EL DIPUTADO SOCIALISTA EMPRENDE VUELO EN SOLITARIO

Pasqual Maragall ‘cede’ a su hermano su nuevo partido para vengarse del PSC

La venganza se consuma. Los hermanos Maragall han roto amarras definitivamente con el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) para impulsar su nueva formación. Ernest Maragall,

Foto: Pasqual Maragall ‘cede’ a su hermano su nuevo partido para vengarse del PSC
Pasqual Maragall ‘cede’ a su hermano su nuevo partido para vengarse del PSC

La venganza se consuma. Los hermanos Maragall han roto amarras definitivamente con el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) para impulsar su nueva formación. Ernest Maragall, el diputado más díscolo que los socialistas han tenido en Cataluña, dio ayer el primer paso para formalizar lo que se puede considerar la primera escisión seria en el PSC en décadas. Y para ello ha contado con el apoyo de su hermano, Pasqual Maragall, expresidente de la Generalitat de Cataluña.

En las últimas semanas, Ernest había hecho públicas sus discrepancias con la línea oficialista del partido y había roto la disciplina de voto votando a favor de la declaración soberanista del Parlamento catalán aprobada a finales de septiembre, del pacto fiscal de Artur Mas y en contra del establecimiento de Eurovegas en esta comunidad. Más tarde, radicalizó sus posiciones y llegó a insinuar la creación de un nuevo partido catalanista y de izquierdas para hacer frente al catalanismo de derechas que representa Convergència i Unió (CiU). El momento ha llegado.

Sin embargo, no le ha hecho falta crear nada: su hermano Pasqual le puso la escisión en bandeja al ofrecerle el Partit Català d’Europa, la formación que él había registrado en 1998, tras dejar la alcaldía de Barcelona. Con posterioridad, barajó su activación tras ser tras ser descabalgado de las listas electorales en las elecciones autonómicas de 2006 y abandonar sus responsabilidades en la dirección del PSC. En manos de Ernest está ahora el continuar con estas siglas o cambiarlas para escenificar una ruptura con el pasado. Pero sí cuenta con la plataforma cívica Ciutadans pel Canvi (CpC) que en las últimas dos décadas apoyó a Pasqual Maragall, y que había concurrido tradicionalmente a las elecciones en coalición con el PSC.

Ernest, según ha podido conocer El Confidencial, se vio con Pasqual Maragall a primera hora del pasado martes. Le visitó en su despacho y hablaron del asunto, atando los últimos flecos de la operación. Y quedaron en que Ernest podía utilizar, para el nuevo proyecto político, la organización que Pasqual había pergeñado.

El ideario de la nueva formación es el mismo que el de la plataforma Plaça 21, que Ernest Maragall había creado antes de verano, cuando todavía era un activo diputado del PSC. En él se reclama el derecho de Cataluña a tener un Estado propio pero desde la óptica que el movimiento le sitúa “con toda claridad en el espacio de la izquierda nacional, desde la convicción que, hoy, nuestro país, tiene un déficit bastante evidente de oferta política en este sentido”. Los ejes básicos de su estrategia reconocen que hay una mayoría social amplia que apuesta por el “derecho a decidir” y reclaman un pacto bilateral con España, la celebración de un referéndum independentista, la presencia de Cataluña en las instancias oficiales europeas y la creación de una Hacienda propia para Cataluña.

La Nueva Izquierda

El manifiesto que da inicio a la aventura de los Maragall fue presentado ayer bajo el lema Nova Esquerra Catalana (Nueva Izquierda Catalana), que más adelante podría ser el nombre definitivo del nuevo partido. El propio Ernest Maragall reconoció que su única salida es el abandono de la militancia del PSC porque lo contrario sería “mantener una ficción”. Lo que pretende es, en definitiva, formalizar “una alternativa progresista capaz de competir por el apoyo de la mayoría social de los ciudadanos de Cataluña, una gran fuerza de izquierdas genuinamente catalana”.

Además, aún antes de dejar la militancia en la formación de los socialistas, ha adelantado que seguramente coincidirá en el futuro con el PSC, con el que espera compartir tramos del camino que le queda por recorrer.

En un reflexivo artículo de finales de julio, que recoge en su blog el 5 de agosto pasado, Ernest Maragall repasa la historia de Cataluña y España en las últimas décadas. Habla del Estatuto y dice que España “no lo acepta ni se deja convencer. Rebaja, reduce, humilla la propuesta catalana; pasa el cepillo en el Congreso de los Diputados, según Guerra, y deja la última parte de la tarea en manos de un Tribunal Constitucional amortizado y desautorizado, pero aún capaz de identificar, delimitar y desarmar todos los riesgos de interpretación federalizante que pudiesen quedar en el Estatuto”.

A partir de ahí, concluye, el federalismo murió (“o nos lo han suicidado”) y “el discurso por la independencia cobra sentido y deja de ser radical, en un escenario de soberanías compartidas y de integración en la soñada Europa federal (ésta sí) que aparece, indefectiblemente, al final del túnel de la crisis más grave desde la II Guerra Mundial”. Por tanto, a Cataluña le queda una salida: “La opción de la independencia con asilo político en Europa tiene un camino por delante mucho más largo y lleno de obstáculos y posibles frustraciones. No podemos descartarlo a priori. Pero nos hemos de cargar de razón. Y hemos de constatar que la apuesta de un mayor riesgo sea también la que cuenta con el mayor apoyo ciudadano con la fuerza imparable de un país unido y articulado, sociedad y representación democrática trabajando en alianza profunda”.

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