RAFAEL GÓMEZ ‘SANDOKÁN’, EN LA GERENCIA DE URBANISMO DE CÓRDOBA

El día en que la zorra volvió al gallinero

Fue una noche de febrero de 2006. El pueblo de Castillar de la Frontera, en la provincia de Cádiz, había organizado una cena homenaje a Felipe

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El día en que la zorra volvió al gallinero
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    Fue una noche de febrero de 2006. El pueblo de Castillar de la Frontera, en la provincia de Cádiz, había organizado una cena homenaje a Felipe González, con el alcalde socialista Francisco Vaca de maestro de ceremonias. A los postres, desde una mesa de la sala, se pudo observar cómo al ex presidente del Gobierno se le acercaba un hombre de melena blanca, piel morena y un evidente desparpajo en la mirada. Seguido de un séquito de dos personas, aquel extraño llegó al ex presidente, le estrechó la mano ante la mirada de los asistentes y le susurró: “Sosio…” Felipe miró al alcalde y levantó las cejas esperando que le dijera de quién se trataba.

    Rafael Gómez, alias Sandokán, había firmado seis meses antes un convenio con el Ayuntamiento de Castellar por el cual conseguía la recalificación de 896 hectáreas de terreno no urbanizable por el módico precio de 1,8 millones, y cuyo planeamiento haría la empresa del propio promotor. Hoy hay quien se sigue preguntando quién pagó aquella cena que sirvió para que Felipe González se sorprendiera ante la personalidad de aquel hombre con cara de pirata que le llamaba “sosio”.

    Sandokán es un producto del suburbio convertido en el máximo exponente del populismo. El barrio Cañero, en Córdoba, es una secuela del desarrollismo urbano donde la mayoría de las casas cuentan con taller de joyería. Durante generaciones, jóvenes de cualquier edad han oficiado de artesanos manipulando productos a veces poco controlados que se vertían nadie sabe dónde, mientras otros aprovechaban el valor de la ganga. Rafael Gómez, conocido entonces como “el Tapaeras”, partió de ahí, fue emigrante y volvió para recorrer un camino que le llevó a la cumbre del oro transformado en joya.

    Las visitas del padrino

    La relación de Cañero con Rafael Gómez es similar a la que se tiene con un padrino, en la acepción familiar de la palabra. Sandokán visitaba su barrio de origen con frecuencia saludando a sus antiguos amigos, mandaba regalos en Navidad y estaba al día de los problemas de los vecinos, que en algunos casos recurrían a él escalando hasta la zona de Calasancio, donde la mansión de Rafael los recibe con una arquitectura neoclásico-hortera, con grandes columnas de mármol y leones rampantes. Ahí, en esos jardines que rodean la finca, se celebraron bodas de hijos del joyero y promotor con la mejor estética nuevorricachona oficiadas por don Miguel Castillejo cuando era presidente de Cajasur.

    Cuando este sector se planteó la construcción de un Parque Joyero, uno de los principales exponentes del ramo en España, el poder político se congratuló pensando que de esa forma afloraría la producción y Hacienda conseguiría ajustar sus ingresos.

    Sin embargo, Sandokán, principal artífice del proyecto industrial de joyeros y plateros, ya llevaba tiempo cabalgando sobre la economía del ladrillo, cruzando el mapa andaluz sobre todo por la Costa del Sol, donde se le erigió incluso un busto que para sí quisiera el arcángel San Rafael. Sandokán buscaba terrenos susceptibles de ser recalificados ajustando cuentas en su cabeza y barajando fajos de billetes, ¡¡¡Rrasshhshs!!! Rafael siempre fue mucho del sonido del fajo de billetes, con el que igual daba limosnas que pagaba a un taxista al que de paso invitaba a la boda de su hijo. “Allí te espero, ¿eh, sosio…?”

    Todos eran “sosios” de Rafael

    Todo el mundo era “sosio” para Rafael… O “sosia”. Entre las leyendas urbanas que adornan la realidad cordobesa está la relación de Sandokán con Rosa Aguilar cuando ésta era alcaldesa. El hecho de que Aguilar fuese poco expeditiva con una de las principales piedras del escándalo del promotor, las naves de Colecor, donde construyó sin licencia tres grandes almacenes para productos chinos importados al por mayor, y más tarde guardaría parte de la pinacoteca de Roca, el cerebro del caso Malaya, alentó todo tipo de hipótesis que se agravaron cuando la alcaldesa llegó a la Consejería de Obras Públicas de la Junta y se vio envuelta en una terrible contradicción frente al promotor al que tenía que sancionar.

    Sin embargo, y al margen del brillo de la joyería quevestía’ a la hoy ministra en los actos oficiales, Aguilar supo como nadie proyectar sobre sí el populismo de Sandokán, de cara a un electorado que en gran parte tenía el perfil del barrio Cañero. La base social de Sandokán era la misma que sustentaba a IU, como la realidad ha venido a demostrar en las pasadas elecciones. El promotor y joyero, que aceptó la presidencia del Córdoba Club de Futbol como un trasunto de su amigo Gil y Gil encarna el mejor ejemplo de personaje que desde los arrabales del sistema se había encaramado en la cúpula del poder social, y contaba con el apoyo sentimental de decenas de miles de desheredados, es decir, los tres mil trabajadores directos de sus empresas, más decenas de miles indirectos y sus respectivas familias… Todos los que salieron por las calles de Córdoba en su defensa después de ver a Sandokán camino del juzgado acusado de cohecho en el caso Malaya diciendo: “Estoy bien, tranquilos, no pasa nada”.

    Conexiones financieras y asesores de relieve

    Quienes confunden a Rafael Gómez con un iluso que se desenvuelve con cierto desparpajo corren el riesgo de equivocarse. Sandokán consiguió establecer vínculos estrechos y muy rentables con el poder financiero, a través de empresas participadas con Cajasur; gozó de la confianza de reconocidos representantes de la izquierda, tanto en IU como en el PSOE; asesores tan significativos como el catedrático Javier Pérez Royo o Amparo Rubiales, y un elenco de profesionales de reconocido prestigio en el campo de la investigación o la medicina, como el cirujano cardiovascular Manuel Concha, una referencia en el mundo de los transplantes, y a quien se le encomendó inicialmente la dirección del centro hospitalario que Sandokán proyectó en la Costa del Sol.

    Por eso, cuando Sandokán se levantó un día diciendo que había tenido una “revelación” que le aconsejaba presentarse a las elecciones municipales el mundo entero que por Córdoba se desparrama desde el Brillante al Sector Sur cruzando el Guadalquivir por el Puente Romano, esbozó una sonrisa pícara. Los políticos, fueran del signo que fueran, evitaron cualquier choque con él: sabían que el electorado es transversal en un amplio espectro de la ciudad y desde la derecha a la izquierda había gente que dependía del promotor a la que no se le podía fustigar sin riesgo. Pero sobre todo, los políticos convencionales sabían que Sandokán había llamado “sosio” a mucha gente a lo largo de su triunfal carrera empresarial, desde los despachos oficiales a los círculos financieros… Y todos prefirieron dejar pasar esperando el fracaso del iluminado.

    La lista electoral de Sandokán no era cualquier cosa: en ella había desde catedráticos a arquitectos o abogados de prestigio. Nada convencional para un populista en el que muchos habían dibujado con tinta gruesa un perfil macarra. Y al abrir las urnas, el mundo entero se sorprendió al ver que 24.805 cordobeses le habían dado el voto al promotor joyero. Sandokán pasó por encima de IU con muchos votos de esta coalición, y dejó atrás al PSOE encaramándose en el Pleno como segunda fuerza municipal.

    Se hizo político cuando sus políticos le abandonaron

    Su programa se basó en el ladrillo: pisos de doce millones fáciles de pagar para todo el mundo y legalización de todas las viviendas irregulares –en Córdoba hay más de dos mil, sobre todo en la zona del aeropuerto-. Cualquiera podría haberlo considerado una locura, cualquiera que no sepa que el corazón a veces tiene razones que la razón desconoce.

    Sandokán se metió oficialmente en política cuando vio que los políticos en los que confiaba le habían abandonado tras estallar el caso Malaya, y todos los resortes se levantaban en su contra, incluidas las denuncias pendientes en la Gerencia de Urbanismo, donde hoy tiene multas por valor de 30 millones. Se vio abandonado y quiso manejar la política desde dentro confiando en ser la llave de un Ayuntamiento sin mayoría absoluta. Casi lo consigue. En cualquier caso, esta misma semana ha entrado por derecho propio y con el poder de los votos como la zorra en el gallinero de la Gerencia de Urbanismo para sentarse en el órgano que tiene competencias sobre disciplina urbanística y resolución de expedientes.

    Rafael ya conocía de sobra este departamento, gracias a su confianza con los concejales del ramo, alcaldes y alcaldesas. La diferencia hoy es que él mismo es quien puede votar sobre el ladrillo en vez de delegar en aquellos que le abandonaron.

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