CASO BANKIA: LAZARD NO LOGRÓ CONVENCERLES

Rato forzó la salida a Bolsa pese al rechazo de 1.700 inversores internacionales

El Consejo de Administración de Bankia acordó su salida a Bolsa el 28 de junio de 2011. Ese día, cuatro ejecutivos de Lazard, el banco de

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Rato forzó la salida a Bolsa pese al rechazo de 1.700 inversores internacionales

El Consejo de Administración de Bankia acordó su salida a Bolsa el 28 de junio de 2011. Ese día, cuatro ejecutivos de Lazard, el banco de inversión contratado para la oferta de acciones, comparecieron ante el Consejo para trasladarles el “tanteo” que habían realizado en busca de inversores. Este se concretaba en la visita a 1.700 inversores, de los que un 71% eran europeos y un 23% norteamericanos. El 73% eran inversores a largo plazo (long only), y el resto, a corto (hedge funds), según consta en el acta del Consejo remitida al magistrado Fernando Andreu, instructor del “caso Bankia”. Finalmente, ninguno de ellos compró acciones nuevas.

Rodrigo Rato, presidente de Bankia, trabajó para Lazard entre diciembre de 2007 y enero de 2010, cuando fue nombrado presidente de Caja Madrid, y posteriormente de Bankia tras la fusión de siete cajas. Antonio Zafra, representante legal de Bankia y del Banco Financiero y de Ahorro (BFA), declaró el pasado 25 de julio ante el juez Fernando Andreu que desconocía si fue Rato quien decidió la contratación de Lazard. Zafra dijo que esas decisiones las toma el Comité de Medios y Compras del Consejo, pero señaló que no recordaba si Rato se había abstenido.

Los representantes de Lazard eran cuatro ejecutivos muy conocidos en el mundo financiero. El primero, Jaime Castellanos, expresidente de Recoletos, que en su día dio uno de los mayores pelotazos con la venta del grupo de medios de comunicación (Expansión, Marca, etc…) a Unidad Editorial. El segundo, Pedro Pasquín, un banquero que se hizo de oro asesorando a constructores como Florentino Pérez. El tercero, Joaquín Güell, ex director financiero de Recoletos y hombre de confianza de Castellanos; y el último, José Hermida

Los cuatro informaron al Consejo de que ocho inversores de primer nivel les habían trasladado su preocupación por la relación BFA/Bankia y la exposición al sector inmobiliario. Cifraron en 4.000 millones las necesidades mínimas de capital (finalmente se suscribieron acciones por sólo 3.000 millones) y, por último, afirmaron que la valoración que hacían los inversores de la entidad era menos de la mitad de lo que la entidad decía valer.

“Considerando las condiciones actuales del mercado y los inputs recibidos de los contactos con inversores”, recoge el acta del consejo, Lazard presentó una propuesta consistente en un aumento del capital social en 1.649 millones de euros mediante la emisión y puesta en circulación de 824 millones de nuevas acciones ordinarias de dos euros de valor nominal cada una. No se concretó en el acto la prima de emisión, aspecto básico para conocer el precio final de las acciones que pagarían los inversores.

En segundo lugar, un aumento del capital social de 164 millones de euros mediante la emisión de 82 millones de acciones ordinarias nominativas de dos euros de valor nominal cada una. O lo que es lo mismo, lo que se conoce como green shoe u opción de compra para ampliar la oferta pública de suscripción (OPS) en caso de éxito durante  los 30 días posteriores al debut en Bolsa. Evidentemente, debido a la caída posterior de la cotización, esa opción no se ejerció.

El banco de inversión aconsejó que el precio de la acción en su salida a Bolsa debía estar en una horquilla entre 4,41 y 5,05 euros, pero el nulo interés de los inversores a los que había contactado provocó que finalmente se rebajase hasta los a 3,75 euros por título. Los representantes de Lazard pusieron especial énfasis en “iniciar cuanto antes la colocación con el objeto de tener un refuerzo de capitalización por importe de 4.000 millones de euros”, recoge el acta del Consejo.

Antes de la exposición de Lazard, Rato trasladó al Consejo que había tres estrategias posibles: la citada salida a Bolsa, una colocación privada del 20% del capital entre inversores, o la entrada del FROB. En definitiva, la nacionalización. “Considero que, de no acometerse la salida a Bolsa, debería utilizarse alguna de las restantes alternativas”, dijo el presidente, aunque ninguna de ellas le convencía porque podría afectar a la gobernanza de la entidad.

Para evitar perder la mayoría del capital, se puso como condición que la OPS no podía significar en ningún caso que la participación del Banco Financiero de Ahorros en Bankia fuese inferior al 50%. La propuesta de Lazard garantizaba que sería del 50,03%, en función de la valoración ficticia que esta institución había hecho para la tranquilidad de Rato.

A continuación, el Consejo aprobó por unanimidad la propuesta de OPS y la solicitud de admisión a negociación de Bankia en las bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia, de triste recuerdo para los 300.000 pequeños inversores ‘pillados’ en la operación.

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