HA NACIDO UNA ESTRELLA

Helena Rakosnik, la ‘Michelle Obama’ catalana

Ha nacido una estrella. Helena Rakosnik había tenido, hasta ahora, una discreta proyección pública, siempre al lado de su marido Artur Mas, presidente de la Generalitat

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    Ha nacido una estrella. Helena Rakosnik había tenido, hasta ahora, una discreta proyección pública, siempre al lado de su marido Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña. Pero su nombramiento como presidenta del Festival de la Infancia en sustitución de la modelo Judith Mascó supone el inicio de una nueva etapa en su vida y uuna ruptura de los moldes que tradicionalmente acompañaron a las mujeres de presidentes, excepción hecha de Marta Ferrusola, la activa esposa de Jordi Pujol.

    Si a Artur Mas le han llamado, en alguna ocasión, el Kennedy catalán, Helena Rakosnik no dista mucho en su papel de Michelle Obama (la actual primera dama de Estados Unidos) a la catalana. La esposa del President, sin embargo, rehúye este término. “Primera dama suena anticuado”, dijo en una entrevista emitida por TV3, la televisión autonómica catalana. Pero ahí está ejerciendo un papel semipúblico, acudiendo a desfiles de moda, a inauguraciones o a simples visitas protocolarias, a veces en compañía de su marido y a veces sola.

    Porque Helena Rakosnik no quiere ser la señora de Mas. Ha sostenido siempre que su apellido es Rakosnik y que así quiere seguir siendo, aunque no le duelan prendas para insistir siempre en que se siente muy a gusto junto a Artur Mas. Además, siempre que puede introduce en la conversación el segundo apellido, Tomé. Cuenta Montserrat Novell en su libro Artur Mas, biografía de un delfín, que para acentuar que no era extranjera, escribía su nombre sin la hache inicial, mientras que sus compañeras de colegio la conocían como Marilén, contracción de María Elena.

    Pero quiere volar en solitario. Es, por ejemplo, vicepresidenta de la Fundación Rosa Oriol, que preside la empresaria Rosa Tous y donde comparte patronato con Vicenç Mauri (nombrado el pasado 8 de junio asesor de Artur Mas en materia empresarial) o Pilar Rahola. Y también está en el patronato de la Orquestra Simfònica del Vallès, junto a músicos como Josep Carreras, Antoni Ros Marbà y Lluís Claret, el consejero Ferran Mascarell o el empresario farmacéutico Joan Uriach. En el patronato de la Fundación Instituto de Trastornos Alimentarios, en cambio, comparte patronato con una socialista: la orfebre Pilar Garrigosa, cuñada del ex presidente Pasqual Maragall. Y en el Banco de Alimentos de Manresa, donde es vicepresidenta, coincide con la monja sor Lucia Caram, que también es una de las impulsoras de la Rosa Oriol.

    Ello no quita para que Artur y Helena formen una pareja normal y muy compenetrada, más cerca del american way of life que del soso estilo de los políticos españoles. Aún así, la Michelle Obama catalana no quiere ni por asomo dedicarse a la política. “No sirvo para la política”, ha repetido en más de una ocasión. En una entrevista concedida en abril de este año, reconocía que “siempre he estado al lado de Artur y sólo pretendo seguir estando a su lado, dando apoyo al proyecto de país que preside pero manteniendo mi propia vida privada”. Y en esa misma entrevista comentaba qué le parecía la primera dama norteamericana: “Es una mujer que siempre está al lado de su esposo y de su familia”, decía. Y admiraba de ella “su apoyo incondicional al presidente, tanto en los asuntos institucionales como a la hora de acercarse a los ciudadanos. Se nota que cree en el proyecto de país que propone Obama”.

    Porque ambos, Artur y Helena, se complementan a la perfección. Ella se define más impetuosa que su marido, quien asume el papel reflexivo e introvertido. Ambos confiesan ser creyentes y que, si pueden, son de misa dominical. El presidente catalán también acude, siempre que las circunstancias se lo permitan, a actos en su compañía y mantiene con ella una confianza total. Helena fue una de las pocas personas, por ejemplo, que le acompañó a la visita secreta que Artur Mas mantuvo en la Moncloa con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en enero del 2006 para pactar el Estatuto de Cataluña. Y en más de una ocasión, reconoció: “Doy mi opinión sobre temas a Artur, incluso sin que me lo pida... ¡y a veces me hace caso!”.

    Tres lugares de vacaciones

    Los Mas Rakosnik son un matrimonio de costumbres sencillas, con tres hijos (Patrícia, Albert y Artur) y casa de verano en Vilassar de Mar. La de invierno está en Llívia, un enclave catalán adentrado en Francia. Pero cada verano escapan, al menos una semana, a Fornells (Menorca), al Hostal S’Algaret, donde coinciden con otros notables convergentes con quienes se relacionan estrechamente y con quienes navegan, una de sus pasiones: el ex consejero y ex diputado Jordi Vilajoana, el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, el ex senador Sixte Cambra o el actual vicepresidente del Barça Carles Vilarrubí. Pero también con empresarios como Felip Massot... o con el más peligroso Fèlix Millet, ahora retirado de la circulación a causa del escándalo del Palau de la Música.

    Helena proviene de una familia checa. Su tatarabuelo emigró a España para estudiar los palmerales de Elche. De allí, la prolífica familia se extendió por Alicante, Valencia y, luego, Cataluña. La abuela materna era de Valls (Tarragona) y el abuelo, de Segovia, aunque se crió en Soria, donde la familia tiene todavía casa. Más tarde, emigró a Cataluña, se aposentó en Mataró y marchó a Francia, donde conoció a la que luego sería su esposa. Proviene, pues, de una familia diversificada que llegó a amasar un pequeño grupo empresarial del sector del cartón, que todavía conserva.

    El 13 de noviembre de 1979, Helena conoció a un joven Artur Mas en la boda de un amigo, en el hotel Santa Marta de Lloret de Mar. Él la sedujo hablando del mar y de pesca. Y la pescó. Se casaron en 1982, en la ermita románica de Llerona (Barcelona), y, en un coche prestado, se fueron ocho días de viaje de novios pasando por la Costa Azul y la Costa de Liguria hasta Venecia. Hacía dos meses que Artur había entrado, como colaborador técnico, en la Generalitat. Y ella era maestra en las Escoles Comercials de Montserrat, un colegio a donde iban los hijos de los empleados del Metro.

    En 1985, al cerrar la escuela, le ofrecieron quedarse en la compañía y así abandonó el ejercicio del magisterio y se integró en las oficinas, donde desempeñó tareas de marketing y comunicación. En estos 26 años, ha acumulado experiencias y ahora depende del gabinete de Presidencia de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), donde se ocupa de la organización de viajes: los del bus turístico o los del teleférico de Montjuïc, por ejemplo.

    Dicen los que la han tratado que es una mujer con empuje, afable y extrovertida, muy firme en sus ideas y que sabe estar. Evidentemente, se define nacionalista y tiene carnet de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) desde noviembre del 2006. En la última campaña electoral de las autonómicas, adquirió un cierto protagonismo, especialmente en el mitin final, en el que, al ser aludida por su marido en pleno discurso, subió al estrado para darle un beso. Fue un momento especialmente emotivo y totalmente espontáneo, que reflejaba con exactitud la unión de la pareja.

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