HACIENDA QUERÍA SU RELEVO

Soria intercede ante Rajoy para salvar al presidente 'socialista' de Enagás

Antonio LLardén ha conseguido terminar el año como presidente de Enagás. Sólo la intercesión del ministro de Industria, el canario José Manuel Soria, ante el presidente del Gobierno y la

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Soria intercede ante Rajoy para salvar al presidente 'socialista' de Enagás
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    Antonio LLardén ha conseguido terminar el año como presidente de Enagás. Sólo la intercesión del ministro de Industria, el canario José Manuel Soria, ante el presidente del Gobierno y la buena opinión profesional existente sobre el ejecutivo catalán han evitado que Mariano Rajoy cediera a las sugerencias de otra parte de su equipo, que desde el Ministerio de Hacienda había encomendado a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) la búsqueda de un sustituto en los tiempos y plazos deseados por algunos destacados populares.

    En este sentido, la continuidad de Llardén es una excepción respecto a la paulatina purga de altos cargos en empresas públicas o con participación estatal puesta en marcha tras la llegada del Partido Popular al poder. En el caso del presidente del operador de la red gasista, que accedió al cargo en 2007 con el PSOE, con el también catalán José Montilla como ministro de Industria, su pasado en la industria energética (Sedigas, Gas Natural, Caixa Catalunya, Universidad de Barcelona…) podía avalar su solvencia para continuar al frente de la compañía.

    Sin embargo, el pasado de Llardén con la Administración del PSOE -fue subsecretario de Obras Públicas con el ministro socialista catalán Josep Borrel- y con la órbita de poder del socialismo catalán son motivos suficientes para que una parte del Ejecutivo considere oportuno destituirlo de un cargo muy bien retribuido, ya que en 2011 se embolsó 1,7 millones de euros, aunque su mando no expira hasta 2014. Hacienda era partidaria de repetir el patrón seguido con REE, empresa semipública en la que recaló como presidente José Folgado, exsecretario de Estado de Energía con el PP.

    La presión del equipo de Montoro por mediar en la sucesión al frente de Enagás produjo a la vuelta del verano una alianza contra natura. El interés del ministro Soria por evitar una nueva injerencia de su homólogo de Hacienda, que ya torpedeó su propuesta de reforma del sistema energético, se sumó al interés de Llardén por continuar como presidente hasta concluir su mandato al considerar que cuenta con el apoyo del resto de accionistas (BBK, Liberbank, Oman Oil…). Al final, como en otros asuntos, la pelota estaba en el tejado del Palacio de la Moncloa. 

    Para allanar el camino en favor de sus tesis, el pasado mes de septiembre Enagás anunció la incorporación de Marcelino Oreja Arburua como nuevo consejero delegado, un puesto de nueva creación que nadie esperaba, ni los accionistas privados ni la SEPI como socio de referencia. De hecho, el Consejo de Administración que aprobó el nombramiento no estaba informado del plan, ni siquiera tampoco formaba parte del orden del día previsto, lo que no impidió que saliera adelante la propuesta abanderada por el presidente de la compañía.

    La llegada de a la cúpula de Enagás de Oreja Arburua, hijo del exministro de UCD y exeuroparlamentario popular Marcelino Orejaque había sido nombrado por el Gobierno del PP como presidente de FEVE, se había resuelto entre el propio Antonio Llardén y José Manuel Soria, de cuya cartera depende regulatoriamente el gestor de la red gasista. Nadie más estuvo al corriente. Solo Mariano Rajoy, que por una vez se pronunció de manera clara en favor de la tesis de su ministro de Industria. Una derrota que ha dejado con mal sabor de boca a los fieles de Montoro.

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