LA LIDERESA LE PROMETIÓ “UN 20%” DE SU TIEMPO

Conde, el jefe tentacular de Esperanza Aguirre, entre Génova y 'La Vanguardia'

Hace unos días sonó el móvil de Esperanza Aguirre, sí, ése que a veces le cuesta encontrar en su bolso. Era Luis Conde, el headhunter español

Foto: Conde, el jefe tentacular de Esperanza Aguirre, entre Génova y 'La Vanguardia'
Conde, el jefe tentacular de Esperanza Aguirre, entre Génova y 'La Vanguardia'

Hace unos días sonó el móvil de Esperanza Aguirre, sí, ése que a veces le cuesta encontrar en su bolso. Era Luis Conde, el headhunter español más importante. Quería que la lideresa le recomendase un nombre que permitiera a su firma, Seeliger y Conde, abrir puertas en Madrid. Aguirre, fiel a su carácter, le respondió “Pues yo misma”. Y ese fue el principio de uno de los fichajes que más polémica ha generado esta semana.

Luis Conde le ha ofrecido a Esperanza Aguirre un sueldo fijo “razonable”, con un “buen variable” que dependerá de cumplimiento de objetivos. También despacho en Madrid, en la calle Velázquez. Y Aguirre se ha comprometido a dedicar el 20% de su tiempo a la firma que preside este empresario catalán.

El presidente de la firma de cazatalentos Seeliger y Conde, Luis Conde de Möller (Barcelona, 1950) es un buen ejemplo del dilema que vive la clase empresarial catalana: conservador, incómodo con la idea de la independencia pero consciente de que es necesario un cambio en el sistema de financiación si se quiere un encaje más estable con el resto de España.

Casado y con varios hijos, alguno de ellos adoptado, Conde responde a un perfil cercano al PP, pero al mismo tiempo muy pragmático. Cuando hace una década el socio fundador, Gerardo Seeliger, dejó la firma para fichar por la competencia, Conde no hizo mayor drama: perdió un socio pero se quedó el nombre, porque para Luis Conde lo importante era la marca.

Su formación es financiera e internacional. Trabajó en Banca Mas-Sardà, en Barcelona, y luego se trasladó al Banco Consolidado de Venezuela, primero en el país sudamericano y luego en Nueva York, si bien habla poco de esa época. De vuelta a  Barcelona pasó por el mejor servicio de estudios de la capital catalana. Pero Conde fue visionario. Cuando en España todavía no se sabía qué era un headhunter, dejó el banco y fundó Seeliger y Conde en 1990. En un sector que iba a estar dominado por grupos extranjeros, se ha convertido en la principal firma de capital nacional.

Aficionado al mar

En su tiempo libre navega. Apasionado de la vela, es accionista del Puerto de Palamós. Pero la navegación también le ha jugado alguna mala pasada. Hace años tuvo un accidente y embarrancó con su hijo de diez años. De la experiencia, escribió un breve libro como modelo para superar las dificultades que repartió entre las personas más allegadas. Su pasión marinera se refleja en que en este momento en que ostenta el cargo de presidente del Salón Náutico de Barcelona.

Luis Conde es un empresario tentacular. Mientras que en Madrid el fichaje de Esperanza Aguirre para el Consejo Asesor de su firma ha sorprendido, en Barcelona se ha visto como una jugada más de Conde, el ajedrecista de las relaciones personales. Para él, el trabajo es su vida. Superdotado para las relaciones públicas, lo personal y lo profesional se mezclan en este empresario que le encanta recibir en su casa, donde habitualmente organiza pequeñas cenas de cuatro o seis personas, con personajes diversos para cambiar impresiones. Su residencia, justo por encima del Paseo de Gracia, le permite uno de los pocos lujos que se da: ir al trabajo caminando, ya que su oficina se encuentra a cinco minutos de su residencia particular.

Madrugador y políglota

Es muy madrugador y su jornada laboral empieza a primerísima hora de la mañana. Habla inglés perfectamente, igual que Esperanza Aguirre, y le gusta tocar todos los palos: consejero del grupo Godó –editor de La Vanguardia–, consejero del Catalunya Banc, fruto de un pacto del FROB en la época de Miguel Ángel Fernández Ordóñez con la Generalitat de José Montilla y con CiU; y amigo personal del alcalde de Barcelona, el convergente Xavier Trias. Son sólo algunas de las muchas caras del poliédrico Luis Conde.

También es socio y miembro de la junta del Círculo Ecuestre, lo más parecido a un club de caballeros inglés de Barcelona, y tiene una excelente relación con el presidente de esta institución, el presidente de la sociedad de valores Riva y García, Borja García Nieto. Durante su mandato, el Ecuestre ha acogido, no sin provocar algún escándalo en los sectores más políticamente correctos, la única conferencia que dio el exbanquero Mario Conde en la capital catalana.

Tiene una masía en Fonteta (Girona), donde ha celebrado la boda de algunos de sus hijos y que a veces alquila para actos de empresas. En los últimos años en esa finca está elaborando vinos. Conde está haciendo un vino joven, con cuerpo y, según explican personas allegadas, gusta de regalar botellas a los amigos, algo en lo que encuentra mucho placer.

Preocupado por la juventud

En los últimos años le preocupa conectar con la juventud. Sabe que ha construido su imperio seleccionando los directivos de la empresa familiar catalana. Pero sabe que en esas empresas, Puig, Agrolimen, Celsa, etc., están o acabarán pronto en manos de la siguiente generación. Una generación que no es la suya. Por eso está fichando jóvenes en su división de consultores, entre ellos Juan María Nin, hijo del consejero delegado de CaixaBank, con el mismo nombre. En su empresa también trabaja su hija: Lucía Conde, con categoría de consultora.

Si hubiera que adscribir políticamente a Luis Conde, sería como cercano al PP catalán. Aurora Catà, exdirectora general de RTVE en Cataluña en la época de José María Aznar, es ahora socia de su firma. Y tiene un muy buena relación con empresarios como Enrique Lacalle, exdelegado del Consorcio de la Zona Franca en la misma época.

Objetivo: presidir la Fira

Su objetivo ahora es presidir la Fira de Barcelona, algo que Luis Conde ve como el broche de oro perfecto a su carrera y que encaja como un guante con su trayectoria. Conde quiere suceder en el cargo al presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet, y cuenta para ello con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.

Sus armas son las cenas en su casa y la larga mano que le da el haber sido el gran colocador de todo tipo de directivos en cualquier tipo de empresa en Cataluña. Le falta seducir a Artur Mas. No le costará mucho, si ha conseguido hacerlo con Esperanza Aguirre.

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