El candidato socialista admite que la reforma exprés "no es garantía" contra un rescate
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RUBALCABA CARGA DURAMENTE CONTRA ZAPATERO ANTE LOS DIPUTADOS DEL PSOE

El candidato socialista admite que la reforma exprés "no es garantía" contra un rescate

José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado a Alfredo Pérez Rubalcaba a los pies de los caballos al impulsar una reforma de la Constitución que ni el

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El candidato socialista admite que la reforma exprés "no es garantía" contra un rescate

José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado a Alfredo Pérez Rubalcaba a los pies de los caballos al impulsar una reforma de la Constitución que ni el candidato a La Moncloa ni un amplio sector del partido comparten, y que acabará pasando factura en las urnas el próximo 20-N. Esa es, a grandes rasgos, la sombría conclusión que muchos diputados y senadores del PSOE sacaron ayer de la reunión convocada por el ex vicepresidente del Gobierno con el Grupo Parlamentario Socialista, que acabó bien entrada la madrugada, para tratar de contener el malestar contra el cambio constitucional pactado apresuradamente y sin debate interno con el PP.

Durante las casi cinco horas de reunión, celebrada a puerta cerrada en el Congreso, Rubalcaba se desmarcó repetidamente de una reforma constitucional cuya paternidad atribuyó en exclusiva a Zapatero, y dio a entender claramente -como ya hizo por la mañana ante la Ejecutiva del PSOE- que él no habría tocado la Carta Magna para limitar el déficit y contener la deuda pública.

"Esto es lo que ha querido el presidente del Gobierno. Yo no tenía legitimidad orgánica para decir qué había que hacer", confesó amargamente el candidato socialista, aludiendo así al hecho de que Zapatero todavía sigue siendo el secretario general del partido, según explicaron más tarde a El Confidencial varios de los asistentes al encuentro.

Rubalcaba llegó incluso a decir que la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución, que hoy inicia su tramitación contrarreloj en el Congreso, "no garantiza" que los ataques de los especuladores contra la deuda soberana española hayan cesado. Y admitió que la prima de riesgo puede volver a superar este otoño -como ya ocurrió a principios de agosto- los 400 puntos básicos, lo que abriría de nuevo la puerta al fantasma de un rescate financiero. "Nuestro país sigue teniendo una situación económica muy complicada por delante", reconoció ante sus compañeros de partido el ex número dos del Gobierno.

"La prisa obliga"

El candidato socialista también se sinceró cuando dijo que una reforma constitucional de tanto calado debería consultarse a los ciudadanos, pero añadió a continuación que "la prisa obliga", y que la convocatoria de un referéndum -que podría celebrarse el mismo 20-N, coincidiendo con las elecciones generales- podría distorsionar la campaña electoral.

Muchos de los diputados y senadores que pidieron la palabra tras la intervención inicial de Rubalcaba coincidieron con éste en reprochar a Zapatero que el anuncio de la reforma se haya hecho de forma "precipitada", sin consultarlo con el partido y excluyendo la posibilidad de una consulta popular, circunstancia que sólo se producirá -aunque parece altamente improbable- si un 10% de los miembros del Congreso o del Senado reclama un referéndum.

Pero, pese al clima de malestar generalizado, al final los intereses del partido y la disciplina interna parece que se impondrán a las convicciones personales. Porque sólo tres de los asistentes a la reunión celebrada anoche en el Congreso anunciaron que votarán en contra de la reforma: el diputado y ex secretario general de CCOO Antonio Gutiérrez y los senadores Imanol Zubero y Roberto Lerchundi. Gutiérrez ya había expresado la semana pasada su firme oposición a la modificación de la Constitución para limitar el déficit, una decisión que supondrá, dijo, "el suicidio político del PSOE".

En un artículo que hoy publica el diario El País, el ex presidente del Gobierno Felipe González también arremete contra las formas del cambio constitucional, aunque no tanto contra el fondo: "Es bueno que haya un acuerdo que obligue a todos sobre la estabilidad presupuestaria", sostiene González, "pero obligarnos a nosotros mismos con una reforma de la Carta Magna no deja de ser el reconocimiento de un cierto fracaso"