REPORTAJE 20N: LOS VECINOS APLAUDEN EL CAMBIO DE COLOR POLÍTICO EN LA LOCALIDAD

Seseña, el emblema de la burbuja inmobiliaria, confía en que el PP dé vida a la ciudad fantasma

Se querían levantar 13.508 viviendas en un secarral y multiplicar por seis la población de Seseña. Pero el empresario Francisco Hernando no contó conque la burbuja

Se querían levantar 13.508 viviendas en un secarral y multiplicar por seis la población de Seseña. Pero el empresario Francisco Hernando no contó conque la burbuja inmobiliaria le estallaría en las manos en 2007, cuando apenas había edificado 5.096 viviendas. Cuatro años después, Pocerolandia sigue siendo una ciudad donde la mayoría de los edificios luce las persianas bajadas y se computan ocho bares, cuatro tiendas de ultramarinos y un colegio de primaria. Ni rastro del centro comercial, hospitales y más escuelas que prometió su constructor. Sus vecinos aplauden que el PP arrebatase a IU el Gobierno local el 22 –M y cuatro de cada cinco inquilinos de la macrourbanización preguntados por El Confidencial tiene decidido su voto: “Para Mariano Rajoy, por supuesto”.

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Calles desiertas en Seseña. (Foto: Enrique Villarino)
Calles desiertas en Seseña. (Foto: Enrique Villarino)

La Urbanización que Francisco Hernando bautizó con su nombre no es cualquier sitio. Es el emblema, para lo bueno y para lo malo, de lo que supuso en España la locura por el ladrillo. Los vecinos que habitan la miniciudad se muestran encantados con la decisión que tomaron de irse a vivir allí, aunque la zona siga desierta. “Vivimos como reyes. Todavía no hay mucha vida, pero se respira tranquilidad y hay mucho espacio y zonas verdes para los niños y ancianos”, cuenta un vecino. Bastan unos minutos en el terreno para que uno se dé cuenta de que se edificó dando por hecho de que los ciudadanos le quitarían al constructor los pisos de las manos y sucedió todo lo contrario: se levantó una ciudad antes de contar con sus vecinos.

Francisco Hernando tampoco creía firme la oposición de Manuel Fuentes, ya ex alcalde de Seseña, que no consintió aprobar a El Pocero nuevas licencias de obra porque faltaba infraestructura y agua en la zona, además de haber una línea de alta tensión que pasa por la zona que habría que desplazar. Fuentes aseguraba que ningún municipio puede asumir un aumento poblacional tan grande en un plazo tan corto.

Desde el 22-M, la ciudad fantasma respira más tranquila. Achacan al anterior edil que su barrio no haya tomado la forma que se esperaba, y confían en que con el PP las cosas marchen mejor, tanto en el terreno local como en el nacional. “Dirán lo que quieran de Paco, pero es un hombre bueno, humilde, que dio de comer a muchas familias y ofreció trabajo a muchísima gente, cosa que no ha hecho el PSOE”, defiende un vecino en uno de los escasos bares de la zona, que se agolpan todos en hilera en los bajos de un mismo edificio. 

Carlos Velásquez, el nuevo alcalde, ha llegado a un acuerdo con el empresario para que el Consistorio reciba las obras de 5.000 viviendas de la urbanización de las 2.320 que aún no tenían licencia de primera ocupación, y se ocupará de los servicios de mantenimiento de El Quiñón, una de las zonas. También se ha comprometido a acometer tres proyectos incluidos en el Plan de Actuación Urbanística.

Parques enormes para una ciudad sin vecinos

Los habitantes de la miniciudad de Paco El Pocero son casi todos jóvenes. Matrimonios que no superan la cuarentena y que tienen, de media, uno o dos hijos. La ciudad fantasma está decorada con centenares de bancos inhóspitos y la rodean muchos jardines, incluso un parque al estilo de El Retiro dedicado a la madre del constructor, doña María Adueña, que a la una del mediodía de un miércoles cualquiera sirve para el desahogo de alguna que otra mascota.

Muchos de los 3.000 pisos que El Pocero consiguió vender a particulares cuelgan el cartel de “se vende”. Otros han conseguido alquilar. Los bancos tienen otros 2.000 pisos acabados que los venden a precio de tasación, sin descuentos. Pero ninguna de las dos únicas trabajadoras que mantienen abiertas las inmobiliarias localizadas en la zona, Orión y Tamcasa, comentan la situación actual de compra-venta de la macrourbanización. Las dos responden la misma teoría: “Nos tienen prohibido comentar cualquier asunto relacionado con la zona”. Ni siquiera responden a cuánto está el precio de los pisos, aunque los vecinos lo sitúan en 100.000 euros. El Grupo Hernando posee cientos de miles de metros más para edificar en Seseña y hacer polígonos industriales. Pero sigue sin ser el momento.

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