Fernández Díaz acentúa su soledad con otra dimisión y se blinda con ‘fieles’
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ULLOA SE VA “PORQUE NO LE SOPORTABA”

Fernández Díaz acentúa su soledad con otra dimisión y se blinda con ‘fieles’

La sorpresiva dimisión del secretario de Estado de Seguridad, verdadero número dos del Ministerio del Interior, y la no menos llamativa elección de su sustituto han

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Fernández Díaz acentúa su soledad con otra dimisión y se blinda con ‘fieles’

La sorpresiva dimisión del secretario de Estado de Seguridad, verdadero número dos del Ministerio del Interior, y la no menos llamativa elección de su sustituto han servido para poner en evidencia el descontrol del departamento donde ya se han producido casi media docena de dimisiones y destituciones en apenas un año. Y todas las miradas, desde dentro y desde fuera, señalan a un responsable: el ministro Jorge Fernández Díaz.

A primera hora de la mañana el Gobierno se desayunaba con la dimisión de Ignacio Ulloa, el secretario de Estado de Seguridad, un hombre de marcado perfil jurídico, por “motivos personales”. “No podía soportar más la presión del ministro, un hombre que se conduce con una prepotencia fuera de lo normal”, asegura a El Confidencial una fuente de Interior que conoce el día a día del Departamento.

Pero si la dimisión causó sorpresa, aún más ha sido el nombramiento del nuevo número dos del Ministerio, Francisco Martínez. “Ha tenido que buscar al único que le soporta y le sabe llevar, su jefe de Gabinete, porque no quiere a nadie que le pueda hacer sombra”, dice la misma fuente. En este sentido, un miembro del PP muestra también su sorpresa “porque lo normal hubiera sido ascender a alguien de dentro, pero, según parece, Jorge (Fernández Díaz) no se lleva nada bien ni con el director de la Policía (Ignacio Cosidó) ni con el de la Guardia Civil (Arsenio Fernández de Mesa)”. A ambos, según aseguran en el PP, “se los impuso Rajoy”.

En medios policiales se insiste, igualmente, en criticar la labor de coordinación en la cúpula del Ministerio, y aseguran que “las mismas razones para cesar a Ulloa las hay para destituir a Cosidó”. Lo cierto es que Fernández Díaz se ha blindado con un político de su entera y total confianza, a quien conoció cuando era vicepresidente del Congreso (Martínez es letrado de las Cortes) y a quien pese a su juventud e inexperiencia (tiene 37 años) le ha ascendido hasta el segundo escalón del Ministerio.

Con la de ayer son ya casi media docena las dimisiones que ha habido en las inmediaciones de la cúpula del Departamento. Pedro Agudo, jefe de Gabinete del director de la Policía, abandonó después de que se aireara que su mujer era socia de una academia en la que se formaban los aspirantes al Cuerpo; Concepción Figuerola, jefa de Gabinete del propio Ignacio Ulloa, también dejó su puesto en septiembre; el comisario general Rodríguez Ulla fue destituido por la investigación paralela al ático de Marbella que alquilaba el hoy presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. El último episodio que demuestra la descoordinación en la cúpula del Departamento de Fernández Díaz se produjo con el borrador de unos agentes de la UDEF sobre las cuentas de Mas y Pujol en el extranjero, que el responsable de la Unidad aseguró desconocer y que el Ministerio asegura que no ha tenido nada que ver en la dimisión de ayer.

Fernández Diaz, el ministro que en teoría debería gestionar un hecho histórico como el fin de ETA, ha acabado enfrentado con muchas de las víctimas a cuenta de la libertad del etarra Bolinaga. Llegó a decir que si no dejaba libre al secuestrador de Ortega Lara y asesino de tres guardias civiles, “estaría prevaricando”, lo que provocó un enorme malestar en la AVT tras conocerse los informes de la forense en contra de que el preso estuviera terminal. Bolinaga lleva ya 122 días en libertad.

La dimisión de Ulloa, la falta de sintonía con el director de la Policía, Ignacio Cosidó, sus tensiones con las víctimas del terrorismo, la mala valoración en el CIS cuando el titular de Interior siempre ha sido de los mejor tratados… Jorge Fernández Díaz vuelve a estar en el punto de mira político por su manera de gestionar un ministerio en cuya sede corretea su perrita Lola, una de las pocas alegrías que le quedan estos días al político catalán.

Jorge Fernández Díaz