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El silencio y los fajos de billetes siguen reinando en el 'Chinatown' de Cobo Calleja
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"SÓLO UNA DE CADA 10 TIENDAS NOS DA FACTURA"

El silencio y los fajos de billetes siguen reinando en el 'Chinatown' de Cobo Calleja

Las estanterías están intactas. Siguen repletas de bolsos, collares, bisutería, mochilas y electrónica. Todo made in China y a precio de ganga. Solo al pisar el

Foto: El silencio y los fajos de billetes siguen reinando en el 'Chinatown' de Cobo Calleja
El silencio y los fajos de billetes siguen reinando en el 'Chinatown' de Cobo Calleja

Las estanterías están intactas. Siguen repletas de bolsos, collares, bisutería, mochilas y electrónica. Todo made in China y a precio de ganga. Solo al pisar el epicentro del tsunami que 24 horas antes sacudió la 'zona cero' de la Operación Emperador, en el polígono madrileño Cobo Calleja, uno se da cuenta de la magnitud de la operación policial donde ya se han detenido a 88 personas acusadas de montar una de las mayores redes de evasión de capital.

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16.000 metros cuadrados de naves y tiendas conforman el polígono conocido como el mayor bazar chino de Europa. Los únicos restos que quedan del levantamiento policial que se efectuó en la zona es un cristal de la tienda David Jones hecho añicos, diez naves precintadas y un puñado de trabajadores de la empresa ITC deambulando sin rumbo fijo por los alrededores del Gold City SL, el primer local abierto por la Policía. Lujosos BMW pilotados por jóvenes asiáticos que controlan quién visita la zona se cruzan con los camiones y comerciantes que no cesaban de llegar durante toda la tarde en la otra parte del polígono, el de las tiendas que (todavía) están excluidas de la Operación Emperador. 

Los compradores que ayer visitaban la zona, tranquilos a la par que impresionados, son los únicos que cuentan lo poco que saben. Ninguno ha visto nunca a Gao Ping, el ‘cerebro’ de la trama arrestado ayer por la Policía y dueño de la mayoría de los 377 almacenes que forman el Chinatown madrileño en Fuenlabrada. La trabajadora de un bar cercano, la que ha puesto cientos de cafés a muchos de los que hoy están arrestados, asegura que nunca vio nada extraño, aunque tampoco se asombra. “Los chinos siempre han sido muy reservados, muy celosos de su negocio, de su casa. He visto jugar a muchos en las máquinas tragaperras y cambiar y gastarse en un rato fardos de billetes gordos que guardaban en el bolsillo de su pantalón”.

En Cobo Calleja, el polígono que nació y tomó nombre de la familia del ex hombre fuerte de Gallardón, Manolo Cobo, no se suele emitir facturas por ninguna compra. Una nota simple sirve como justificante para que algún comerciante, todos al por mayor, reclame algún producto defectuoso en el polígono de Fuenlabrada donde se ha centrado la Operación Emperador contra el blanqueo de capitales y fraude fiscal. Un matrimonio de Ibiza llegó ayer al mayor bazar chino de Europa con su coche. “Para entrar y para salir de la Península nos chequean las compras. Por eso necesitamos facturar todo lo que compramos, y apenas podemos comprar en una de cada diez tiendas de este polígono”, aseguran a El Confidencial. Aún así, les compensa viajar hasta el Suroeste de Madrid. “Aquí obtenemos los mejores precios, con mucha diferencia”.   

En Cobo Calleja prácticamente todas las compras se ejecutan sin IVA. Una mayoría aplastante de los comerciantes cobran única y exclusivamente “con dinero en metálico”, según narran a este diario varios compradores ambulantes que frecuentan el mercado que abastece a los 16.000 bazares que operan en España. Si el titular de la compra no dispone de cash a la hora de pagar, tiene a mano tres cajeros automáticos: Banco Popular, La Caixa e IberCaja. Un vendedor ambulante extremeño viaja con su esposa hasta el polígono madrileño una vez a la semana desde que el ministro José Blanco lo inauguró en 2011. “Yo siempre pago con el dinero físico. No pido facturas ni las quiero”, relata, mientras abandona precipitadamente el lugar para evitar enseñar el resguardo de sus compras.

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Aparente tranquilidad entre los trabajadores chinos

La tranquilidad que los trabajadores chinos intentan transmitir a los curiosos que se acercan hasta allí es apariencia. Pura apariencia. Solo hablan entre ellos, muy alto y muy rápido, en un dialecto indescifrable para cualquier español. Es como si se contasen lo que cada uno sabe de esta mafia que sacaba cada mes de España entre cuatro y cinco millones de euros en metálico.  

Si se les pregunta sobre el caso, únicamente sonríen y esquivan a la prensa con una única frase: “Sí trabajar aquí, no hablar español”, mientras el teléfono móvil les sirve para escapar de las preguntas incómodas sobre sus ‘jefes’ arrestados ayer, a la misma hora, en ese mismo sitio. Desde el inicio de la operación, ya se practicaron 108 registros, 357 embargos, se han incautado 200 vehículos, armas, joyas y obras de arte. Pero habrá más. A primera hora de la tarde de ayer, un grupo reducido de policías entraban y salían de la Asociación de Bazares Chinos en España, con la vista puesta en los curiosos que querían saber si ése sería la siguiente nave incautada en Cobo Calleja: no hubo respuesta. El silencio reina en el 'Chinatown' madrileño.