convirtió en uno de sus más recalcitrantes enemigos. La organización comenzó a crecer en número de afiliados y en poder.  Su forma de hacer sindicalismo, imprimiéndole un toque peronista-que para muchos analistas podía considerarse también clientelista, dada la mayoritaria sindicalización de los mineros- llevó al SOMA a vencer en todas las confrontaciones sindicales con Comisiones Obreras en el sector, salvo en el año 1984 en el que, por única vez en la historia fue derrotado por la otra  central. Muchos trabajadores tenían la convicción de que sólo afiliándose a uno de los grandes sindicatos podrían tener un futuro laboral estable y confiaban en Villa como el gran cacique sindical de la minería.

La relación de Fernández Villa con los medios de comunicación fue tortuosa. Desconfiaba casi siempre de los periodistas, pero daba un toque de atención a los periódicos que no acudían a sus interminables ruedas de prensa, algunas de las cuales llegaron a durar hasta tres horas. También sus intervenciones públicas eran densas tanto en tiempo como en forma y en más de una ocasión se entremezclaba el carácter mitinero de sus discursos con el sentido institucional del foro que los acogía. 

Temido, admirado y odiado a la vez, José Ángel Fernández Villa llevó su capacidad de influencia al ámbito político, donde su legión de mineros era fundamental para inclinar la balanza en el seno el Partido Socialista Obrero Español. Muchos de quienes después renegaron del él solicitaron entonces su mediación para ocupar un puesto de designación política en Asturias. Se dice que cambiaba gobiernos y que su beneplácito era imprescindible para ocupar un cargo público en Asturias durante las décadas de mandato de su partido. Lo cierto es que nadie entre quienes detentaban una representación política se atrevió a criticar en público al sindicalista, al menos durante el apogeo de su mandato. Él prefería estar en segunda línea de la política (“detrás del matu” -expresión asturiana que significa destrás del seto que separa las lindes-, como decían sus colaboradores coloquialmente), pero en lugares que le permitieran tener cierto margen de maniobra y control. Fue diputado autonómico de a pie y senador por designación  de la Junta General de Principado y, por supuesto, miembro permanente de la dirección de la Federación Socialista Asturiana, aunque sin cargo alguno, para mostrar el terreno dialéctico y estratégico a sus compañeros de partido.

Fernández Villa impulsó con fuerza la fiesta minera asturleonesa de Rodiezmo, donde se iniciaba el curso político en España. Guerrista convencido y leal hasta los tuétanos al exvicepresidente, su apoyo fue crucial para que José Luis Rodríguez Zapatero saliera elegido líder del partido. Después, un agradecido Zapatero acudió en varias ocasiones a darle brillo al evento para fortalecer la figura del secretario general del SOMA y anunciar medidas favorables a trabajadores, mineros y pensionistas. 

Su condición de líder minero le llevó a negociar planes y convenios con todas las fuerzas políticas existentes y de la dureza de su forma de negociar hablan y no cesan sus interlocutores. De esa etapa le han quedado algunas secuelas y decepciones y más de un amigo en la otra trinchera. El exvicepresidente del Gobierno español y expresidente de Asturias, Francisco Álvarez-Cascos, es uno de sus incondicionales, hasta el punto de que le ha atribuido el mérito de salvar la minería del cierre en varias ocasiones y le ha agradecido su contribución a mejorar la situación de Asturias, alabando su apoyo a la creación de los fondos mineros como alternativa a la extinción de pozos para transfigurar la realidad económica de las cuencas asturianas. En su adiós, Cascos sugirió a Villa que continuara "con las botas puestas". Desde sectores muy diversos del Partido Popular los halagos al sindicalista retirado fueron constantes durante su trayectoria y, ahora, en su despedida, se han reproducido, aunque lógicamente quienes más han loado su biografía han sido sus compañeros de partido y, en especial, el actual jefe del Ejecutivo asturiano, Javier Fernández, que durante muchos años estuvo a la sombra política del todopoderoso líder sindical.

Fernández Villa imprimió un carácter populista a su liderazgo y siempre apareció convenientemente a la cabeza de las reivindicaciones mineras cuando su presencia se hacía necesaria. Al frente de las protestas, se encadenó ante las instituciones, hizo declaraciones de fuerte contenido político y supo utilizar su figura pues, siempre que se consideraba rentable sindicalmente, su presencia adquiría una gran repercusión mediática.

Con motivo de su renuncia, las televisiones y los medios escritos han vuelto a mostrarle saliendo de un encierro en el pozo Barredo en la Nocheveja de 1991 oculto bajo unas gafas oscuras para preservar sus ojos de la claridad, tras varios días recluido en el interior de la explotación. Esa imagen de su abandono del pozo abrazado a su colega de Comisiones Obreras, supuso el triunfo de la minería frente al intento de Felipe González de dar un tajo  de grandes proporciones a la vigencia del carbón."Antes de cerrar un pozo, tendrán que pasar por encima de mi cadáver", le espetó al entonces presidente del Gobierno, a pesar de que en aquel conflicto, algunos años antes, fueron numerosas las explotaciones que dejaron de extraer carbón. Pero gracias a su insistencia y a las luchas de los mineros, los trabajadores excedentes obtuvieron beneficiosas prejubilaciones y los municipios del carbón dinero e inversiones para compensar las pérdidas económicas del cierre, aunque algunos de esos fondos cayeron en manos de los cazasubvenciones y resultaron absolutamente estériles, cuando no ruinosos. 

El adiós de Villa coincide con su última derrota sindical. El pasado verano, una huelga de casi tres meses en todas las explotaciones mineras, con masiva manifestación en Madrid el 11 de julio, pretendió hacer morder el polvo al ministro Soria, pero, por el momento, la batalla se saldó con una victoria pírrica del Gobierno que hizo que los mineros tuvieran que replegarse hasta encontrar mejores condiciones para la presión. Fernández Villa reprochó a muchos antiguos mineros, ahora prejubilados, que no hubieran puesto su grano de arena en las movilizaciones para derrotar a la mayoría absoluta del PP.

Pero la cara más polémica de Fernández Villa es su pasado. Antes de bajar a la mina en 1973, trabajó en la construcción, en Duro Felguera y hasta en una sidrería de Barcelona, donde se destapó como un consumado escanciador de sidra. De aquella época es de donde proceden las acusaciones de colaborar con la Policía franquista. El exboxeador y escritor de libros de historia José Ramón Gómez Fouzle acusa directamente de ser confidente del siniestro comisario de la dictadura Claudio Ramos, aunque no presenta pruebas fehacientes de ello. Fernández Villa nunca quiso rebatir con contundencia estas imputaciones para no darles publicidad y no favorecer su difusión. Pero esa actitud provocó el efecto contrario y generó dudas en muchos ciudadanos.

Ahora, con  varias intervenciones quirúrgicas a sus espaldas, ya mayor, y después de haber estado enfermo en varias ocasiones (una de ellas como consecuencia de haber recibido el impacto de una caja de botellas de sidra en la cabeza durante una fiesta minera), Fernández Villa no es el mismo pero es consciente de la pérdida de poder, que muchos de sus antiguos leales le han hecho ver en ocasiones de manera descarnada. Por eso le ha llegado el tiempo de la retirada y ha preferido dejar su puesto antes de que la situación política y sindical le retire a él.